Martín Aguirre
Martín Aguirre

Siempre lo mismo

Dar clase es un desafío que enriquece. Tal vez el motivo central es que el tono desafiante de una nueva generación obliga a cuestionarse cosas básicas.

Hace unos días, en diálogo con un grupo de jóvenes, este autor repitió una consigna muy difundida: quienes escriben siempre lo hacen sobre un mismo tema. Hay distintos abordajes, planteos... Pero en el fondo, todos tenemos una o dos obsesiones en torno a las cuales gira todo lo que hacemos. La respuesta de un estudiante fue obvia: “¿Cuál es la tuya?”

Desde ese día, la pregunta ronda en la cabeza y hay una conclusión que se va afianzando. Si hay algo que le genera obsesión, un tópico que atraviesa la mayoría de estas columnas, es el hecho de que viviendo en un país tan “manejable”, con una escala y problemas con soluciones tan obvias, nos resulte tan difícil como sociedad darles una respuesta efectiva.

Perdón. Hay algo más. Y es la frustración desesperante que genera que haya tanta gente amiga, con formación similar, vivencias parecidas, y diagnósticos en la misma línea, que a la hora de plantear las soluciones se descuelga con temas ideológicos que hacen imposible el diálogo.

Los ejemplos siempre ayudan a entender las cosas.

El primero tiene que ver con la interpelación al ministro de Industria y al presidente de Antel, sobre el Antel Arena. A ver... sí, es verdad, no parece que la interpelación esté pensada para este tipo de reclamo “amigo”. Pero no es tan difícil entender esto como una maniobra política, de escaso costo social. Lo que resulta muy difícil de asumir es la reacción de mucha gente inteligente, formada, viajada, ante el tema de fondo: los sobrecostos, secretismos, y malas decisiones con dinero público que rodearon el proyecto.

Nadie con un mínimo de buena fe puede defender la forma en que se manejó ese tema. Menos todavía gente que se define como “de izquierda”, y que pone la ayuda a los necesitados como norte de su vida pública. Un proyecto que te dicen va a costar 40 y termina saliendo 120 millones de dólares. Y nadie explica por qué. ¡No me embromen! 120 millones es un platal para Uruguay. ¿Cuántas viviendas se podrían construir?

Pero lejos de asumirlo hay gente que no solo lo defienden... ¡¡Lo abrazan!! Y todo con un discurso medio paranoide de que quienes lo critican quieren desmantelar el Estado. Cuando según los números públicos, Antel solo pierde plata con el Arena. Yo no te pido que salgas a flagelarte en público. Todo político comete errores. Pero no me defiendas lo indefendible.

Otro tema similar ocurre con la LUC, y los alquieres. Ya fue analizado en extenso aquí, pero una entrevista al ministro Mieres en un matinal de TV realmente revolvió a este autor. Se le preguntaba a Mieres con tono conmovido si el nuevo régimen que permite alquilar sin garantías, y como contrapartida habilita un desalojo más rápido, no lo interpela en su definición de “izquierda”. Que si el “laburante” no queda regalado, que si le parece bien que puedan “tirar a la calle” a alguien por no pagar un mes.

Algunos parecen no tener clara la diferencia entre desalojo y lanzamiento, pero... ¿y lo que pasa ahora? ¿No ven la cantidad de gente que hay en asentamientos, mientras hay cientos de viviendas vacías? ¿No saben que hay sistemas parecidos en todos los países desarrollados?

Es difícil de explicar que ante un problema concreto, a un intento de solución (mejor o peor) se lo busque aniquilar con discursos absurdos, anclados en consignas ideológicas que nunca funcionaron. Un detalle, a la pasada. San Francisco es la ciudad más “progre” de EE.UU., y con regulaciones más draconianas en defensa del arrendatario. ¿Adivine qué pasa? Es la ciudad con las viviendas más caras del país, y donde más gente vive en la calle.

De nuevo, es entendible (no siempre justificiable) que en el debate político las posturas ante la opinión pública obliguen a defender cosas extrañas, Pero ¿aplaudir a un diputado procesado por corrupción? ¿Difundir publicidades tóxicas y mentirosas como esa de Fucvam? Uno podría jugar al equidistante, y decir que son todos lo mismo. Pero del otro lado ¿cuál sería el simil ¿Decir que derogar la LUC echaría para atrás la mejora en materia de adopciones, cuando no es así? Parece haber un mar de diferencia.

Lo insólito es que los más radicales en estas posturas no son gente ignorante o sin capacidad de ver lo que pasa en el mundo. Es la misma gente con la que se convive, se dialoga a diario. Pero que cuando se trata de política, tal vez como una forma de validación personal, se ponen el disfraz de Marx, y te pontifican como si estuviéramos en Moscú en 1917.

Y mientras tanto, en un país como Uruguay, tenemos 200 mil personas en asentamientos, menos de la mitad de los estudiantes terminan el liceo, y descubren un desnutrido por día. El lector no nos puede negar que la obsesión (a esta altura ya más bien desesperación) parece tener sustento.

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