Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Escuelas violentas

El semanario Búsqueda publicó hace unos días un informe sobre padres que agreden a maestros en las escuelas públicas. Lamentablemente, se trata de un fenómeno real y cada vez más frecuente. Hasta hace unos años, esta clase de episodios pertenecían a la categoría de "eso no pasa en Uruguay".

Eran cosas que pasaban en otros países, y nos horrorizaban. Pero desde hace algún tiempo han pasado a formar parte de nuestro paisaje.

Detrás de un fenómeno semejante hay mucho dolor y mucha imperfección humana. No es un tema del que se pueda hablar con liviandad. Pero al mismo tiempo necesitamos explicaciones, porque solo si las tenemos podremos encontrar salidas a la situación.

Justamente buscando explicaciones, los periodistas de Búsqueda entrevistaron a la directora general de Primaria, Irupé Buzzetti. Y la interpretación que dio la jerarca fue muy curiosa. Según Buzzetti, las situaciones de violencia aparecieron porque cambiaron las familias. "Antes el maestro era un referente social, y el padre lo defendía porque sabía que la escuela era un factor fundamental para el desarrollo de sus hijos". En cambio, "hoy estos padres que andan a los golpes desconocen que la educación es un factor de movilidad social".

O sea: para la directora general de Primaria, la idea de que la escuela es un factor de movilidad social no es una afirmación empírica que deba ser verificada, sino un artículo de fe que debe ser aceptado dogmáticamente. Esa afirmación es verdadera en cualquier momento en que se diga, sin que sea necesario cotejarla con los hechos. Siendo así las cosas, si los padres cambiaron de opinión y ya no ven a la escuela como un factor de movili-dad social, la culpa es de los padres.

Hacer la lista de todo lo que anda mal en este razonamiento puede ser un poco largo. Para empezar, la idea de que la escuela es un factor de movilidad social no es un artículo de fe sino una afirmación empírica. Esa afirmación puede ser verdadera o falsa. O puede ser verdadera cuando se aplica a una época y falsa cuando se aplica a otra. Pensar que la escuela debería, como ideal, ser un factor de movilidad social no ayuda en nada a resolver la cuestión. La única manera de saber si la afirmación es verdadera o falsa es fijarse en los hechos.

Cuando nos tomamos el trabajo de hacer esta operación, descubrimos que la afirmación es falsa para el Uruguay de estos días. La escuela pública uruguaya fue un importantísimo factor de movilidad social durante mucho tiempo, pero lamentablemente ha dejado de serlo. En estos tristes tiempos, todo nuestro sistema educativo se ha convertido en un mecanismo amplificador de desigualdades.

De modo que, si muchos padres cambiaron de opinión, no es porque sean irracionales y no consigan ver lo obvio, sino precisamente porque perciben lo que es obvio. La que no llega a percibirlo es la directora general de Primaria.

Muchos padres se sienten frustrados y abandonados, porque perciben que la educación ya no asegura que sus hijos tengan oportunidades en la vida. Eso no justifica que se vuelvan agresivos. Una agresión como la que han sufrido muchos docentes jamás es justificable. Pero si no entendemos lo que está detrás de esos actos, nunca conseguiremos resolver el problema. La directora Buzzetti debería preguntarse por qué estos episodios no ocurren en los colegios privados gratuitos, aunque reciben a la misma población.

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