Martín Aguirre
Martín Aguirre

La solidaridad y el agro

Una de las delicias de volver al Uruguay después de un tiempo, es la entrañable bienvenida de la burocracia nacional.

La semana pasada, presto a cumplir con su contribución a la grandeza del país, el autor acudió a ponerse al día con el Fondo de Solidaridad, carga que acompaña a cualquiera que haya ido a la universidad pública por el resto de su existencia, más allá de lo que las vueltas del destino hayan deparado a su vida profesional. Lo vivido, haría que los ambientes pintados por Kafka, se parezcan a un hotel "all inclusive" en Punta Cana.

Entra a la web, pide hora, no funciona; llama; el sistema tiene un defecto y se arregla mañana; vuelve a pedir hora, lunes a las 14; lunes 13.50 ingresa al local; lunes 14.30, sigue esperando; son 14.40 y viene la llamada, "señor, usted solo debe un año"; "ok, ¿12 mil pesos?; "no, 27 mil"; "¿por qué?"; "ahora se cobra mes a mes, y acumula recargos"; "pero... estuve fuera del país"; "¿generó ingresos aquí?"; "sí"; "lo siento"; "¿tengo algún beneficio si pago todo contado?"; "no"; "bueno... está bien, ¿me puede dar un papel que diga que estoy al día?"; "ah no, eso tiene que pedirlo a la Caja Profesional"; "pero yo tengo declaración de no ejercicio, no tengo vínculo con la Caja"; "lo siento mucho".

En aras de la fluidez narrativa, dejemos la parte de la Caja Profesional. Pero en los 40 minutos de espera, una cosa llamó la atención del contribuyente esquilmado. Junto a la puerta de ingreso al local, un joven muy amable, como todos en la oficina, recibía a quien ingresaba con una gran sonrisa, sentado en una silla. A veces se paraba a abrir al puerta, a veces iba a una ventanilla a hacer un comentario a la chica que allí trabajaba. Pero en general su función era estar ahí, atento, amable, corbata, vaya uno a saber para qué.

El ocio es el padre de todos los vicios, entonces el autor decidió pensar: ¿cuánto puede cobrar este muchacho por esa amable pero al parecer tan improductiva tarea? La búsqueda en Google no arrojó resultados certeros, pero sí aproximaciones razonables. Un funcionario del escalafón civil del Ministerio del Interior que tenga mínima remuneración, está por los 34 mil pesos nominales. En la Intendencia de Montevideo la escala arrancaría en 28 mil pesos, aunque se aclara que a eso hay que sumar otras partidas.

Siendo razonables, podríamos deducir que el amable amigo de la puerta debe ingresar unos 30 o 35 mil al mes. Si lo llevamos a 14 meses (sumando aguinaldo y vacacional, hablamos de entre 420 mil y 490 mil pesos, unos 15.000 dólares al año, sin contar aportes patronales y otros yerbas.

Esa misma tarde, el autor se encuentra de casualidad con un amigo de esos que no ve hace tiempo. El amigo, 40 y largos, buena formación y espíritu emprendedor, hace años que pasa la mayor parte de su tiempo en Durazno, donde administra un predio familiar en el cual realiza forestación, agricultura, ganadería.

Charla va, charla viene, surge el inevitable comentario auspiciado por la Expo Prado 2018: "¿Cómo va la cosa en el mundo agro?". Para qué... Un desastre, rentabilidad casi nula, precios por el piso, ambiente embromado, cadena de pagos... ¡Basta!, piensa el autor. Otro estanciero llorón, al decir de un famoso compañero veterano de hace tiempo en el diario, que solía igualar en su olimpo del rechazo a "comunistas" y productores rurales quejosos.

Pero teniendo en cuenta el perfil del amigo, la pregunta fue más concreta: "A ver, bajame a tierra los números". Su caso personal pinta un panorama complejo. Un predio de 700 hectáreas, en una zona de buena calidad de producción, y explotado de forma máxima para los estándares locales, le está dejando una rentabilidad de 30 o 32 mil dólares al año. Hablamos que a un precio promedio de 3 mil dólares la hectárea, se trata de un capital que supera los dos millones de dólares. Más capital de giro, ganado, instalaciones, etc.

El comentario se cae de maduro. Con ese capital, es mucho más negocio vender e invertir en algún instrumento financiero que deja 3 o 4 veces más ganancia. O destinar la tierra a forestación, y desentenderse de las preocupaciones de la producción. Y si esa es la rentabilidad de alguien con 700 hectáreas, un campo grande para los estándares locales, ¿qué imaginar de quien tiene 200, 300?

Pero mientras el amigo mandaba su monólogo lacrimógeno, la cabeza del autor se iba al amable joven de la oficina del Fondo. ¿Es posible que el producido de 700 hectáreas de campo bien trabajado alcance solo para pagarle el sueldo a dos empleados del estado de base del escalafón? ¿Cuántos Uruguay harían falta para pagar los salarios de los 280 mil funcionarios públicos?

Es verdad, es algo maniqueo, ya que hay mil factores extras que inciden. Escalas productivas, momentos de los precios globales, etc., etc., etc. Pero hablamos de la actividad productiva que tiene mayores ventajas comparativas que tiene el país.

Algo no estaría cerrando.

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