Matías Chlapowski
Matías Chlapowski

Otros tiempos

Para consolarnos, ahora que atravesamos un duro momento, conviene recordar otros tiempos. Quienes estamos voluntariamente confinados, hemos echado mano a libros que teníamos guardados para más adelante.

En mi caso, acabo de terminar uno de ellos, la obra de Roger Crowley Imperios del Mar y cuyo segundo título es más explicativo, La batalla final por el Mediterráneo 1521- 1580. Ameno pero terrible, el relato se lee como una novela ágil, bien documentada sin ser pesada. Contiene un cúmulo de detalles ignorados. Cuenta el enfrentamiento entre cristianos y musulmanes por el dominio de ese mar, cuna de la civilización occidental. El enemigo era el imperio turco. Se oponían al poderoso sultán:

El reino de España, cuyos dominios entonces incluían a los países bajos, Austria, Milán, el sur de lo que es hoy Italia con Sicilia y Cerdeña, etc. más el nuevo mundo que aportaba oro y plata para sufragar los costes.

Los venecianos, más ambivalentes dado a que a ellos interesaba el lucrativo intercambio comercial y cuando podían buscaban acuerdos de paz o de no beligerancia con el imperio de la media luna.

Los genoveses también comerciantes, protegidos por la poderosa flota de Andrea Doria que la cuidaba (era de él) y no la comprometía salvo cuando estaba bastante seguro de ganar el combate.

Los caballeros de San Juan, quienes desde la isla de Malta, su último refugio, actuaban como piratas y en nombre de Cristo hostigaban el tráfico marítimo turco y asolaban las costas del imperio otomano.

Por último el Papado (Pio IV y luego Pio V) que no solo aportaban apoyo espiritual y liderazgo e intentaban unir (no era fácil) a los cristianos, además de contribuir con dinero, guerreros y galeras.

Como aliados del imperio turco no hay que olvidar a los piratas bereberes que fueron un importantísimo elemento en la ecuación. Desde puertos en la costa africana asolaban el norte del mar Mediterráneo y se internaban con sus poderosas flotas, inclusive dentro del Adriático, a veces amenazando a Venecia y Valencia. Los que apresaba en sus redadas podían salvarse de terminar remando si pagaban rescate. El negocio de los secuestros de esos piratas bereberes recién lo liquidaron los norteamericanos a principios del siglo XX.

Francia fue el gran ausente en esta contienda dada su enemistad con Carlos I de España y su hijo Felipe II. Los reyes franceses, Francisco I y Carlos IX tenían buenas relaciones con los turcos.

Uno de los detalles más aberrantes de estas luchas era que las galeras, de unos y otros eran propulsadas por remeros (condenados por reales o supuestos crímenes) o capturados través de redadas sobre territorios enemigos o luego de abordar barcos que cayeran víctimas. Estos remeros estaban encadenados (tobillos y muñecas) hasta que muriesen exhaustos o enfermos. Sufrían mucho de sed (el agua siempre escasa) hambre, frío y sol, amén de los latigazos sobre sus cuerpos cuando su nave perseguía a otra, trataba de huir o maniobraba frenéticamente para embestir con el espolón de proa a su enemigo. Eran blanco, al igual que los marineros, de las flechas, del fuego griego o de los metralla de los cañones y arcabuces. Y otro horrible detalle: los remeros llamados también “la chusma”, no podían hacer otra cosa que defecar y orinar en su banquillo.

El gran actor era Solimán, el Magnífico. Así llamaban los cristianos al sultán otomano. Sus dominios hacia al norte y oeste hacían frontera con Venecia Austria, Polonia y Moscovia. Dominaba desde Estambul, lo que es hoy Turquía, Grecia, Macedonia, Rumania, Serbia, Albania, Croacia, Bosnia, Herzegovina, Hungría -además Moldavia, Bulgaria y Transilvania eran vasallos y pagaban tributos. Hacia el sur y el oeste, lo que es el mundo árabe. Administraba el imperio con una meritocracia burocrática formada por esclavos. Los pequeños huérfanos de los territorios conquistados, eran traídos a palacio para su educación y a medida que fueran descollando eran puestos en cargos cada vez más importantes. Un esclavo podía llegar a ser gobernador de Damasco o de Egipto. Era intocable, por ser propiedad del sultán pero, si fracasaba en su labor o se enriqueciese demasiado, lo más probable es tarde o temprano le cortarían la cabeza. Los hijos de los esclavos, eran ciudadanos libres. Solo los esclavos manejaban la eficaz administración pública.

Frente a esta unidad, Occidente enfrentaba a este adversario, distraído y desunido. En España luego de abdicar el muy activo Carlos I de España y V de Alemania, asume su hijo, que era muy distinto. Desconfiado, dubitativo y austero no gustaba moverse del Escorial donde trabajaba y rezaba. Lo ocupaban muchos temas, la conquista y administración de Hispanoamérica; Filipinas; la represión de los herejes (protestantes y judíos); las frecuentes sublevaciones en los países bajos (Bélgica y Holanda); la intermitente guerra contra Francia e Inglaterra además de la constante amenaza turca. Encima de todo eso estaba agobiado por frecuentes empujes de gota, una enfermedad que no le dejaba dormir por el dolor.

Los venecianos desconfiaban de los genoveses y viceversa. El papa trataba de unirlos con España, en una cruzada contra el infiel. Separados no tenían chance.

Los turcos conquistaron Rodas (1522). En 1565 desembarcan en Malta y asedian la ciudad pero no pueden reducirla dada su acérrima y valerosa defensa. Se retiraron golpeados.

Puede haber sido ese el punto de inflexión en la lucha por el dominio del Mediterráneo. Al morir Solimán, el nuevo sultán, Selim II invade Chipre que cae en 1571 con el sitio de Famagusta -con una horrible matanza de los defensores.

Finalmente se logró conformar La Santa Alianza y la flota cristiana al mando del joven y apuesto Don Juan de Austria, (medio hermano bastardo de Felipe II) derrota a los turcos en la Batalla de Lepanto. Mueren 40 mil en 4 horas. Se hunden o destruyen 100 barcos y se captura 137 con 3500 musulmanes para las galeras de la Liga y se rescatan 12.000 remeros cristianos. La coalición no perduró, pero los otomanos ya no amenazaban al Mediterráneo.

Si comparamos esos tiempos con la actualidad, a pesar del Covid-19 estamos mejor.

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