Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Docencia en crisis

Los uruguayos fuimos testigos en estos días de un pequeño drama que incluyó el nacimiento, muerte y rápido entierro de una iniciativa impulsada por el Consejo de Educación Primaria.

Los uruguayos fuimos testigos en estos días de un pequeño drama que incluyó el nacimiento, muerte y rápido entierro de una iniciativa impulsada por el Consejo de Educación Primaria.

El primer capítulo consistió en la divulgación de un llamado a estudiantes de Magisterio, a quienes se convocaba a actuar como “becarios” en escuelas públicas de Montevideo y Canelones. El segundo capítulo consistió en un debate: el sindicato de maestros de primaria salió al cruce de la medida, diciendo que se estaba yendo contra la ley y la tradición al intentar colocar personas sin título de Maestro al frente de grupos de escolares. Las autoridades de Primaria intentaron explicar que esa no era la intención: los becarios cumplirían tareas de apoyo bajo el control del director. Pero las aclaraciones no sonaron demasiado convincentes. En el último acto del drama entró en escena el Codicen, que bloqueó la iniciativa de las autoridades de Primaria.

Los participantes de este drama rozaron varias cuestiones de interés, pero jamás se plantearon la más importante: ¿cómo es posible que haya insuficiencia de maestros en un país que ha venido aumentando sostenidamente los salarios docentes y, sobre todo, en un subsistema que tiene unos 60.000 alumnos menos que hace una década? Porque el dato asombroso es que Primaria pública no deja de perder alumnos desde 2003. Este fenómeno se debe a una combinación de causas que incluye variables demográficas, el crecimiento del sector privado y el descenso de la repetición.

Lo que se esconde detrás de este fenómeno es la terrible crisis que desde hace una década sufre la formación docente de este país. Si los gobiernos del Frente Amplio han tenido en general malos resultados en materia educativa, lo que ocurre en la formación docente se parece mucho a una catástrofe.

Pese a que la remuneración de los formadores de docentes ha aumentado mucho, los resultados de su trabajo son exiguos: por lo pronto, la cantidad de egresados cayó en números absolutos y no se ha vuelto a recuperar.

En el año 2005 (primero de la administración Vázquez) egresaron de Magisterio 1.414 personas. En el año 2009 esa cifra había caído casi exactamente a la mitad (709 egresos). En el año 2010 cayó un poco más (683 egresos). A partir de ahí se inició una tímida recuperación (699 egresos en 2011), pero todavía estamos lejos del punto de partida. La evolución es similar en los institutos de formación para docentes de la enseñanza media.

Esta caída no se debe a que no haya ingresos. De hecho, la matrícula de los centros de formación docente aumentó. Por ejemplo, la de Magisterio pasó de 4.488 inscriptos en el año 2000 a 6.373 inscriptos en el año 2011. Pero, junto con este aumento de los ingresos, se produjo un terrible aumento de la deserción. En el año 2011 había en el país 2.621 estudiantes cursando primer año de Magisterio y sólo 980 cursando cuarto. Un estudio de la consultora Cifra reveló en 2012 que un tercio de quienes empiezan a estudiar para ser docentes de la enseñanza media no llega a dar un examen. Tres años después del tiempo previsto en el plan de estudios, los egresados son dos de cada diez.

Entender qué está pasando con nuestra formación docente es un buen camino para entender todo lo que anda mal en nuestra enseñanza. Y entender ese punto es una condición para construir un futuro mejor.

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