Matías Chlapowski
Matías Chlapowski

Una guerra mundial

En realidad, la primera guerra mundial se combatió entre 1754 y 1763. Fue conocida principalmente como la guerra de 1756 y 1763 o de los siete años, pero comenzó 2 años antes y duró 9.

Tuvo otros y variados nombres (por ejemplo, la guerra de Pomerania en la que lucharon mayormente Suecia y Prusia). Se libró en 4 continentes y tuvo amplísimas consecuencias y cerca de un millón y medio de muertos. Por un lado estuvieron Gran Bretaña, que salió en defensa de Hannover acompañada por Prusia y Portugal, los victoriosos contra Francia, Austria, Sajonia, Rusia, Suecia y España. Repasemos algunos acontecimientos.

Fue, por su vasta amplitud de escenarios, más importante que las posteriores Guerras Napoleónicas, que se desarrollaron básicamente en Europa, después de la revolución Francesa.

Entre otras cosas, la guerra de 1756-63 estableció la supremacía inglesa en los mares. Un ejemplo de su importancia estratégica fue cuando el almirante George Pocock liquidó las escuadras francesas en el océano Índico y cortó las comunicaciones y el abastecimiento entre Francia y sus tropas en la India. Hasta ese momento los franceses tenían una posición preeminente en el subcontinente. Tras las victorias británicas, al mando del General Robert Clive, sobre las francesas, la India terminó en manos inglesas por casi dos siglos.

Los franceses también perdieron sus amplias colonias en Canadá (y sus derechos de pesca en ese enorme litoral) luego de duros combates, involucrando a indios y colonos. Es entonces donde George Washington y otros americanos adquirieron experiencia militar y fue allí donde pudo perder su vida, en una derrota infligida por los franceses en Pittsburg —antes Fort Duquense— en 1755. Luego de un mal comienzo, Gran Bretaña nombró a James Wolfe, un Brigadier muy competente que derrotó a las más numerosas tropas francesas e indias, conquistando Quebec, la cuenca del río St. Lawrence y sus canales. Murió en combate, habiendo triunfado. Después, el General Jeffrey Amerherst conquistó Montreal y toda Canadá pasó al dominio de la corona británica. Francia además perdió la Luisiana, la enorme cuenca del Misisipí. Debió ceder las tierras al este del río al Imperio Británico y al oeste a España, en compensación por sus pérdidas. (La Luisiana Española luego fue comprada por Napoleón y después, vendida a EE.UU. por U$15 millones)

La lucha en Europa fue entreverada y sangrienta. Terminó con la conquista de Silecia por parte de Prusia que se la quitó al Imperio Austrohúngaro, apoyado por Rusia durante parte del conflicto. Esta llegó a ocupar parte de Prusia oriental (Berlín incluido) pero en 1762 murió la Zarina Isabel I y su hijo, Pedro III, que admiraba a Federico II de Prusia, hizo las paces, abandonando al Imperio austrohúngaro para ser derrotado por Prusia que emerge como gran potencia europea. España atacó a Portugal. Los ingleses hundieron muchos barcos franceses y españoles en el Mediterráneo y el Atlántico y hostigaron sus puertos y su comercio. Corrió mucha sangre en Europa.

Hubo duros combates en el Caribe, centro de la producción de azúcar y trata de esclavos como también en África occidental y las indias orientales.

La Guerra también tuvo sus efectos en la cuenca del Plata. Ceballos, gobernador de Buenos Aires, al enterarse de ella, ordenó a Saravia tomar por asalto Colonia del Sacramento, entonces en manos portuguesas —luego también Maldonado. Los ingleses y portugueses intentaron retomar la iniciativa pero fueron repelidos en Colonia donde su flota sufrió severas pérdidas. Ceballos siguió acosando al enemigo y se lanzó a la conquista de Río Grande do Sul, pero debió parar su ofensiva en 1763 cuando se firmó la paz. De hecho en esa guerra (as) se firmaron varios acuerdos de paz entre distintos países y fechas —Tratados de: San Petersburgo; de Hamburgo; de Hubertsburgo y de París.

Los ingleses tomaron La Habana (Cuba) y también conquistaron Manila (Filipinas). En los dos casos, con gran sacrificio por ambas partes. Esta última cayó después de haber sido firmado el fin de las hostilidades —las comunicaciones siendo entonces las que sabemos— y fue devuelta. Cuba también volvió a manos españolas, resultado de las negociaciones posteriores al cese el fuego y a cambio del territorio de Florida, que pertenecía entonces a la Corona Española. De esa forma toda la costa atlántica de Norteamérica quedó bajo el control del Reino Unido.

Las consecuencias de esta guerra fueron enormes. Afianzado su poderío, Gran Bretaña dio un gran impulso al comercio mundial que se combinó con la incipiente revolución industrial. Pocos años después, comenzó la rebelión en Norteamérica contra el poder colonial inglés. Francia, a pesar de haber quedado debilitada por la guerra, apoyó con dinero, pertrechos, tropas y la oportuna intervención de su flota, en el triunfo de la emancipación norteamericana, para declarar su independencia en 1776. El esfuerzo francés, con las arcas exhaustas, los altos impuestos y la pérdida de la cosecha por clima adverso, terminó en un caldo de cultivo que estalló en la sangrienta revolución. Del terrible caos surgió Napoleón, el que luego, entre otras cosas, mandó a invadir España y capturó a su rey. Estos episodios terminaron minando su dominio sobre Hispanoamérica y los nativos aprovecharon para comenzar sus movimientos independentistas.

Una nueva etapa había comenzado para el mundo. Se propagaron los valores democráticos y republicanos, plasmados en la constitución de EE.UU. como la separación de poderes entre el ejecutivo, el legislativo y el judicial; la separación entre iglesia y estado; la libertad de culto, etc.

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