Matías Chlapowski
Matías Chlapowski

Creadores de riqueza

A pesar de la gran concentración de riqueza actual, sería un gran error quitar estímulo a los emprendedores y a los inversores, como pregonan algunos con el objeto de "corregir" la desigualdad.

Estos empresarios, por la confianza que tienen en sí mismos, su temple y tesón, son los que transforman y enriquecen a la sociedad. La herramienta impositiva usada juiciosamente debería ayudar a mejorar la distribución de la riqueza, cuidando de no quitar el aliciente a quien toma riesgos y se esfuerza.

Los acontecimientos en el mundo llegado el siglo XIX, ocurrían a la velocidad de la vela: dependiente del capricho del viento, los conocimientos del capitán; la de un caballo o camello y la destreza del jinete; la paloma mensajera y el sistema de chasquis en el imperio del Inca. Estos factores marcaban los límites para el traslado de información. Fueron los grandes cambios tecnológicos los que permitieron a la raza humana pegar un salto cuántico y despegar. El motor a vapor, el telégrafo y el descubrimiento de la electricidad dieron el primer empuje vital al vertiginoso progreso que se desató entonces. Antes, la subsistencia del hombre, excepto la de unos pocos, estaba atada a los cultivos, a la minería, a los animales y la pesca. Eran pieza clave los artesanos y sus conocimientos pasados de una generación a otra. A pesar de las limitaciones, se construyeron pirámides, acueductos, puentes, palacios, catedrales, barcos, carruajes y telares. Para ese entonces el hombre había acumulado conocimientos y su difusión lentamente daba sus frutos, gracias a Gutenberg y su imprenta. Existían importantes centros de estudio y también había moneda y ahorro.

Los arquitectos hacían lo suyo, los matemáticos proyectaban ecuaciones, desarrollaban teoremas y cálculos, los banqueros prestaban, los legisladores redactaban leyes, los abogados preparaban contratos, pero para movilizar los recursos, faltaba el principal ingrediente del progreso: el gran empresario. ¿Que hubiera pasado con el genial Da Vinci con un respaldo de ese tipo?

Hemos aprendido que son tres los factores de producción: los recursos naturales; la mano de obra y el capital. Pero el rol del empresario se debería considerar como el cuarto y determinante factor, porque es quien lleva cabo y hace realidad las ideas, suyas o ajenas. Expone su reputación, invierte su capital o el de otros a quienes ha convencido, contrata, dirige a los obreros y utiliza los bienes de la naturaleza o la ciencia para realizar su proyecto.

Emprendedores siempre tuvo el mundo. El granjero es un buen ejemplo. Prepara la tierra, siembra, desmaleza, irriga -si puede-, cosecha, separa, seca, embolsa y trata de vender el grano. Se aventura y aunque los pequeños y medianos empresarios son esenciales para que funcione la economía, los mega empresarios son aquellos que llevan a cabo transformaciones trascendentes. Apuestan con frecuencia a un invento o descubrimiento propio o detectan algo en lo que se concentran.

Algunos se convierten en personas muy ricas y poderosas. Otros se funden. Está en su naturaleza ser tenaces e implacables para lograr su cometido. La codicia o la gloria, el poder y muchas veces también el orgullo de su obra o su aporte a la sociedad los impulsa. Muchos dejarán fortuna a sus descendientes, otros no y a menudo terminan donando arte a museos, patrocinan orquestas, pintores, asemejándose a los reyes, mecenas y nobles de otros tiempos. Apoyan a centros de investigación y medicina. Vacunan y dan de comer a cientos de miles. Terminan filántropos.

Para conducir sus empresas se rodean de administradores, profesionales y especialistas que los ayuden a manejar sus compañías, amén de empleados para tal y otro menester, así como asesores políticos e impositivos. Adquieren campos o islas, aviones privados, patrocinan grandes restaurantes, compran equipos de fútbol y ... despiertan envidia.

Recordemos los nombres de los más importantes magnates que sin duda ayudaron a hacer grande y poderosa a EE.UU. El más emblemático del siglo XIX y XX fue John D. Rockefeller (1839 -1937) que desarrolló el petróleo y la gasolina (Standard Oil Company) y la hizo accesible al pueblo. Su fortuna llego a representar el 2,5 del PBI de su país. Para dar un ejemplo de su poderío y capacidad, en medio de la gran depresión lanzó la construcción un enorme complejo de edificios en el centro de Manhattan que hoy lleva su nombre. Otros fueron Andrew Carnegie, Cornelius Vanderbilt, John Astor, Henry Ford, JP Morgan, Henry Clay Frick, etc. Luego de esa primer ola de magnates, claves en el progreso de su país, con la construcción de la red ferroviaria, eléctrica, telefónica y el advenimiento del automóvil y el avión, esas enormes riquezas se diluyeron por efecto las donaciones que fueron masivas, razonables impuestos y la distribución de la fortuna entre los herederos. La sociedad volvió a ser más igualitaria entre los años 1950/90.

Esta tendencia se revirtió con la reciente revolución tecnológica, encabezada por Bill Gates (Microsoft), Steve Jobs (Apple), Jeff Bezos (Amazon) y nuevamente ocurrió una tremenda concentración de opulencia junto a otros que lograron subirse a la ola, en contraste a la exclusión de los que no se adaptaron. La historia se repite.

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