Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Días de furia

Justo cuando el oficialismo estaba más acorralado que nunca por su incapacidad para ofrecer una convivencia segura a los uruguayos, el senador Pedro Bordaberry habló de aplicar hasta el final los mecanismos previstos en los artículos 147 y 148 de la Constitución.

Justo cuando el oficialismo estaba más acorralado que nunca por su incapacidad para ofrecer una convivencia segura a los uruguayos, el senador Pedro Bordaberry habló de aplicar hasta el final los mecanismos previstos en los artículos 147 y 148 de la Constitución.

Entonces se desató la locura. Muchos dirigentes frentistas salieron a hablar de golpismo y de desestabilización. Lo hicieron ministros como Ernesto Murro, lo hizo la senadora Mónica Xavier, ex presidenta del Frente Amplio, lo hicieron varios legisladores y numerosos militantes en las redes. Hasta hubo una conferencia de prensa donde las principales autoridades frentistas llamaron con cara circunspecta a no desestabilizar.

Nada en ese despliegue fue genuino. Cada uno puede opinar lo que quiera sobre las declaraciones del senador Bordaberry, pero tratarlo de golpista es una canallada. Y más canallada es intentar hacerlo responsable de los actos de su padre. La dirigencia frentista lo sabe perfectamente, pero una vez más decidió recurrir a ese golpe bajo para zafar de una situación complicada. También lo hizo porque sabe que la oposición es mejor que ella. Porque no hay que olvidar que el Frente Amplio es la fuerza política que tiene más “hijos de”. Pero la oposición tiene la decencia de no atacarlos recordando los graves pecados de los padres, y la dirigencia frentista cuenta con eso.

Las bajezas cometidas en estos días no tuvieron únicamente como víctima al senador Bordaberry. La operación consistió en hacer un paquete con toda la oposición y luego enredarlo todo, para crear un falso ambiente de conspiración. La senadora Xavier llegó a mezclar en las redes las declaraciones de Bordaberry con otras de Larrañaga que no decían lo mismo, junto a otras de Lacalle Pou que decían exactamente lo contrario. Y a todo eso sumó las palabras de un militar retirado que habían generado una condena inmediata del Directorio del Partido Nacional, mientras que el Ministerio de Defensa demoró días en reaccionar.

Para completar el cuadro, fue insólito que el Frente Amplio asociara la invocación a los artículos 147 y 148 con el golpismo, cuando el propio Frente puso varias veces en marcha el mecanismo de censura parlamentaria y al menos una vez pidió la disolución de las cámaras.

Por cierto, no toda la izquierda actuó de la misma manera. En medio de la ordalía hubo voces sensatas y moralmente sanas como la del director del semanario Voces, Alfredo García, que escribió en las redes: “Algunos mensajes de compañeros frentistas dan vergüenza, aflojen con la pavada de la desestabilización, es muy gruesa la campaña sucia”. Es seguro que, por haber escrito estas palabras lúcidas, García será acusado de “jugar para la derecha”.

Lo que pasó es grave, pero más grave sería que fuera un anticipo de lo que nos espera en la próxima campaña electoral. Si la actual inacción del gobierno se prolonga, la próxima campaña deberá ser un momento para discutir cómo sacar al país de muchos problemas en los que se ha empantanado, como la inseguridad, la crisis educativa o el hecho de que, tras una década de abundancia, dos tercios de los uruguayos sigan teniendo bajos ingresos.

Sería una pena que, en lugar de discutir en serio, el oficialismo se dedique a denunciar falsedades y la oposición tenga que perder tiempo en desmentirlas. Los uruguayos nos merecemos algo mucho mejor que eso.

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