Martín Aguirre
Martín Aguirre

La viveza criolla

Parece mentira. Apenas una semana después de la eliminación de Uruguay, y todo el episodio de la mordida de Luis Suárez, da la impresión que los hechos hubieran ocurrido hace meses. Sin embargo, los eventos disparados por este insuceso han removido aguas profundas, prometen generar nuevas tormentas, y, sobre todo, obligan a replantearse algunos mitos sagrados del ser nacional reciente, muy golpeados por el resultado de toda esta telenovela.

Parece mentira. Apenas una semana después de la eliminación de Uruguay, y todo el episodio de la mordida de Luis Suárez, da la impresión que los hechos hubieran ocurrido hace meses. Sin embargo, los eventos disparados por este insuceso han removido aguas profundas, prometen generar nuevas tormentas, y, sobre todo, obligan a replantearse algunos mitos sagrados del ser nacional reciente, muy golpeados por el resultado de toda esta telenovela.

Para quien es un simple seguidor de la selección y no está en el día a día del fútbol uruguayo, buena parte de la discusión posterior a la sanción a Suárez, debe haber resultado incomprensible. No hablamos aquí del fenómeno de histeria colectiva, e indignación patriotera, sino del pase de facturas entre personas vinculadas al fútbol, que habitualmente quedaría relegado a alguna audición radial nocturna para conversos, pero que las luces del Mundial, han puesto a la vista de todos.

Lo primero que sorprendía al neófito era la aparición de algunos rostros nada familiares de figuras que hoy son los máximos dirigentes del fútbol local. El actual presidente de la AUF Wilmer Valdez, o el delegado Freddy Varela, quienes junto a los abogados Balbi y Barrera (estos más conocidos) han quedado a cargo de la asociación luego de que una especie de golpe de Estado interno, desatado y apoyado por el entorno del presidente Mujica, pusiera fin a la exitosa gestión de Sebastián Bauzá.

Lo segundo que llamaba la atención era la forma insistente con que estos dirigentes endilgaban las culpas de todos los dramas de la selección al presidente de la Conmebol, el también uruguayo Eugenio Figueredo, acusándolo de no haber movido sus influencias con la cúpula de la FIFA para salvar a Suárez. Es más, algunos incluso señalaban que Figueredo se habría confabulado con el capo (adjetivo nunca mejor aplicado) del fútbol argentino, Julio Humberto Grondona, para castigar a Uruguay debido a que varios de estos dirigentes que hoy controlan la AUF les habrían iniciado un juicio por corrupción en el manejo del fútbol sudamericano. Un manejo a todas luces turbio lo cual costó el cargo hace pocos meses a quien fuera durante décadas su casi dueño exclusivo, el paraguayo Nicolás Leoz.

El trasfondo es aun más opaco. Esta guerra se enmarca en el conflicto que mantiene hace meses el empresario Paco Casal con la cadena Fox para ver quién se queda finalmente con los millonarios derechos de TV de los principales eventos deportivos de la región. Datos importantes a valorar cuando se ve a los "expertos" tomar partido en forma tan vehemente por uno u otro grupo de interés.

¿Por qué deberían estos hechos afectar al simple seguidor de la selección a quien poco importan las miserias de la política futbolera local? Primero porque la misma está muy vinculada a la política nacional, como quedó en evidencia con la participación del presidente Mujica en los tejemanejes que acabaron descabezando a la AUF. Es más, tan vinculados están el submundo del fútbol y la política, que un diputado del Partido Nacional llegó a plantear en el Parlamento que se declarase "persona no grata" a Figueredo por no haber defendido a Suárez, algo que en un país con los problemas de Uruguay, roza lo tragicómico.

Segundo, porque este nuevo elenco de dirigentes poco conocidos, serán los encargados de definir la continuidad del maestro Tabárez, a su eventual sucesor, y el destino de este proyecto que tanta afinidad ha generado con el ciudadano de a pie.

Pero todo este escándalo en torno a Suárez y su fallida defensa, pone bajo la lupa un arraigado mito nacional: la viveza criolla. La estrategia para limitar el impacto del error de la estrella nacional, llevada adelante por dos de los principales abogados penalistas del país, partió de la base de negar todos los hechos y afirmar que no había pruebas contundentes que habilitaran una sanción. Esto en vez de asumir las culpas y mostrar un arrrepentimiento genuino que atribuyera el insuceso al fervor propio de la competencia. Lo cual, según medios brasileños, habría enojado a la FIFA y sería la razón de una sanción tan dura como inusual.

De nuevo, se trata de un fenómeno que excede en mucho al fútbol. ¿Cuántos episodios hemos visto en estos años a nivel político y de gobierno donde las formas son despreciadas en beneficio de una supuesta viveza que lograría resultados más exitosos? ¿Cuántas veces hemos visto a este enfoque chocarse con una realidad implacable que no perdona la improvisación y la soberbia? Vaya sacando cuentas.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)