Martín Aguirre
Martín Aguirre

La soledad de Vázquez

La noticia más comentada de estos días ha sido el escándalo a la salida de un evento en La Teja, donde un señor mayor, al parecer amigo cercano del presidente Vázquez, prepoteó a un treintañero periodista de El País que quiso hacerle una pregunta.

El hecho en sí es menor, y se prestaría para numerosos comentarios humorísticos, pero tiene de serio que deja en evidencia dos cosas alarmantes: la soledad en la que se encuentra Vázquez, y la falta de contacto de su gobierno con el clima actual de la sociedad.

Lo de la soledad de un político tan exitoso no deja de ser raro. Aunque quienes han estudiado el poder y quienes lo ejercen, suelen mencionar que se trata de una patología muy común en las personas que ocupan cargos altos: la imposibilidad de rodearse de gente que les diga lo que no quieren oír.

A esta altura ya resulta asombroso que el presidente no tenga cerca a alguien que lo quiera bien que le diga que esta idea de salir a mezclarse con la gente para intentar levantar la imagen en las encuestas no está funcionando. Desde el episodio con los colonos rurales, pasando por las preguntas del niño de San José sobre su mansión, y ahora lo de La Teja, parece claro que cada una de estas interacciones ha terminado mal.

El presidente está grande, se nota que no está de humor para lidiar con la crítica, y el ánimo popular tampoco parece acompañarlo en estos momentos. ¿Quién le dice que es buena idea exponerse de esta forma? Vázquez nunca fue un hombre de multitudes en su carrera política, y no parece que eso mejore con los años.

Lejos de contar con un asesoramiento realista y pragmático, quienes lo rodean parecen ser un club de amigos que a cada crisis que estalla, responden con la actitud de compañeros de cuadro de fútbol. Un día saliendo a usar el poder del Estado para escrachar al colono que lo increpó, otro metiéndole el peso a un joven periodista que hacía su trabajo al grito de "esto es La Teja". El niño de San José se salvó, pero el comentario popular era que en cualquier momento la web de Presidencia difundiría su carné de notas y su historial disciplinario.

Tal vez el episodio que mejor describe este desoriente que rodea a la figura del presidente sea la contratación del periodista Fernando Vilar para ser la "cara" de la cadena de TV destinada a enfrentar los reclamos del agro.

Lo que empezó como una decisión polémica y negativa (todo el Uruguay habló de Vilar y no del contenido del mensaje), con el transcurso de los días ha venido mutando en una cuestión institucional seria, donde el periodista dice que cobró, Presidencia dice que no pagó, el hombre trabaja para la empresa de un amigo del presidente con numerosos intereses cruzados con el Estado. O sea, un desastre desde el punto de vista de la comunicación, y un escándalo desde lo institucional.

Y es en este rubro donde se puede ver quizá lo más grave que está revelando todo esto.

A ver, nada más lejos de esta pieza que el intento de una defensa corporativa o incluso empresarial. Y es verdad que los periodistas podemos ser a veces impertinentes y antipáticos. Pero el periodismo tiene un rol institucional en una sociedad democrática sana, y es el ser la voz molesta que interpela al poder cuando éste se siente más intocable.

En los últimos tres períodos, el gobierno del Frente Amplio ha contado con mayorías propias en el Parlamento con el alineamiento instantáneo del mundo sindical, con el apoyo por momentos empalagoso de buena parte de la academia. Y hasta de ciertos poderes semimafiosos que se mueven en el fútbol y el carnaval. El único lugar donde se puede escuchar voces dispares y preguntas incómodas es en la prensa. O más bien, en alguna prensa.

¿Por qué entonces le molesta tanto al presidente y a su entorno tener que lidiar con apenas ese pequeño resquicio de incomodidad? ¿Por qué tanta irritación?

La respuesta tiene que venir por el lado del primer punto mencionado: la soledad.

La sensación que le queda al testigo externo es que Vázquez se ha rodeado de un grupo de gente que le fomenta cierto grado de aislamiento de la realidad, y le refuerza sus posturas más soberbias en vez de "aterrizarlo" ante un clima popular que ya no es el amor que supo existir con su figura y su proyecto político. Las encuestas, sistemáticamente, muestran que es todo lo contrario. Incluso su fuerza política lo tiene bastante abandonado como queda evidente con la polémica en torno al TLC con Chile, al cual Vázquez puso como prioridad, y casi dos años después sigue penando por la decisión de grupúsculos casi sin votos.

El rol que la sociedad impuso al periodismo es el de ser esa figura que al parecer acompañaba a los emperadores romanos durante sus desfiles triunfales, recordándole al oído que no era más que un mortal y que su poder se debía al apoyo de la gente. Tal vez sea por eso que a un Vázquez apenas rodeado por "amigos" e incondicionales que le deben todo, le molesta tanto su presencia.

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