Martín Aguirre
Martín Aguirre

Tensión bajo la sombrilla

La peor temporada en 15 años, pero la ministra dice que todo va bien". La frase, "colgada" en una red social por una persona que vive del turismo en Rocha, contiene una verdad, un dato polémico, y una injusticia. Pero sobre todo sirve de catalizador del clásico debate anual sobre los resultados de la zafra de una actividad, que se ha convertido en una fuente de divisas clave para el país.

El dato polémico es si estamos ante la peor temporada en 15 años. Si bien el número luce exagerado, ya que ese lapso incluiría la crisis del 2002 y la debacle argentina de un año antes, a esta altura parece claro que estamos ante un verano flojo. Los datos oficiales indican que en los primeros 10 días del año, el flujo de turistas habría sido un 3,6% menos al del pasado. Casi la misma caída que ya había sufrido el sector en 2013. Pero más allá de los números, la "sensación térmica" parece aún más crítica, ya que muchas empresas han adelantado recortes de personal, han cerrado locales y acelerad

La peor temporada en 15 años, pero la ministra dice que todo va bien". La frase, "colgada" en una red social por una persona que vive del turismo en Rocha, contiene una verdad, un dato polémico, y una injusticia. Pero sobre todo sirve de catalizador del clásico debate anual sobre los resultados de la zafra de una actividad, que se ha convertido en una fuente de divisas clave para el país.

El dato polémico es si estamos ante la peor temporada en 15 años. Si bien el número luce exagerado, ya que ese lapso incluiría la crisis del 2002 y la debacle argentina de un año antes, a esta altura parece claro que estamos ante un verano flojo. Los datos oficiales indican que en los primeros 10 días del año, el flujo de turistas habría sido un 3,6% menos al del pasado. Casi la misma caída que ya había sufrido el sector en 2013. Pero más allá de los números, la "sensación térmica" parece aún más crítica, ya que muchas empresas han adelantado recortes de personal, han cerrado locales y acelerado promociones. Incluso el vicepresidente de la Cámara de Turismo pidió duplicar el plazo del seguro de paro en el sector para aliviar lo que anticipó será "un invierno muy duro".

El punto verdadero es que las autoridades del ramo han intentado mostrar lo positivo, destacando la "fidelidad" del turismo brasileño pese a los vaivenes cambiarios, la presencia de cruceros, y que las cifras, en el comparativo histórico, siguen siendo buenas. Se podrá criticar esta reacción como demasiado optimista, pero también es poco razonable pedir a jerarcas que salgan a flagelarse y a decir que es una debacle. Sobre todo cuando se trata de un gobierno convulso por conflictos internos, y donde esa cartera es uno de los últimos bastiones de un sector político que viene sufriendo golpes por todos los flancos.

Pero es el aspecto injusto de la afirmación del "operador" del inicio, el que tal vez permite profundizar más en el tema. ¿Es realmente culpa de las autoridades políticas del turismo la situación actual?

El primer sacudón que se lleva un extranjero al llegar a Uruguay hoy es ver lo caro que está el país. Si uno se toma el trabajo de pasar a dólares lo que cuesta comer en un restaurante, ir a un supermercado, o los precios en un centro comercial, la comparación aún con países desarrollados, es dolorosa. No en vano 2013 fue el año con mayor pérdida de competitividad de los últimos 8 años. Por poner un ejemplo, haciendo un relevamiento en Internet una habitación base en un hotel 2 estrellas en Punta del Este en enero, está entre los 160 y 180 dólares. Aunque cuando quien esto escribe consultó a uno en particular la tarifa planteada superaba los US$ 200. Y quien haya tenido la suerte de viajar sabe que los astros son más que generosos con nuestros hoteles. En el mismo período, un 4 estrellas en un típico competidor como el estado brasileño de Santa Catarina, equipado con todos los lujos, no llega a 150.

Así es difícil competir.

La reacción de quienes se dedican al turismo en el país ante este tipo de comentarios suele ser la indignación. Afirman que los precios responden a una escala de costos cada vez más difícil de asumir, entre los que destacan los laborales (producto de la hiperregulación y de los consejos de salarios) y los impositivos, con una DGI que muchas veces exige pagos por adelantado y con la amenaza de cierre en pleno pico de una zafra ya de por sí corta.

A todo esto se suma que para el turismo de fuera de la región (si se pretende escapar a la ciclotimia del mercado argentino) Uruguay está muy lejos, y los pasajes de avión son cada vez más caros debido al alza de los combustibles. Para cualquiera que viva en Europa, Estados Unidos, o incluso la parte norte de América del Sur, suele ser mucho más económico viajar al Caribe que a Uruguay. Si encima la vida diaria aquí es mucho más cara, por más pintoresco que sea Montevideo, por más linda que sea la costa de Maldonado y de Rocha...

Toda esta problemática debería llevar al poder político en general a hacer un replanteo serio de su política respecto al turismo. Se trata de un sector que aporta 2 mil millones de dólares anuales, más que la carne, más que la soja. Pero además, en un momento en que el ingreso de capitales externos se complica, es una de las fuentes genuinas de divisas que permiten equilibrar la delicada balanza financiera local. Hay aspectos diversos que están haciendo que la ecuación en el negocio turístico (como en varios otros) sea cada vez menos sostenible. Si no se reacciona y se toman medidas de fondo, las consecuencias pueden ser muy serias.

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