Matías Chlapowski
Matías Chlapowski

Elecciones en EE.UU.

Se vienen las elecciones norteamericanas. Tiempo atrás Luis Alberto Lacalle Herrera comentaba, “no es una elección sino, varias”. Son más de cincuenta que se celebran el mismo día, excepto que el proceso ya ha empezado, por correo.

En cada Estado, en el distrito de Columbia (DC), en Puerto Rico y algún territorio más se vota, se supone, por el presidente y vice pero en realidad es para elegir electores y estos formalmente eligen al Presidente. Personas prestigiosas de cada Estado, pero ni funcionarios, ni con cargos electos.

En el siglo anterior, a pocas horas de terminados los comicios e inclusive antes, se sabía quién había triunfado. Los medios basándose en datos históricos, tendencias y fórmulas estadísticas, proyectaron desenlaces con gran acierto.

En dos ocasiones no muy lejanas hubo sorpresas. La más distante fue cuando el New York Times en su edición matutina anunció la victoria de Thomas A. De-wey (R). En el Este, (más temprano por la diferencia de horario) los resultados favorecían ampliamente al candidato republicano, pero el chasco sorpresivo vino de la costa oeste que se inclinó por Harry S. Truman (D) dándole el triunfo.

La solución del tropiezo más reciente fue larga y complicada. Al Gore competía con George W. Bush y faltaba el resultado de quién se llevaría los 27 votos electorales del estado de Florida. El recuento venía difícil, las diferencias entre los candidatos eran mínimas. Gore venía ganando por más de medio millón a nivel nacional, pero como se explica más adelante, eso no cuenta. Finalmente se anunció que Bush había ganado en Florida por una pequeñísima diferencia. La coincidencia que el Gobernador de ese estado fuese Jeff Bush, hermano de su rival y la fiscal general del mismo signo político despertó alguna sospecha. Al Gore interpuso un pedido de recuento manual, voto por voto. Se armó una tremenda trifulca legal. Bush, su adversario, se opuso y el caso llegó a la Suprema Corte de Justicia. Varias semanas pasaron hasta que esta, en una sentencia ajustada, (5 a 4) negó el pedido de Gore. No hay espacio para explayarse sobre los méritos de los numerosos argumentos pro y contra, tampoco sobre la opinión de la minoría. Gore no había agotado todos los resortes legales, pero para evitar una enorme crisis institucional a su país, concedió con gesto digno su derrota.

De haber ganado Gore, uno se pregunta si los EE.UU. hubieran invadido Iraq, o si se hubiera evitado la crisis financiera del 2008/9 o cómo la hubieran navegado. También era muy probable que impulsaría medidas claves contra el cambio climático.

El Colegio Electoral es fruto de la preocupación de los padres fundadores que al poner en funcionamiento la primera república de la era moderna, temían por su suerte. Por ese motivo evitaron el voto directo para presidente y senadores.

Al redactar la Carta Magna, estos patricios quisieron proteger su noble experimento y evitar que cayera en manos de algún populista charlatán o de un tirano demagogo. Salvo tres de los Padres Fundadores, Adams, Hamilton y Franklin, el resto (Washington, Jefferson, Madison, Jay) eran terratenientes del sur de EE.UU., de mentalidad tradicionalista. Desconfiaban de la gente de las grandes ciudades (Boston, NY y Filadelfia) por lo tanto, asignaron a los estados rurales y menos populosos de la Unión, un mayor peso electoral.

Además, los electores, escogidos por y entre los notables de los partidos en teoría podrían votar por algún otro que no fuera el candidato designado de suceder algo inesperado o una tragedia. Ahora las legislaturas de 26 Estados obligan, (bajo juramento) a votar por el candidato que ganó la elección (pero ¿y si muere alguno entre la fecha de la elección y la de asunción?) Otros Estados lo requieren, pero no lo obligan. Al Presidente y vice lo elige el Colegio en sesión de la Asamblea Nacional el viernes 6 de enero siguiente. Como vemos, la elección es indirecta. Los padres fundadores preveían tener a través de este mecanismo la posibilidad de sustituir al candidato en caso de muerte u otra incapacidad.

El número de electores es igual a la cantidad de diputados y senadores de cada estado y es allí donde los padres de la Carta Magna metieron su protección. Para ilustrar el punto, California hoy tiene una población de 39.5 millones. Wyoming tiene 570 mil y ambos tienen 2 senadores.

El mandato de los electores es votar al ganador, “winner takes all”, excepto en Maine y Nebraska, donde es proporcional.

En 5 instancias quien sacó más votos a nivel nacional perdió por la composición del colegio electoral. El último caso fue el de Hillary Clinton que obtuvo casi 3 millones de votos más que Donald Trump, pero este último ganó por un 55% en el colegio electoral.

El comportamiento histórico de los votantes de muchos estados se puede predeterminar con buen margen de certeza como por ejemplo Texas (republicanos) y (demócratas) New York. No es el caso de Florida, Pennsylvania, Ohio, Michigan, Wisconsin, etc. Los llamados “swing states”.

Los candidatos, sus partidos políticos y nosotros co-mo observadores, debemos concentrarnos en este aspecto. También harán los hackers, los servicios de inteligencia de potencias extranjeras y las campañas de desinformación por un lado y la contrainteligencia del FBI por otro, para evitar “interferencias”.

Ha quedado demostrado que Rusia, aunque lo niegue, intervino en forma masiva en la última contienda electoral.

Si al final fue determinante, no lo sabremos nunca. Tampoco fue la primera vez en su historia, ni será la última. “Atentti”.

Con el probable aumento de votos por correo, estigmatizado por Trump, consecuencia del Covid y la dificultad de identificar a votantes y lugar de residencia, en un país de gran movilidad, y donde no existe un documento de identidad, se puede repetir en varios estados, un escenario similar al de Bush-Gore en Florida, y además ahora con un Presidente como Donald, con pocas ganas de dejar el puesto. Complicado.

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