Matías Chlapowski
Matías Chlapowski

Un gran Presidente

No hubo otro parecido. De enorme capacidad de trabajo, fortaleza física, intelecto inquisitivo, ecléctico, con visión y coraje. Nunca paraba. Su corpulencia apenas podía contener la exuberancia que rebalsaba por donde uno quisiera mirar.

Se llamaba Theodore Roosevelt. Fue hombre de campo, un verdadero "cowboy”, cuando hizo luto al enviudar de su querida mujer. Se graduó de Harvard, fue político, soldado -el único presidente que fue condecorado con la más alta distinción, the Congresional Medal of Honour durante la liberación de Cuba.

Hijo de una familia patricia y acaudalada de New York, de origen holandés, de joven demostró una fuerte vocación por el servicio público. Su "cursus honorum" fue rápido y ascendente. Su accionar era mejorar lo que se hacía, cambiar lo que estaba mal y emprender nuevos desafíos. Entre ellos, moderar los privilegios de los poderosos y combatir la corrupción.

Escritor, explorador, historiador y hombre de acción; diputado estadual, Jefe de policía, Sub Secretario de Marina. Gobernador de NY, entonces el estado más poblado e importante de la Unión. Pronto, llegó a formar parte de la fórmula ganadora en las elecciones nacionales de 1900 y al ser asesinado en 1901, el Presidente William McKinley, Roosevelt asumió el cargo con 42 años convirtiéndose en el mandatario más joven de EE.UU.

Su presidencia fue signada por enormes cambios tecnológicos y geopolíticos en el mundo. Theodore Roosevelt quiso estar en la vanguardia. Fue un líder dinámico, unificador en su mensaje y revolucionario, verdaderamente progresista, para el bien de su patria a la que amaba. Se podría decir que fue el primer presidente moderno de EE.UU. y quizás del mundo. Imposible describir aquí todas las cosas que impulsó. En el Quai d’Orsay lo reconocieron como la personalidad más significativa desde Bismark. Recordemos algunos hechos, sin especial orden: invitó a comer a la Casa Blanca a Booker Washington, dirigente negro, provocando tremendo escándalo, no solo en su país. Tuvo que pasar un siglo para que el inquilino de esa mansión fuese hijo de padre africano.

Impulsó el proyecto del canal de Panamá. Colombia llevaba un tiempo negociando con los EE.UU. para encararlo nuevamente, pero la postura del gobierno era ambivalente y esquiva, por falta de consenso y problemas políticos internos.

El interés en construir el canal -obvio hoy en día- era una prioridad para Roosevelt. Comprendía su significado para las comunicaciones, el comercio internacional y su relevancia estratégica. Ansioso, no quiso demorar más. En la zona del istmo (Panamá) existía una corriente secesionista y cuando Colombia no dio lugar a "cortar su territorio en dos", estalló una revolución panameña, apoyada por EE.UU.

Se reencausó el fallido emprendimiento francés, pero con una concepción tecnológica totalmente distinta (la construcción de represas en las alturas para surtir agua a las exclusas y así levantar los barcos por encima del nivel del mar y permitir su paso entre la cordillera). El Congreso votó en 1902 los fondos necesarios para su financiación. Se logró su construcción en tiempo récord, al mismo tiempo que se implantaron medidas sanitarias para derrotar al paludismo que había hostigado a la anterior hazaña. Roosevelt visitó Panamá mientras el "know how" de su país hacía posible la obra.

Fue uno de los primeros líderes mundiales preocupados por la ecología y quiso preservar zonas de su país para que lo disfrutaran futuras generaciones, estableciendo grandes parques nacionales. Auspició la fundación del Museo de Historia Natural en Nueva York que bien merece más de una visita con la familia.

Tenía claro la importancia del dominio del mar. Inclusive antes de ser presidente, abogó con pasión y éxito por una flota moderna que condijera con la creciente importancia del país como potencia emergente. Esta ya había sido comprobada al estallar un altercado con España. Ocurrió luego de la fatal explosión de un acorazado norteamericano, el Maine, de visita en Cuba.

Este episodio, salpicado por toda clase de interpretaciones conspirativas, salvo la causa más probable de un accidente, fogoneado por la prensa amarilla, derivó en una guerra en la cual la flota española fue derrotada y los EE.UU. ocuparon Filipinas, Cuba y Puerto Rico. Más adelante Roosevelt ordenó una gira de sus acorazados por los mares del mundo con un claro mensaje. Cuando un griego - norteamericano fue secuestrado por peligroso bandido marroquí, en vez de pagar rescate, Roosevelt envió a Marruecos 7 barcos de guerra y un contingente de infantería de marina con la siguiente advertencia: "Perdicaris vivo o Rasuni muerto". El primero apareció vivo al poco tiempo y terminó sus días en Londres. Se presume que el Sultán pagó el rescate para evitar una guerra, mientras Rasuni siguió haciendo fechorías.

La flota sirvió a su vez, para disuadir a Alemania de invadir Venezuela, con el fin de cobrarse una deuda. Roosevelt no estaba en desacuerdo con "castigar" a quienes se portaban mal y no cumplían con sus obligaciones, pero no aceptaba la injerencia de potencias extranjeras en el continente americano y menos lo que se acostumbraba; desembarcar en el puerto de un país, tomar la aduana, y cobrarse los impuestos hasta satisfacer las deudas. Ratificó la doctrina Monroe.

Luchó contra los monopolios que habían surgido y adquirido un enorme poder que aprovechaban a su antojo (enfrentando entre otros a John D. Rockefeller de la Standard Oil Company, a la que obligó a dividirse en cinco grandes empresas) encausando o limitando su expansión a través de leyes y una activa supervisión. También enfrentó firmemente a los sindicatos y actuó eficazmente en la resolución de conflictos que amenazaban el apogeo industrial y la creciente riqueza del pueblo norteamericano.

Al terminar su mandato, muy popular y pudiendo ser reelecto, decidió irse al África en un extenso safari. Las comparaciones entristecen.

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