Matías Chlapowski
Matías Chlapowski

La Gran Guerra

Se ha puesto de moda eso de que todos tienen la culpa en el estallido del conflicto, atribuyéndolo al sistema de alianzas entrelazadas. O sea, todos comparten la responsabilidad.

Mientras se celebraban en Francia los 100 años del fin de la guerra, fue reconfortante escuchar a Angela Merkel asumir que fue Alemania la que desató los dos conflictos mundiales el siglo pasado. Lo dijo sin tapujos. Una gran dama esta primera ministra que se atrevió a hacer una aseveración que a más de uno no le habrá gustado.

Tanto Macron como Merkel enfatizaron como gran objetivo, trabajar para mantener la paz, hoy asechada por fantasmas bélicos. Ambos hicieron hincapié en el multilateralismo y la interdependencia y abogaron elocuentemente tanto a favor del patriotismo como en contra del nacionalismo.

La Gran Guerra tuvo como principal causa que Prusia (Alemania) y el Imperio Austro-Húngaro por un lado y el ruso por el otro, fueran autocracias imperiales. En esos regímenes les era más fácil a los poderosos imponer su voluntad, amenazar y reprimir cualquier oposición. Movilizar a las fuerzas armadas, encaminarse hacia la guerra y desencadenarla, al tener menores frenos o necesidad de consultas, ya sea con partidos políticos o dependiendo eventualmente del voto favorable de un parlamento o un gabinete, en caso de cumplir con las obligaciones de una alianza. En esos imperios —sus jerarcas eran casi todos miembros de la aristocracia reinante— las fuerzas armadas naturalmente más proclives a guerrear, tenían mayor peso político que en las democracias consolidadas como Francia y Gran Bretaña (GB). Esta última entró en guerra recién después de que Alemania atacase a Bélgica, dado que le convenía a su ejército pasar a través de ese país para invadir Francia. Fue entonces, debido a los pactos preexistentes, luego de dudas y deliberaciones con sus ministros y previo a la requisitoria que se retiraran las tropas alemanas invasoras de los belgas, que GB decidió cumplir con su promesa de proteger al reino de Bélgica, sumándose a Francia para detener avance prusiano.

La Gran Guerra se libró fuera de las fronteras de Alemania y Austria. Su población civil no la sufrió directamente en su tierra (la guerra en Europa se dio principalmente en Francia, Bélgica, Italia, y lo que es hoy Polonia, Rusia, Lituania, Bielorrusia, Ucrania, Rumania, Serbia, Bulgaria, etc.). Obviamente sintieron al principio restricciones alimentarias y comerciales. Faltaban los productos importados y llegó luego el racionamiento (cupones para comprar, víveres, carbón, queroseno, etc.). Los hospitales cada vez más atestados de heridos y los partes de bajas crecían, teniendo que informar a las familias de la muerte de sus hijos. Pero sus casas no fueron dañadas, ni sus campos, escenarios de batallas. Cuando ocurrió el armisticio, algunos alemanes no podían creerlo. No admitían mentalmente la derrota, que se terminó firmando medio año más tarde, en Versalles. Los aliados no penetraron ni un metro en sus fronteras. En cambio, las tropas germánicas llegaron bien adentro de Francia y Bélgica. Para Hitler y muchos otros, el armisticio fue una traición y aparecieron "los culpables" de siempre. Los judíos, la masonería, los banqueros, los industriales. Razón que explica el que una generación después ocurriera otra guerra mundial. No es de extrañar entonces, que en la Segunda Guerra Mundial los aliados hayan exigido una rendición incondicional. Para lograrla tuvieron que derrotar al ejército alemán e invadir su terruño, a diferencia de lo sucedido la primera vez.

Las batallas no terminaron todas el 11 de noviembre de 1918, sino que en el este continuaron luchando hasta el año 1923. La Primera Guerra Mundial abonó el triunfo bolchevique en Rusia (1917) que terminó con el tratado de Brest-Litovsk (3 de marzo de 1918). Un pacto de paz entre el eje y los soviéticos que pronto desembocó en una feroz guerra civil en Rusia. En favor de los rusos blancos hubo un cierto apoyo occidental de dinero y se enviaron unos pocos miles de soldados. Pero a medida que triunfaba el ejército rojo, hábilmente comandado y pertrechado por Trotsky, comisario para la Guerra, el problema para ese pequeño contingente militar derivó en cómo escapar de Rusia. Afortunadamente estaban cerca de la costa. Entre otras cosas, los comunistas rusos invadieron Polonia en febrero de 1919, país que acababa de resucitar (después de años de ocupación compartida por Rusia, Prusia y Austria). El enemigo llegó hasta las puertas de Varsovia pero los polacos lograron revertir el curso de la guerra y derrotaron al numeroso ejército rojo y mantuvieron su frontera. Aproximadamente la acordada en el pacto de Versalles.

Múltiples conflictos se desataron en los Balcanes y en el este, resultado del desmembramiento del imperio Austro-Húngaro, y el debilitamiento del imperio otomano. Por mandato de la Liga de las Naciones, GB, Francia e Italia recibieron las colonias que habían estado en manos turcas. Por el año 1923, terminó por fin la lucha en esos teatros.

Las consecuencias de esa cruel y estúpida guerra entre primos dejó muchas cicatrices, además de 37 millones de muertos entre militares y civiles, así como un inmenso número de heridos y mutilados, muchos de los cuales quedaron inválidos para toda la vida.

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