Matías Chlapowski
Matías Chlapowski

China y el mundo

Desde hace años repetimos en occidente que el único sistema legítimo que brinda a sus ciudadanos la oportunidad de prosperar es la democracia representativa.

Lo aseveramos con convicción. Esto presupone que la mayoría de los votantes sabrán escoger bien a sus líderes. El sistema para que funcione adecuadamente requiere que exista(n): partidos políticos afianzados, candidatos responsables, paz, elecciones libres, una justicia efectiva, una economía de mercado, una tradición ética de trabajo, una moneda confiable, impuestos razonables, educación, movilidad social, una prensa libre que vigile y denuncie excesos, etc. Si a esto le agregamos estadistas de temple y empresarios exitosos, la cosa andaría de maravilla.

Lamentablemente, este es apenas el caso de un grupo de países. Los EE.UU., Canadá, parte de Europa, Japón, Australia, Corea del Sur, Nueva Zelanda y alguno más. El resto va a los tumbos y muchos progresan poco. La India, la democracia más populosa del planeta también crece, pero más despacio. Parece difícil que se conjuguen favorablemente los requisitos arriba mencionados, inclusive cuando de yapa algunas naciones tienen enormes riquezas naturales y otras ventajas como la Argentina, para citar un caso cercano. Y allí también se vota.

A todos acecha el fantasma del populismo, las votocracias, la decadencia y los demagogos. Y uno se pregunta sobre el voto obligatorio, sobre si vale lo mismo el de un padre de familia, un propietario, un trabajador que paga impuestos y educa bien a sus hijos y el de un delincuente o un virtual analfabeto subsidiado.

En China, en cambio, no se vota. Por lo menos, no de acuerdo a nuestros parámetros. El Partido Comunista Chino (PCC) gobierna a través de una meritocracia competitiva. Sus cuadros se forjan empezando en los primeros peldaños de la estructura del PCC que selecciona a jóvenes, para nombrarlos jefe de una aldea, una escuelita o un puesto en la dependencia de una pequeña empresa pública. Su desarrollo y desempeño es observado por el Departamento de Organización (recursos humanos) del PCC que mide su capacidad de gestión, adaptación, transfiere, premia, promueve, detiene o descarrila su progreso, a todo nivel. A medida que avanzan los más aptos y dedicados, se les añaden responsabilidades, exigen estudios y les asignan desafíos más complejos. Una vez que llegan a los más altos estratos del partido, habrán manejado con solvencia provincias o reparticiones con cientos de millones de habitantes, universidades, o empresas públicas, con presupuestos y ventas billonarias. Hace poco se ha permitido el ingreso a altos niveles del partido, a líderes empresarios multimillonarios. Una interesante prueba de pragmatismo.

Para comprender a la China hay que entender que es una gran civilización con más de 4.000 años de antigüedad. También recordar que en un momento de decadencia del Imperio, las grandes potencias de entonces se aprovecharon, y en los siglos XIX y mitad del XX en forma vergonzosa, intentaron someter y desmembrar su unidad. (Gran Bretaña forzó la entrada del opio para resolver su problema de balanza de pagos. Se apropió de Hong Kong, etc.). En los próximos 10 años China, pasará a ser la primera economía del mundo. Tiene hoy el ejército más grande y unos 800 dispositivos termonucleares. Igual se siente cercada y sigue invirtiendo en defensa.

Un amigo contaba que la primera vez que visitó China, en los edificios se acumulaban excrementos humanos, en cajas o bidones, que luego se recogían para fertilizar cultivos. Cundía el tifus. El hedor en muchos lugares era repugnante. La comida era racionada, tantas calorías por persona. Dos personas por cama en los hospitales. Ya no. Sus habitantes gozan cada vez de mayor bienestar gracias a su esfuerzo y sistema de gobierno, aunque sin elecciones, excepto dentro del partido, un 7% de la población.

Conviene reconocer dos grandes iniciativas de Deng que permitieron el desarrollo que observamos. I) El impulso a la excelencia y a la educación, permitiendo a millones de chinos que estudien en las más prestigiosas universidades del mundo. II) Consagró el derecho a la propiedad privada y el desarrollo del capitalismo dentro del comunismo, de manera sui géneris. Gracias a este curioso cocktail lograron salir de la pobreza.

Es evidente el éxito chino. En 30 años, 600 millones escaparon de la miseria. Aumentó la expectativa de vida (de 41 años a 74), mientras por otra parte, se ven los mediocres resultados de la gran mayoría de los estados del mundo. Por lo tanto, es presuntuoso pretender que el único modelo aceptable sea el nuestro.

Hay que reconocer que China ha implantado un régimen beneficiando sustancialmente su calidad de vida. Quedan pendientes algunos temas que limitan libertades individuales que nosotros pensamos se deberían mejorar. El sistema quizás evolucione y autocorrija esos aspectos al igual que otros como la corrupción, un mal reconocido (niveles similares a India e Italia según TI) y la polución. Veremos si logran enmendar el primero. El segundo se combate con un fenomenal desarrollo del transporte público, energía renovable y nuclear, autos eléctricos etc. Finalmente, hagamos votos para que la reciente guerra comercial termine de una vez.

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