Martín Aguirre
Martín Aguirre

La toalla tirada

Los blancos cuchichean y mandan callar en cuanto alguno saca pecho. El resto de la oposición reza para que los blancos no hagan alguna de las suyas.

O para que no aparezca otro comentario antiguo de algún militante de Cabildo Abierto, diciendo algo inapropiado (ahora que los posteos de Facebook de un convencional son tema de portada). Pero la sensación general es que la elección está liquidada, y que Lacalle Pou será el nuevo Presidente.

Más allá de las encuestas y análisis racionales, son las propias actitudes del Frente Amplio las que consolidan esta sensación.

La primera señal en ese sentido fue la publicidad que eligió el comando oficialista como emblema para esta segunda vuelta. Esa donde figuras de la música aparecen con primeros planos empalagosos, y el liderazgo a lo Charlton Heston del murguista Raúl Castro posando junto a una mesa de luz (?), que nos colonizó desde el portal de El País, hasta los videos de Youtube. ¿Por qué decimos que esa publicidad huele a toalla tirada? Para empezar por las figuras.

Si algo mostró la primera vuelta fue el fin del tenue idilio del Frente Amplio con las masas rurales y con los dos extremos sociales de la zona metropolitana. El oficialismo perdió votos en el interior, en los barrios costeros y en las zonas más pobres de Montevideo. ¿Alguien piensa que Raúl Castro, Pinocho Routin o Maia Castro van a influenciar a esa gente? Primero deberían saber quiénes son. Pocas muestras más flagrantes de “ombliguismo montevideocefálico”.

La segunda razón por la que esta publicidad muestra la pérdida de conexión entre el liderazgo del Frente Amplio y la sensibilidad popular, es el contenido. Si usted se pone a analizar los textos de dicho aviso (no recomendable para diabéticos y gente sensible) verá que es un redoble de la apuesta que tan mal salió en octubre.

Cubierto por una capa de pretendida humildad, los artistas dicen cosas como “Me emociona pensar en lo que somos”, “unos pocos se meten en un cuarto queriendo definir el futuro de los más débiles”, “cinco años para poner en riesgo nuestra vocación de justicia”, “pensemos, pensemos...”.

Traducido a uruguayo normal esto lo que dice es: “nosotros somos los defensores de todo lo bueno, los otros son unos malosos que solo quieren desigualdad e injusticia, y por el único motivo que alguien los votaría es porque no piensa”. Primera lección de un curso de comunicación política: “no tratar al votante como idiota”.

Es alucinante cómo alguien, algún prestigioso creativo seguramente, creyó que este mensaje mesiánico y soberbio, podía cambiar la intención de voto de una sociedad que justamente ha dado señales claras de estar cansada de la soberbia y tono excluyente del FA actual. Pero bueno...

Otras cosas ratifican esta sensación. Como la reprimenda pública que le hizo José Mujica al candidato de su partido Daniel Martínez, tras el debate del miércoles.

En esa ocasión, Martínez había dicho que el programa del Frente Amplio era una guía, y que el candidato sería el que finalmente decidiría qué partes del mismo aplicaba y cuáles no, de llegar a la Presidencia. Esto, buscando una vía de escape a los planteos de alzas tributarias que contiene el programa del FA, así como la condena a las políticas de “mano dura” en materia de delito, que serían el gran reclamo de buena parte de la sociedad hoy.

No contento con eso, Martínez al día siguiente redobló la apuesta, recordando que cuando fue electo intendente, no tuvo en cuenta los balances de sectores internos para formar su gabinete. Se olvidó de decir que al poco tiempo tuvo que ceder ante el MPP y sumar como director de Tránsito a un funcionario cuyo paso por la Unasev dejó más sombras que luces.

Entre paréntesis, esa declaración la hizo antes de una operación fotográfica con el presidente electo de Argentina, Alberto Fernández. ¿Puede haber algo más “piantavotos” en Uruguay que posar con el delfín del kirchnerismo?

Pero volvamos al tema central. El asunto es que al MPP y los sectores que dominan la interna del FA y redactaron el programa, no les cayó nada bien ese comentario de Martínez. En otro momento, se la hubieran dejado pasar, privilegiando el resultado electoral a un ajuste de cuentas que ya tendrían tiempo de sobra de hacer.

Y sin embargo, a las pocas horas el expresidente Mujica marcó la cancha de manera muy clara diciendo que “ningún presidente puede hacer un carajo si no tiene una fuerza política que lo respalde en todas las esquinas y lugares”.

Este reto ostentoso, en público, abierto, del señor que maneja el 70% de la bancada al candidato del partido, dice claro que no hay mucha esperanza para el domingo. Y si a esto sumamos las vacaciones y viajes académicos de dos cabezas de lista en la semana previa a la elección, la señal parece ser flagrante. Aunque los blancos, más por cábala que por genuina modestia, no lo digan ni en voz baja, Lacalle Pou se encamina a ser el nuevo Presidente.

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