Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Así no, presidente

Lo que en Uruguay llamamos “Educación Media” es un ciclo de seis años que se cursa luego de haber terminado Primaria. Ese ciclo está dividido en dos.

A los primeros tres años les llamamos “Educación Media Básica” o “Ciclo Básico”. A los últimos tres les llamamos “Educación Media Superior”, “Segundo Ciclo” o “Bachillerato”. Ambos caminos pueden transitarse asistiendo a institutos de Educación Secundaria (“ir al liceo”) o a establecimientos dependientes del Consejo de Educación Técnico-Profesional (“ir a la UTU”).

El primero de marzo de 2015 (es decir, el día que iniciaba su segundo mandato), el presidente Vázquez se comprometió ante la ciudadanía, en un discurso difundido por cadena nacional, a que, para el año 2020, el 75% de los jóvenes uruguayos “termine el ciclo de Enseñanza Media”. Se trataba de un objetivo ambicioso, da-do que la tasa de egreso se ubicaba entonces algo por debajo del 40%. Pero la cifra no era arbitraria, porque si la alcanzábamos quedaríamos alineados con los países que están teniendo mejores resultados en la región (gruesamente, a medio camino entre Chile y Argentina).

En su discurso del viernes en el Antel Arena, el presidente festejó que este objetivo está a punto de cumplirse. Y la cifra que mostró en pantalla (72%) parecía confirmarlo. Solo que había un detalle: esa cifra no era la tasa de egreso de la Educación Media (al culminar los seis años del ciclo) sino la tasa de egreso de la Educación Media Básica (al terminar los tres primeros). Para mostrar un éxito donde no lo hay, la barra fue bajada tres años. Porque nuestra tasa de egreso de la Educación Media sigue estando en el entorno del 40%, casi incambiada desde que se inició el actual gobierno. Lo que el presidente estaba presentando como el cumplimiento de una promesa, era exactamente lo contrario.

También en la cadena del primero de marzo de 2015, el presidente Vázquez se comprometió a que “en el año 2016, el año que viene, el 100% de los trámites puedan ser iniciados y seguidos mediante Internet e incluso desde los propios teléfonos celulares, desde los cuales podrán efectuarse los pagos correspondientes”. Pero el año 2016 terminó sin que eso ocurriera. Hasta hoy solo es posible iniciar ciertos trámites en Internet, y solo una parte de ellos pueden cumplirse de manera completa. En cuanto a los pagos, una cantidad importante de dependencias públicas siguen exigiendo efectivo, sin estar siquiera preparadas para aceptar pagos con tarjeta de débito.

Pero el presidente Vázquez festejó el viernes pasado que más de mil trámites pueden realizarse en forma electrónica (o sea, una porción del total de trámites que existen), manejó cifras que refieren a la actualidad (no al año 2016) y volvió a presentar como un cumplimiento algo que está lejos de serlo.

Cada uno elegirá los adjetivos que quiera para calificar esta clase de escamoteo (estos son solo dos ejemplos). Se trata de una cuestión delicada, porque criticar a Tabaré Vázquez no es solo criticar a un dirigente político sino al presidente de la República, es decir, a una figura clave de nuestro ordenamiento institucional. Pero, más allá de los adjetivos que se elijan, lo importante es dejar bien claro que esta clase de maniobra no es lo que los uruguayos esperamos de un presidente de la República. Se trata de una práctica demasiado dañina para la política y para la propia democracia.

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