Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Confusión y cobardía

El año lectivo 2019 será el último que transcurra bajo el actual gobierno. Dado que las elecciones nacionales se realizarán en noviembre de ese año, el comienzo del año lectivo 2020 va a coincidir casi exactamente con la llegada de una nueva administración.

Según se supo en las últimas horas, la elección de horas docentes que se inicia en estos días se hará una vez más por un año. Quiere decir que el gobierno actual concluirá sin haber modificado ese régimen. Se trata de otra promesa incumplida, porque el programa presentado en la campaña electoral de 2014 prometía "concretar un rediseño institucional" que, entre otras cosas, generara "equipos docentes estables y profesionales, con condiciones para vincularse con las familias y su entorno, y tiempo pedagógico ampliado".

El Frente Amplio se apresta a cumplir quince años en el gobierno sin haber podido modificar una coma en el sistema de selección de horas docentes en la enseñanza media. Eso a pesar de múltiples compromisos y anuncios, y de un consenso universal entre los expertos sobre la necesidad de avanzar en esa dirección. La parálisis del oficialismo en esta materia ha sido tan patente que se ha vuelto un motivo de vergüenza. Eso llevó a alguna autoridad a extremos como declarar falsamente que los cambios ya estaban resueltos y se estaban aplicando, solo para que los hechos lo desmintieran penosamente.

La modificación de la elección de horas no va a resolver todos nuestros problemas, pero es parte ineludible de cualquier solución razonable. El régimen actual no solo atenta contra la constitución de equipos docentes estables, sino que transmite una pésima señal a los supuestos beneficiarios del sistema. Ese mensaje dice que todos los miembros de la comunidad educativa están de paso y que ninguno de ellos se compromete a asegurar su permanencia durante un período mínimamente prolongado. En esas condiciones, se vuelve muy difícil obtener la confianza y el involucramiento de los alumnos y sus familias.

Lo más penoso es que, entre todos los cambios que hace falta introducir en nuestra vida educativa, la modificación del régimen de elección de horas es de los más fáciles de ejecutar. Quien no puede modificar este punto está confesando que no puedo modificar nada. Se trata de algo parecido a una rendición incondicional.

La reacción usual ante esta situación consiste en echar la culpa a los sindicatos. Y es verdad que los sindicatos vienen actuando como una fuerza regresiva, solo interesada en mantener su poder y sus privilegios aunque sea al precio de perjudicar a los alumnos. Pero esta explicación es demasiado simple y demasiado confortable para el oficialismo.

Si los sindicatos han tenido tanta facilidad para bloquear cualquier cambio, es porque a los gobiernos del Frente Amplio les ha faltado lucidez, coraje y liderazgo. Prefirieron tratar como compañeros de comité a quienes son servidores públicos. Renunciaron al principio de autoridad y se negaron a incorporar la evaluación de resultados. Así fueron creando una cultura donde nadie manda, nadie se hace responsable de nada ni nadie rinde cuentas ante nadie.

El primer paso para tener sindicatos más responsables es tener autoridades dispuestas a dialogar con ellos sin perder de vista quién tiene la legitimidad para fijar el rumbo y quién es el verdadero representante de los intereses de los ciudadanos.

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