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No llores por mi Argentina

RICARDO REILLY SALAVERRI

Hace más 30 años, en 1981, asistí al teatro Monumental de Madrid, España, y vi la primera producción en español del musical "Evita", cuya letra y música fueran elaboradas por los ingleses Andrew Lloyd Weber y Tim Rice, respectivamente.

Era una gran presentación que conservo en la memoria por la coreografía y la actuación de los artistas. Paloma San Basilio era Evita y Patxi Andión el "Che" Guevara. En lo sustantivo, la trama ubica a Evita desde su adolescencia cuando vino con el cantante Agustín Magaldi desde el interior de Argentina a convivir con él en Buenos Aires. De allí en más la muestra como prostituta entregada a distintos brazos y se evoca sumariamente su actuación en radio y cine. Eso es así, hasta que cuando tras un terrible terremoto en San Juan colabora en la asistencia popular que se asigna al entonces Coronel Juan Domingo Perón, formalizando su relación con el militar y avanzando con él en el proyecto político que liderase, hasta la pronta muerte que le ocurriría a causa de un cáncer, cuando tenía poco más de 30 años. El papel del primero, coronel Perón, que luego devino General, y presidente de la República Argentina, es el de un fascistoide con inclinaciones nazis.

El libreto se completa con la reiterada intervención del Che Guevara, que en España, lucía el uniforme de la foto de Korda. Desde que el musical fuese llevado al cine, se cambió a este personaje la indumentaria que pasó a ser la de un ciudadano común, de camisa y pantalón con tiradores. El asunto no es histórico, ya que el Che no era contemporáneo de Evita, y se le usa como relator. Su misión es la de ir marcando reiteradamente la falsedad de la revolución social de Evita, comparada con lo que tuvo lugar en Cuba. En el momento actual, en medio del fracaso que ha sido la instalación de la monarquía castrista en Cuba, y del Carnaval integrado por la media de líderes nacionales latinoamericanos, lo único que falta para un musical cotidiano en vivo, es que se cante al son de algún instrumento, lo que en algunos casos ha llegado la realmente a darse.

Dos meses y medio atrás, volví a ver la obra esta vez en Nueva York, en la que un gancho especial es la actuación de Ricky Martín como "Che" Guevara. Por lo que viene de decirse, invocar al castrismo como una revolución libertaria e igualitaria, solo lo digieren muchos hipócritas, agitadores, presidentes y círculos de poder que les acompañan, que a la sombra de este otro ícono, de difusión universal, una cosa lanzan con la boca y otra hacen cuando meten la mano en el bolsillo para cargar su billetera.

La exhibición tiene una extendida duración en cartelera ( acaba de levantarse) y el teatro Marquisse está habitualmente lleno. Tras su existencia el musical, ha perdido parte de su novedad, si bien se han agregado algunas canciones nuevas, una de las cuales, "You must love me" (Tú debes quererme), ha ganado un Oscar.

Los ojos de la Evita verdadera hace rato que se cerraron, y el mundo ha seguido andando y cambiando. Entre otra cosas que lo demuestran está que el actor y cantante Ricky Martín, ha confesado al mundo su homosexualidad, se ha casado y tiene dos hijos, habidos por el sistema de vientre alquilado. El socialismo real ha implosionado, la China comunista se ha vuelto capitalista, Europa languidece en diversos estados lejos de su esplendor de antaño. No obstante, hay que decir que algunas cosas permanecen. Entre ellas, Nueva York, que sigue siendo Nueva York.

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