Pablo Da Silveira
Pablo Da Silveira

Arbeleche y ellos

Cuando se escucha hablar de las agencias calificadoras de riesgo (esas organizaciones que definen si se le reconoce o no a un país el grado inversor) puede existir la inclinación a imaginarlas como entes abstractos que emiten sus pronunciamientos desde el Olimpo.

Pero las agencias son organizaciones humanas co-mo tantas otras. En sus pronósticos se combina el análisis riguroso de cifras con el juicio de personas de carne y hueso.

Parte del método de trabajo de las agencias consiste en enviar técnicos a los países que están evaluando. Esas personas se entrevistan con gente, empezando por los principales responsables de la política económica. Pero, como no quieren quedarse solo con la opinión del gobierno, también intercambian ideas con otros actores. Y entre ellos normalmente están los principales partidos de oposición.

Desde hace años, cuando los técnicos de las calificadoras de riesgo visitan Uruguay, piden reunirse con el Partido Nacional, al que ven como un probable partido de gobierno. Y cuando piden esas entrevistas, el principal referente que buscan es Azucena Arbeleche. La opinión de una probable futura ministra de economía es importante para poder formarse una idea sobre la posible evolución de los acontecimientos. Nada de esto es raro ni mucho menos excepcional. Así es como funcionan estas cosas en todo el mundo. Si alguien se declara asombrado porque haya habido reuniones entre Arbeleche y los representantes de las calificadoras, o bien es un ignorante o bien está jugando sucio.

Desde hace años, cuando los técnicos de las calificadoras llegan a Uruguay, muestran preocupación ante el déficit fiscal, la trayectoria insostenible de la deuda, el incumplimiento sistemático de las metas de inflación. Nada de esto está dentro de lo que debe esperarse de un país con grado inversor. Y la respuesta de los responsables de la política económica consiste en pedir tiempo: es verdad que los números son malos, pero son corregibles. Y una y otra vez se comprometen a enderezar el barco en plazos razonables.

Luego de recibir esas explicaciones, los representantes de las agencias se reúnen con Azucena Arbeleche, frecuentemente acompañada de otras figuras del Partido Nacional como el candidato presidencial Luis Lacalle Pou. Y ella les dice exactamente lo mismo que sabe que les ha dicho el gobierno. Lo hace así porque lo cree posible y también por el bien del país. Que gobierno y oposición digan lo mismo, da motivos de tranquilidad a los interlocutores. Y eso tiene consecuencias sobre las decisiones que más tarde tomarán al calificar al país.

La actitud del Partido Nacional y de Azucena Arbeleche es la opuesta a la que tomó el Frente Amplio en 2002. En aquel momento, cuando los partidos fundacionales se esforzaban por enderezar el barco en medio de una tormenta terrible, el hoy presidente Vázquez y otros altos dirigentes salieron a pedir el default, que era exactamente lo contrario de lo que necesitaba el país para generar confianza en los mercados y en los organismos de crédito.

El Frente Amplio se comportó canallescamente en aquella oportunidad, anteponiendo sus intereses electorales de corto plazo al bien de los uruguayos. Y vuelve a comportarse canallescamente ahora, cuando lanza un ataque feroz y organizado contra una mujer a la que deberían dar gracias por su actitud constructiva.

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