Matías Chlapowski
Matías Chlapowski

Somos 7.600 millones

La causa directa de la degradación de nuestro planeta es el constante aumento de su población. Hoy día somos 7.600 millones. ¿Qué implica esto? Hagamos un pequeño resumen de las consecuencias y las necesidades que tiene toda esta gente que aumenta a pasos agigantados ya que, según estudios de las Naciones Unidas (ONU) en el 2050 seremos 9.800 millones y para finales de siglo, salvo algún “accidente” o guerra nuclear, sobrepasaremos ampliamente los 11.000 millones. Dos siglos atrás éramos apenas una décima parte. Los avances en el conocimiento han impulsado este extraordinario fenómeno.

La causa directa de la degradación de nuestro planeta es el constante aumento de su población. Hoy día somos 7.600 millones. ¿Qué implica esto? Hagamos un pequeño resumen de las consecuencias y las necesidades que tiene toda esta gente que aumenta a pasos agigantados ya que, según estudios de las Naciones Unidas (ONU) en el 2050 seremos 9.800 millones y para finales de siglo, salvo algún “accidente” o guerra nuclear, sobrepasaremos ampliamente los 11.000 millones. Dos siglos atrás éramos apenas una décima parte. Los avances en el conocimiento han impulsado este extraordinario fenómeno.

Toda esta gente, entre los que me incluyo, necesita comer. Para alimentar esta creciente masa ha sido necesario deforestar y sembrar cada vez más superficie. Los bosques se achican. Estos retenían más agua que una pradera de soja, produciendo más oxigeno, mejorando la atmósfera, evitando la erosión del suelo y permitiendo la vida de otras especies, pero se siguen desmontando por día, cientos de hectáreas. Para lograr mejores rindes se usan cada vez más fertilizantes, herbicidas, riego artificial e ingeniería genética que modifica las semillas. Mueren las abejas. También se han debido poblar campos con ganado, el cual por su cantidad necesita más praderas artificiales o más granos si los animales se engordan a corral (en “feed lots”). La pesca, otra importante fuente de proteínas, se encuentra amenazada. Los mares, los ríos y los lagos están siendo depredados. Los grandes cardúmenes están más escasos. Las flotas pesqueras, con sus factorías flotantes, no cesan en su actividad. De tanto en tanto se imponen vedas, se regula el tejido de las redes pero los mares ya no son los de antes. Hoy día existen enormes islas de polución flotante además de menos peces. Grandes témpanos de hielo se desprenden y liberan enormes cantidades de nitrógeno a la atmósfera con consecuencias desconocidas.

Dormir. Los humanos necesitamos techo por lo tanto se han edificado infinidad de viviendas, por lo que ha sido necesario cortar más arboles, ocupar más tierra/espacio y procesar madera, fabricar ladrillos, cemento, acero, aluminio, zinc, plásticos, vidrio, cerámicas, etc. Las urbes ya cubren las partes más codiciadas de nuestra tierra. También se produce una enorme cantidad de basura y smog. La población que vive fuera de las zonas templadas requiere calefacción o aire acondicionado, lo que nos lleva a otro insumo, el de la energía necesaria también para el transporte de la población y los bienes que se producen, sin la cual no se podría fabricar, ni entregar una pizca de la creciente demanda. Más suministros para abastecer las usinas y los tanques de combustible. Más minería.

Vivir, lo más y mejor posible, eso es a lo que aspira la inmensa mayoría de la población. Poquísimos desean la muerte y menos son los que conscientemente buscan la enfermedad. Tratamos de prolongar la vida, invertimos en ello. Empleamos todo tipo de tratamientos, medicinas, vacunas, cirugía, prótesis, “stents”, implantes, etc. Las expectativas de vida aumentan año a año, la productividad de las personas baja con la edad y el gasto para aumentar la sobrevida, sube.

Para acceder a bienes y servicios se debe trabajar, heredar (implica que un antepasado lo haya hecho antes) robar o mendigar. En sus orígenes el hombre fue un depredador, un cazador o pescador. La escasez siempre aparece y distribuirla ha sido un desafió complicado por la codicia de lo ajeno. Por lo tanto la sociedad, una vez medianamente organizada ha debido lidiar con estas circunstancias, civilizando esos instintos, atemperando aspiraciones, estableciendo jerarquías, costumbres, creando religiones, forjando leyes y los aparatos de disuasión y represión necesarios. Esto ha permitió una convivencia, interrumpida a menudo, por distintos tipos de guerras o revoluciones a nivel de estados, y robos y asesinatos a nivel personal. Para enfrentar estos desafíos en sociedades cada vez más complejas, se han creado ejércitos, policías, jueces y cárceles, para contener y castigar con fuerza disuasiva a los que no se ajustan a la ley. A mayor hacinamiento, ignorancia, pobreza, natalidad y desigualdad, más relevantes serán las presiones sociales, la violencia, además de la degradación del planeta.

Es obvio para quien escribe, que a corto o mediano plazo, el gran desafío del mundo (ONU) será centrarse sobre este tema del desmedido crecimiento de la población. China, mal o bien, ha dado un gran ejemplo con el control de la natalidad. Sin esa iniciativa, no hubiera podido mejorar su nivel de vida. Algunos países deberían abordar ya, “motu proprio” o incentivados por las naciones más adelantadas, sin esperar medidas a nivel global, evitando que rebalse su población sobre las fronteras de otras naciones que crean y exportan inestabilidad.

Parece urgente que se movilicen esfuerzos para que el mundo deje de ser un basural sobrepoblado, deforestado, rodeado de smog y sustancias tóxicas. Ya sabemos qué lo provoca. Las consecuencias serán cada vez más temibles. Esto no se soluciona solo con paneles solares, molinos de viento y curitas. No alcanza con reciclar 9% de los plásticos y quemar el 30% de ellos. ¡El stock actual de desechos plásticos es de 8.600 millones de toneladas y creciendo!

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