Matías Chlapowski
Matías Chlapowski

Los buenos y los malos

Sin apartarnos mucho de la actual hecatombe viral, conviene reflexionar sobre los sistemas de gobierno que existen, su sustento ideológico o falta (de él) y el éxito que tienen o no, en brindar a su pueblo lo que necesita.

En ofrecerles un ámbito donde las personas puedan alimentarse, vestirse, estudiar y trabajar labrando su destino, formar familia y jubilarse luego de haber hecho su aporte a la sociedad, hasta cumplir su ciclo de vida.

Para que eso funcione se necesitan dos cosas, un sistema de gobierno que brinde certezas, paz, justicia, seguridad, fije políticas de Estado para el beneficio de la población y exista cier- ta cultura ciudadana que acompañe. Todo esto, con buen liderazgo e instituciones asentadas, puede hacer maravillas. Por ejemplo, Singapur, autocrático; Alemania, Australia, Canadá, Suiza o Finlandia, democracias parlamentarias; Japón, Suecia y Noruega monarquías constitucionales; Arabia Saudita, monarquía absolutista y teocrática; EE.UU. república federal presidencialista; Uruguay y Chile, repúblicas democráticas presidencialistas y finalmente China, con gobierno de partido único.

Cualquier observador honesto, del signo que sea, estará de acuerdo con las premisas esbozadas arriba aunque discrepe en cómo lograr que la vida se desarrolle en armonía. Según las culturas habrá otros requisitos para definir su signo o tendencia, como más o menos libertad personal, de género, de prensa, de culto para así satisfacer aspiraciones o necesidades, pero lo esbozado abarca lo básico.

Por lo tanto, en el mundo tenemos países exitosos que progresan, otros que decaen y muchos que andan a los tumbos. Los hay que son más de “derecha”, de “centro” o de "izquierda". Pero sobre todo debemos reconocer que existen los buenos y los malos gobiernos y sistemas que evolucionan o no, para mejorar su gestión en beneficio de la gente, mientras otros decaen en desmedro de la población, mientras los gobernantes amasan fortunas.

Dentro de este arco iris están las democracias más o menos tradicionales, las “cleptocracias”, las “votocracias” o parodias tras las cuales se legitiman algunos líderes políticos o militares, ya sean populistas, derechistas o izquierdistas, las dictaduras tradicionales y ahora ¡un narco Estado! No vale la pena dar nombres.

Pero las disquisiciones conceptuales de tinte filosófico terminan siendo áridas, así que vayamos a un caso para analizar: la evolución de China.

Esa gran nación homogénea a la que le debemos entre otras cosas, inventos como la brújula, la pólvora, la seda, los fideos y cerca en el tiempo, la abundante manufactura de bienes de consumo masivo y la electrónica; desde lo más sofisticado a lo más elemental.

China, la que siempre ha existido desde que el hombre se puso a trabajar la tierra, comenzó un nuevo ciclo en los últimos 70 años de sus 5.000 de historia, con la derrota del Kuomintang (partido nacionalista) y el triunfo de los comunistas liderados por Mao Zedong, que se impuso en forma cruenta e implacable.

Tiene por delante un tremendo desafío, un país sobrepoblado, empobrecido y devastado por décadas de conflicto interno con los señores de la guerra y con varias potencias extranjeras que acosaban al imperio a las postrimerías de la última y ya decadente dinastía Tsing (1644- 1912).

China se había quedado atrás en la revolución industrial, parecía no interesarle el tema pero los mercaderes extranjeros veían al imperio como un gran mercado. Con el apoyo de sus gobiernos forzaron su apertura. En 1972 comienza a aplicarse el control de la natalidad (un hijo por matrimonio) que empezó al final de la era maoísta para evitar el exponencial crecimiento de la población.

El vuelco para aumentar el desarrollo de la economía lo da Deng Xiaoping con las reformas que empiezan en 1981, permitiendo la propiedad privada y poco a poco soltando las riendas que tenían sujeto al gigante. En pocos años de la pobreza salió más de la mitad de la población y se convirtió en la primera potencia industrial y la segunda economía del planeta.

¿Cómo obtuvo China semejante hazaña en 40 años? Permitiendo la vuelta del capitalismo. Preparó al país para modernizarse enviando al exterior a millones de sus más ambiciosos jóvenes. Xi el actual líder, años atrás estuvo dos veces en EE.UU. para estudiar y especializarse. Hoy existen allí importantes empresas privadas con propietarios billonarios en dólares.

Lo más interesante de esta transformación ha ocurrido en los cuadros del partido comunista convertidos en una meritocracia administrativa de los resortes del estado que evoca a los mandarines de antaño. El cambio ha sido enorme y rápido. ¿Quién puede decir que estos últimos gobiernos no son lo que conviene al pueblo de su país?

En Occidente podríamos aprender de ellos mucho y ellos de nosotros; más libertad y transparencia. Recordemos si no, al fallecido Dr. Li Wenliang y a la desaparecida Dra. Ai Feng.

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