Matías Chlapowski
Matías Chlapowski

Militares en el banquillo

Hace unos días en Washington fueron llamados a sala el Secretario de Defensa, el Jefe del Estado Mayor Conjunto (CJCS) y el general a cargo del comando central para dar testimonio sobre lo que pasó en Afganistán. 

Fueron interpelados por las pertinentes comisiones del Senado y de la Cámara de Representantes en sesiones abiertas y cerradas, durante dos días.

Aparte del reconocimiento brindado por muchos legisladores a los interpelados, hubo para ellos severas críticas, preguntas incómodas, virulentos ataques y pedidos de renuncia.

Algunos legisladores republicanos destilaban bilis al confrontar al CJCS, no precisamente por lo de Afganistán, sino por las conversaciones que mantuvo con su homólogo chino para calmarlos, asegurando que los EE.UU. no los atacaría y que habían controles que impedirían el lanzamiento (por parte de Trump) de una arremetida atómica. Una de esas llamadas telefónicas ocurrió en el contexto de la toma del Capitolio por seguidores extremistas de Trump que insistían en revertir el resultado de las elecciones. También salió a luz un diálogo con Nancy Pelosi, la "speaker" de la cámara baja, segunda en la línea de sucesión a la presidencia, donde ella le dice al General que "Trump estaba loco..." y que (igual que el chino) estaba preocupada por el control de las armas nucleares. Esta tremenda revelación apareció en el libro de Woodward, que sale a la venta causando gran revuelo. Varios republicanos objetaban que el General se metiera en temas políticos y diera entrevistas, hablara con periodistas, etc. El militar explicó que frente a ciertos indicios (se explayaría en sesión cerrada) sintió la necesidad de hacer esa llamada y que es práctica usual, mantener contacto con sus contrapartes para evitar malentendidos.

Es interesante recalcar que entre los legisladores de ambos partidos había varios que lucharon en ese agreste territorio. Conocían el paño. La sesión se prestó para que algunos republicanos denigraran de mala manera la postura del presidente Biden, lo llamara mentiroso o incapaz. Insistieron en que al no cumplir los talibanes con todo el articulado del acuerdo con Trump, los EE.UU. no debían retirarse de Afganistán y perder su estratégica base de operaciones.

Repasemos algunas conclusiones y hechos:

Afganistán fue invadida por los EE.UU. (con la participación de varios aliados de la OTAN) para erradicar a los talibanes que la gobernaban entonces y a las organizaciones terroristas que albergaban. Estas huestes habían efectuado varios atentados de gran envergadura (ej. las Torres Gemelas). Se impulsó la formación de un gobierno nacional de corte democrático pero la resistencia, con sus altos y bajos, siguió cobrando vidas, convirtiéndose en una guerra civil. Para los EE.UU. ha sido la guerra más larga en la que hayan intervenido. Fueron casi 20 años. Ha costado, miles de muertos y heridos, algunos con discapacidades permanentes y el gasto de enormes sumas de dinero (*). Este conflicto seguramente pasó a segundo plano al invadirse Iraq, distrayendo atención y seguimiento. Los generales confesaron que la guerra no se iba a ganar. Lo más cercano a eso era, seguir manteniendo el apoyo económico y militar (reducido pero con efectivos) y continuar metidos en esa guerra civil.

El Presidente Trump decidió sacar progresivamente las fuerzas armadas de Afganistán y los aliados (OTAN) fueron los primeros en irse. Esto fue socavando la moral y efectividad de las fuerzas afganas que a diario combatían contra los talibanes. Se inició un diálogo con ellos en Doha (Qatar) llegándose a un acuerdo con varias cláusulas. Entre ellas, que no se atacaría a las fuerzas de los EE.UU. ni a las otras en la retirada. Cosa que se cumplió. Otros objetivos eran que se formaría un gobierno de transición con las autoridades locales y los talibanes y que no se permitiría la presencia de organizaciones terroristas en el país. Los talibanes abrieron las cárceles. Pronto se verían las consecuencias.

Finalmente Trump dispuso retirar todas las tropas y a los ciudadanos norteamericanos (diplomáticos y contratistas) para el 1° de mayo del 2021. Pensaba ser reelecto. Respecto de los colaboradores afganos, aparentemente no se había previsto ese detalle, hasta que llegó Biden. Hubo cambios de fecha para atrás y para adelante. Con el nuevo Presidente se renegoció la salida para fines de agosto y así acomodar el éxodo de los auxiliares afganos.

Los militares confesaron que habían recomendado continuar manteniendo unos 2.500 a 3.500 soldados mas los "técnicos” (**) contratados, indefinidamente. Sin su presencia sabían que los talibanes triunfarían pero suponían que tomaría unos meses y no 11 días al fugarse el presidente afgano.

Ya con Biden quedaban 2.500 soldados que permanecerían solo hasta completar el éxodo de los civiles. Los interpelados justificaron la decisión de abandonar la base de Bagram por ser indefendible, por su lejanía con Kabul y la embajada. Se presumía que el perímetro del aeropuerto de Kabul estaría custodiado por fuerzas afganas leales que, como sabemos, se evaporaron antes de lo previsto.

Es por eso que Biden ordenó enviar, según los testigos, unos 6.000 soldados para completar el operativo

Salió a relucir que Rusia preocupada por el regreso de los talibanes al poder, había ofrecido alguna asistencia. Tema demasiado incómodo para andar ventilándolo en sesión abierta.

Al ganar Biden la elección, siguió el proceso iniciado por Trump. Recordemos que como vicepresidente de Obama abogaba por terminar el asunto. Este, con grandes dudas se dejó convencer de darle un tiempo más al proceso pero Biden no quiso seguir ese camino.

Dadas las circunstancias la retirada fue un gran logro para algunos y un caos para otros. Pudo ser un desastre para ambos. El futuro presenta grandes incógnitas.

(*) Dejaron de facturar allí billones: Aegis, Boeing, Dyncorp, Flour, General Dynamics, KBK (Kellog), Reyetheon, etc. Factor a tener en cuenta al analizar estos temas.

(**) Eran miles cumpliendo funciones de apoyo.

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