Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Cómo no discutir

Una de las tareas pendientes que tenemos los uruguayos es aprender a discutir en términos estratégicos sobre educación. En general nos limitamos a debatir sobre poder o dinero, sin que quede claro para qué los queremos. No estamos habituados a razonar en función de metas, ni a evaluar los caminos que pueden conducirnos a ellas.

Una de las tareas pendientes que tenemos los uruguayos es aprender a discutir en términos estratégicos sobre educación. En general nos limitamos a debatir sobre poder o dinero, sin que quede claro para qué los queremos. No estamos habituados a razonar en función de metas, ni a evaluar los caminos que pueden conducirnos a ellas.

Un buen ejemplo es el debate sobre la formación docente. Se trata de una pieza clave de toda política educativa, y se trata también de un terreno en el que enfrentamos problemas graves.

El número de egresados de magisterio cayó en forma constante entre 2005 y 2010. En 2005 egresaron 1.414 nuevos maestros. En el año 2010 apenas egresaron 683, es decir, menos de la mitad que al inicio de los gobiernos frentistas. Desde entonces ha habido una tímida recuperación: en 2012 hubo 853 egresos. Las cosas no han ido mucho mejor con la formación de profesores. El número de egresados de 2012, que es el mejor de los últimos años, todavía no alcanzó el nivel del año 2003. En aquel año egresaron 772 nuevos docentes y en 2012 lo hicieron 764. El peor año fue 2009, con apenas 499 egresos. Todo esto en medio de un gran aumento de recursos presupuestales.

Tenemos un problema de cantidad y también tenemos un problema de calidad. Un estudio realizado en 2010 por investigadores de la Universidad de la República reveló que quienes se inscriben en los centros de formación docente tuvieron peor desempeño en el liceo que quienes eligen otros estudios superiores. La mitad de quienes ingresan lo hacen tras haber abandonado una carrera universitaria.

Estos datos deberían llevarnos a discutir sobre el mejor camino para fortalecer la formación docente en Uruguay. Pero los responsables de la conducción educativa dieron la solución sin haber abierto el debate. La Ley de Educación de 2009 incluyó un capítulo en el que se creaba el Instituto Universitario de la Educación. Los artículos que lo componen nunca se pusieron en práctica. En 2013, el gobierno presentó un proyecto de ley de creación de una Universidad Nacional de la Educación que quedó bloqueado en el Senado.

El método seguido por el gobierno es extraño (primero consigue crear por ley un instituto, luego lo ignora) pero más raro es que nunca se haya discutido si es una buena idea crear una institución universitaria dedicada a la formación docente. Y este es un tema debatido, porque la experiencia de las universidades pedagógicas no ha sido buena en América Latina.

Al menos en la región, las universidades pedagógicas suelen tener problemas de prestigio (son consideradas “de segunda” desde el sistema universitario tradicional) y tienden a generar endogamia y aislamiento. Por eso muchos prefieren que los programas de formación docente sean implantados en universidades “normales”, de modo de valorizar los títulos y propiciar el contacto con estudiantes de otras carreras.

¿Cuál de las dos posiciones es la correcta? La cuestión admite más de una opinión. Pero en este país actuamos como si ese debate no existiera y decidimos ignorar la experiencia internacional. El debate entre nosotros giró en torno a si la UNED debe tener o no cogobierno. Esto es en parte responsabilidad del gobierno, que planteó el tema con una fuerte carga política e ideológica, pero en parte revela las dificultades que tenemos como sociedad para desarrollar una mirada estratégica.

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