Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Conspiración y bobada

En las últimas horas se conoció una sentencia judicial contra cuatro trabajadores de una estación de servicio que agredieron psicológica y físicamente a uno de sus compañeros de trabajo. Según el expediente, la víctima fue atacada por su "condición racial y religiosa".

Esto significa que fue humillado y golpeado por ser negro y por su fe cristiana. También se supo que la víctima cobra una pensión del BPS por discapacidad intelectual. No importan los detalles. Todo quedó filmado por las cámaras de seguridad. Sí importa saber que uno de los agresores era delegado sindical de la Unión de Trabajadores del Metal y Ramas Afines (Untmra).

Hasta aquí, solo se trata de un hecho lamentable que fue bien manejado por la Justicia. Pero lo más grave empezó después. En el mismo momento en que los videos se viralizaban, desde la Untmra se lanzó la acusación de que todo era una operación para "desmantelar" al sindicato. Esta versión fue repetida de manera más detallada por la dirigente Ana Silva en una entrevista radial del periodista Daniel Castro ayer en El Espectador. "Hay una clara relación en estos hechos que se salen de lo normal —dijo Silva—, tanto en los hechos que se dieron en Santa Clara de Olimar como en los que hoy se están planteando. (…) Sabemos que hay una clara organización por detrás de todo esto, (una) vinculación directa con el Partido Nacional y con los autoconvocados".

Supongamos que esta afirmación fuera verdad. ¿Cómo se las habría arreglado el Partido Nacional para lograr semejante éxito conspirativo? Tal vez haya obligado a uno de sus militantes, afrodescendiente y con capacidades diferentes, a hacerse empleado de una estación de servicio, esperar allí cuatro años (es el tiempo que lleva trabajando en el lugar) y, llegado el momento hacerse pegar por sus compañeros. Todo un logro operativo que envidiaría la propia Al Qaeda.

O, tal vez, el Partido Nacional estimuló a una iglesia evangélica a que captara a este trabajador, porque previamente había estudiado las inclinaciones antirreligiosas de los otros trabajadores de esa estación de servicio. O tal vez se tomó el trabajo de fundar esa iglesia con el único fin de provocar agresiones fundadas en sentimientos antirreligiosos.

Pero eso no sería todo. Además, el brillante aparato de operaciones encubiertas del Partido Nacional debió maniobrar para que la agresión se produjera en un sitio que era alcanzado por las cámaras de seguridad. Y hasta debió proporcionar la cinta aisladora y las cuerdas que usaron los agresores para humillar a su víctima.

Otros puntos son aún más complejos. No es fácil explicar cómo hicieron los pérfidos conspiradores para lograr que el ataque se produjera pocos días después del episodio de Santa Clara. Pero, visto que tienen habilidades que harían empalidecer de envidia a la propia CIA, no es de descartar.

La señora Silva no aportó ningún detalle de este tipo. Pero proporcionó lo que a su juicio es una prueba definitiva: según ella, los abogados de la estación de servicio donde se produjo la agresión al trabajador y los abogados de la estación de servicio de Santa Clara serían simpatizantes del Partido Nacional.

Este episodio confirma có-mo nos hemos deslizado casi sin darnos cuenta hacia los niveles de una república bananera. Algún día miraremos para atrás y nos asombraremos de lo que llegamos a considerar normal durante los años de gobierno del FA.

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