Martín Aguirre
Martín Aguirre

Volviendo a Noruega

Esta columna seguramente haga enojar a dos grupos de personas: a economistas y a opositores. Es que en las últimas semanas técnicos cercanos al gobierno han buscado poner sobre la mesa otro debate bien propio de la "agenda noruega" que, a contrapelo de las urgencias que exhibe Uruguay regularmente, tanto gusta a algunos dirigentes: el impuesto a las herencias.

El discurso es claro. Uruguay ha reducido la desigualdad económica en estos años de manera importante, pero el proceso se encuentra estancado. La solución sería que el Estado se apropie mediante un nuevo impuesto de parte del dinero que "los ricos" le dejan a sus familias y con ello lograr más recursos para el gobierno, a la vez que igualar el punto de partida del que salen los uruguayos cuando inician su vida económica.

La idea, de por sí, parece brillante. Y nadie con un poco de corazón o ese sentido igualitarista tan uruguayo, podría oponerse. Pero, nada es tan fácil en esta vida. Y quienes impulsan esta idea suelen dejar de lado dos razones centrales para descartarla.

La primera, es el pésimo resultado que la misma tiene donde se ha implementado. Curiosamente, dos de los países donde el impuesto a las herencias tiene tasas más elevadas son nada menos que Estados Unidos y Gran Bretaña, donde ronda el 40%. Algo que deja como nada nuestro 3% de ITP.

Sin embargo, ambos países son la gran bestia negra de los paladines del igualitarismo estatista. En el caso de EE.UU., porque tiene el peor índice Gini de cualquier país desarrollado. Y en el de los británicos, por tener el peor dato de movilidad social de Europa. Lo cual debe decir algo sobre el resultado final de las bondadosas intenciones de un impuesto así.

Hay otro dato interesante que arroja analizar como funciona este impuesto en estas naciones anglosajonas. En EE.UU., pese a esa tasa casi confiscatoria, se trata de un impuesto que recauda muy poco. Esto porque quienes tienen suficiente dinero logran apelar a sofisticados mecanismos jurídicos para escaparle todo lo posible. Algo parecido a lo que ocurre en Gran Bretaña, donde además debido al reclamo popular, cada pocos años se eleva lo que sería el mínimo que se puede gravar.

Resumiendo, en dos países donde le gente suele ser bastante más prolija que en Uruguay para pagar impuestos, ese gravamen ni logra atacar la desigualdad ni aporta mucho al Estado. Pero seguro que acá lo diseñaríamos mucho mejor, quédese tranquilo.

La segunda razón que mencionamos para ver con malos ojos esta idea, es el funcionamiento del propio Estado uruguayo.

Los datos muestran que en 2004 el Estado funcionaba con un presupuesto de unos 3 mil millones de dólares al año. En 2017 hubo un ingreso de más de 17 mil millones de dólares. ¿Se han multiplicado por cinco los beneficios al ciudadano común? ¿Ha mejorado cinco veces la salud, la educación, la seguridad?

La respuesta es obviamente que no. Y, por otro lado, lo que sí se ha multiplicado exponencialmente es el derroche que se hace en ese Estado del dinero que se extrae con impuestos. Con lo cual parece obvio que al día de hoy el gran problema de Uruguay no es tanto generar masivos nuevos ingresos de dinero al gobierno, sino que este haga mejor uso de lo que cosecha. O al menos esa debería ser una condicionante previa y no negociable si se quiere aumentar la carga tributaria.

Decíamos al inicio que la nota haría enojar a algunos economistas. Y se debe a que a esta altura resulta frustrante la forma en que algunos técnicos de esta profesión usan y abusan de la misma para vestir ciertas posturas ideológicas, que en general han tenido resultados funestos cada vez que se han aplicado, con elaborados ropajes técnicos que hacen imposible una discusión clara.

Y como algunos agregan a su condición de economistas el hecho de ser "de izquierda", como si una ciencia (es lo que nos dicen que la economía es) pudiera arribar a distintos resultados según la ideología de quien la sustenta.

Si usted gasta cada año sistemáticamente un 3,7% más que lo que produce todo el país, ¿puede eso ser visto como bueno si vota a determinado partido? Si cualquiera con buena fe sabe que en Uruguay "los ricos" son cuatro, y que la cantidad adicional que se les puede sacar no da ni para tapar los baches de la Ruta 8, ¿se puede seguir insistiendo con que hay bolsones de riqueza al alcance de la mano?

También sugeríamos que este comentario molestaría a opositores. Ahí se aplica la máxima de que cuando ves a tu adversario cometer un error, no lo interrumpas. Parece haber pocas ideas más alienantes para la clase media uruguaya, esa que está dudando como nunca sobre su voto, que se le empiece a hablar de más impuestos. Y lo que pasó con el IRPF deja en claro quiénes terminan pagando. Cuando se comprueba que no hay mucho "rico" al que sacarle más, la casita familiar del balneario, o el apartamento del abuelo en el Centro, rápidamente se convierten en frivolidad burguesa digna de redistribución.

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