Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Educación retrógrada

Qué significa ser “retrógrado” en educación? La palabra admite varios significados, pero antes de considerarlos conviene fijar un criterio general: lo que hace que alguien sea o no sea retrógrado no es lo que dice, sino los resultados de su acción. Las palabras pueden confundirnos. Por eso es mejor mirar los hechos.

Qué significa ser “retrógrado” en educación? La palabra admite varios significados, pero antes de considerarlos conviene fijar un criterio general: lo que hace que alguien sea o no sea retrógrado no es lo que dice, sino los resultados de su acción. Las palabras pueden confundirnos. Por eso es mejor mirar los hechos.

Una vez fijado ese criterio, podemos volver a la pregunta inicial. Y una primera opción consiste en leerla en sentido literal: “retrógrado” sería alguien que retrocede o, como mínimo, se niega a avanzar. Lo opuesto sería “progresista”, que es quien desea hacerlo.

Si esa es la interpretación, entonces hay que admitir que la política educativa del Frente Amplio ha sido retrógrada. A lo largo de casi una década, los principales indicadores educativos se han mantenido estancados o han retrocedido. Un ejemplo de estancamiento es la tasa de egreso de la educación media, considerada por muchos el principal indicador de éxito educativo. Durante todos estos años esa tasa se ha mantenido planchada por debajo del 40%, mientras nuestros vecinos lograban avanzar. Chile está hoy por encima del 80%, Argentina se ubica en torno al 70% y Colombia supera el 60%.

Mientras ese indicador se mantuvo quieto, otros empeoraron. El número de egresos de magisterio cayó de 1.414 en 2005 a 683 en 2010. El número de egresos de los centros de formación docente para la enseñanza media cayó de 772 en 2003 a 499 en 2009. Los resultados de las pruebas PISA han seguido una tendencia al deterioro. Entre las mediciones de 2003 y 2012 se acumuló una caída de 13 puntos en Matemáticas, 23 puntos en Lectura y de 22 puntos en Ciencias. Los demás países de la región mejoraron.

Otra manera de entender la cuestión es en términos de sensibilidad social. En este caso, ser “progresista” sería favorecer la inclusión y la igualdad, mientras que ser “retrógrado” sería lo opuesto. Si así fuera, otra vez deberíamos concluir que la política educativa del Frente Amplio ha sido retrógrada. Los resultados de las pruebas PISA muestran que Uruguay es uno de los países con mayor polarización entre los que aprenden mucho y los que aprenden poco. Además, el sistema educativo expulsa a los más débiles: mientras el 70% de los chicos de entre 21 y 22 años pertenecientes al quintil más rico de la sociedad termina Bachillerato, esto sólo ocurre con el 8% de quienes pertenecen al quintil de menores ingresos. En el correr de la última década, casi todos los países de la región han integrado grandes masas de estudiantes al sistema educativo. En Uruguay, la cantidad de alumnos de Secundaria se redujo entre 2004 y 2012.

Una tercera opción consiste en asimilar lo “retrógrado” con la defensa de la enseñanza privada y lo “progresista” con la defensa de lo público. Si así fuera, otra vez habría que concluir que los gobiernos del Frente Amplio han sido retrógrados. Los alumnos de educación primaria que asisten a escuelas privadas pasaron de ser el 12,4% del total en el año 2004 a ser el 16.6% en 2012. Los alumnos de Secundaria que asisten a liceos privados pasaron del 12,9% al 15,8% del total en el mismo período. Los estudiantes de las universidades privadas pasaron de ser el 11.9% del total de universitarios a ser el 19% entre esas mismas fechas. Es difícil encontrar un período de tanto crecimiento de la educación privada como el que se produjo en estos años.

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