Matías Chlapowski
Matías Chlapowski

¿Quo vadis Venezuela?

Nos lo preguntamos con preocupación, quienes observamos el inexorable deslizamiento al abismo, el desastre cada día más agudo de ese país hermano.

De tanto en tanto surge una esperanza como ahora. Un líder valiente alza su voz contra el tirano; noticias del exterior apoyando a la oposición; una marcha multitudinaria que desafiará a los esbirros de Maduro, pero este es un tipo sin vergüenza. No se va a ir así no más. Peor, no se puede "rajar".

Eso de que su tiempo se acabó no corre para él y sus acólitos. Están atrapados, además de arruinar al país, son cómplices de horribles crímenes; de connivencia con el narcotráfico, de asesinatos y torturas. Muchos ya son ricos pero con pocas opciones para gozar de lo robado. El mundo moderno, la informática, la Interpol y las agencias de inteligencia de sus adversarios, si se lo proponen, harán complicado disfrutar sus logros mal habidos. La situación de Maduro es, en algunos aspectos parecida a la de Assad hace uno o dos años atrás, en Siria. Si no triunfa y se queda en el poder, sabe que terminará colgado de un farol.

"A los que huyen, puente de plata", dice un viejo refrán pero ¿quiénes están dispuestos a brindarlo? Cuán segura y seria podría ser la propuesta o promesa a cambio de dejar Caracas. ¿Quizás México?. Seguramente es una opción que deben estar considerando algunos. Pero ¿cómo lograrlo con los cubanos y rusos que de ninguna manera están dispuestos a que se vaya, a menos que obtengan algo a cambio o un aval norteamericano de respetar la deuda contraída por Venezuela y las garantías petroleras relacionadas a la compra de armas y préstamos. Lo mismo China, que también ha invertido allí no solo capital político, sino créditos relacionados con la extracción a futuro en la menguante producción petrolera. La mitad que en otros tiempos.

En relación a este asunto, los EEUU estaban distraídos. Ahora, parecen más alerta pero esto tampoco tranquiliza a quienes querrían ver a Maduro y a sus generales corruptos fuera del país y la democracia reinstaurada. La economía de esa nación lanzada a un rebrote de comercio, producción y seguridad ciudadana. Pero para eso deben acontecer algunas cosas antes. Para empezar: negociaciones realistas con Maduro, sus huestes y la oposición. Tampoco las hay entre EEUU, Rusia, China y no olvidemos Cuba, que hoy maneja muchos de los resortes del gobierno venezolano, entre ellos a la policía secreta y la informática de las escuchas.

Hoy día Trump está preocupado por su propia sobrevivencia. Meterse de lleno en las arenas movedizas caribeñas no creo que lo contemple con interés pero quizás se vea obligado a actuar. El fracaso de los intentos actuales podrían golpear su imagen. Dudo que se haya estudiado aplicar la doctrina Monroe (1823) y su corolario que añadió Teodoro Roosevelt (1904) previendo la intervención militar. Esta no ha sido desempolvada todavía y sus resortes están herrumbrados, pero existen antecedentes.

En 1902 luego de una guerra civil, Cipriano Castro, presidente de Venezuela quiso desconocer la deuda contraída con Alemania, Gran Bretaña e Italia que reaccionaron enviando una flota para arreglar el cobro de sus acreencias y compensación por pérdidas de sus nacionales. (Los alemanes bombardearon un fuerte en Maracaibo). Finalmente intervinieron los EE.UU. y pusieron orden. Hoy podría faltar temple y maña para aplicar una interpretación de la doctrina Monroe. Los anuncios de medidas no creíbles, podrían ser contraproducentes.

Liquidar a Maduro, como se hizo con Kadhafi (Libia) para los EE.UU. sería fácil de ejecutar, de haber consenso y voluntad para hacerlo. Pero al día siguiente, quienes hayan dado el golpe, ¡tendrían que dar de comer y prestar servicios a 32 millones durante bastante tiempo!

Hasta que se reponga la economía colapsada, consecuencia del inepto y corrupto manejo del socialismo chavista del siglo XXI. Recordemos solo dos cosas. La inflación del año pasado fue de 1.000.000%. Han huido del país —desde que comenzó el chavismo— unos 3.000.000 de personas, las más ambiciosas, enérgicas y preparadas. Añadir a esto el terrible deterioro de los servicios públicos y la piedra libre a la delincuencia callejera que tiene de rehén a la población.

Pensar que esto se arregla con negociaciones, discursos, conferencias y una elección democrática es una triste e impracticable ilusión. Muy difícil seria revertir la situación actual sin sangre ¿Una revolución pacífica? ¿Cómo en el este de Europa en los 90 cuando cayó el yugo comunista? No parece probable. ¿Preparar una salida de los cubanos? ¿Cómo? ¿Ofrecer una amnistía?

Y no olvidemos el tema del costo posterior al golpe, si se quiere evitar una hambruna de proporciones bíblicas. Personas informadas estiman que se necesitarían unos 140 mil millones de dólares para relanzar al país, de los cuales habría que desembolsar rápidamente cerca de 40 mil millones, prácticamente al inicio. Algo ayudará lo embargado por Trump hace unos días, pero es solo una pequeña parte de lo que se va a necesitar.

¿Y los que aspiran a gobernar, que ideología tienen? ¿Son aptos?

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