Reconforta comprobar que la ministra de Educación, María Simon, revisó su decisión de acceder al pedido de ampliar la zona portuaria a costa del área de la Estación Central de AFE. La postura intransigente de la ministra causó meses atrás la renuncia del presidente de la Comisión de Patrimonio, William Rey, y del historiador José Rilla, irritados por no haber sido consultados al respecto. Llamada al Parlamento, Simon flexibilizó su posición y aceptó considerar propuestas que conjuguen el interés comercial y portuario con el realce de la estación cuyo estado es deplorable. Sobran ejemplos en el mundo de estaciones de trenes reconvertidas en centros comerciales o culturales. Quienes se beneficien de la ampliación del puerto deberían a cambio hacerse cargo de esa reconversión.