Martín Aguirre
Martín Aguirre

Las secuelas de un caso sin solución

Esa es la sensación excluyente que deja todo lo ocurrido en el caso del asesinato de la joven argentina en Valizas. Este sentimiento lapidario atraviesa a todos los estamentos rozados por el caso. Con matices evidentes, no se salva nadie.

Empecemos por la Policía. Toda la investigación tuvo un tufo a improvisación y ansiedad mal canalizada evidente. Más de nueve detenidos, cambios permanentes de enfoque, la manera como se manoseó a una familia que ya de por sí estaba pasando un momento terrible, el hecho de que casi una semana después del crimen se enviara un destacamento desde la capital a revisar casa por casa en formato razzia. Se sabe que hay delitos que, aun con los mejores recursos materiales y humanos (no es el caso) no se logran aclarar. Pero hasta el testigo más alejado se dio cuenta que desde un principio, la policía estuvo desnorteada, y tirando manotones de ahogado permanentes.

Sigamos por la Justicia. En Uruguay, al menos hasta que entre en vigencia el nuevo

Esa es la sensación excluyente que deja todo lo ocurrido en el caso del asesinato de la joven argentina en Valizas. Este sentimiento lapidario atraviesa a todos los estamentos rozados por el caso. Con matices evidentes, no se salva nadie.

Empecemos por la Policía. Toda la investigación tuvo un tufo a improvisación y ansiedad mal canalizada evidente. Más de nueve detenidos, cambios permanentes de enfoque, la manera como se manoseó a una familia que ya de por sí estaba pasando un momento terrible, el hecho de que casi una semana después del crimen se enviara un destacamento desde la capital a revisar casa por casa en formato razzia. Se sabe que hay delitos que, aun con los mejores recursos materiales y humanos (no es el caso) no se logran aclarar. Pero hasta el testigo más alejado se dio cuenta que desde un principio, la policía estuvo desnorteada, y tirando manotones de ahogado permanentes.

Sigamos por la Justicia. En Uruguay, al menos hasta que entre en vigencia el nuevo código de proceso penal, la investigación la lleva adelante el juez, mano a mano con el fiscal y la Policía. Todo ese exceso de diligencias que no llevaban a ningún lado, los cortocircuitos y cruces de reproches, y sobre todo la falta de resultados, son consecuencia evidente de una instrucción plagada de apuros e inseguridades. El final de la jueza subrogante, pidiendo licencia por agotamiento dos días antes de que regresara el titular de la sede, es expresivo al respecto.

Más allá de que el nuevo código tenga defectos, es de esperar que logre superar algunas injusticias e ineficiencias del sistema actual, donde todos se tiran las culpas de la falta de resultados.

Las autoridades políticas no se salvan del papelón. Fue notorio el deseo de varios de adjudicarle el crimen a la propia familia como manera de exorcizar a la zona como destino turístico al inicio de temporada. Lo más bochornoso sin dudas fue el mensaje del jefe de comunicación de la intendencia de Rocha, cargándole el crimen a la familia de manera impúdica, y haciendo un discurso seudosocial refundacional, que hasta el propio intendente Barrios, con una dignidad elogiable, tuvo que salir a condenar.

Unas palabras merece también el Ministerio del Interior. En vez de poner paños fríos y manejar profesionalmente la atención que a todas luces iba a recibir un caso así, prosiguió su estrategia habitual de secretismo, manipulación de la información, y agresividad con los medios. No hubo ni una conferencia de prensa, ni un encargado claro de gestionar la información, lo cual potenció el manejo de fuentes alternas, con todos los riesgos que eso implica. No contento con esto, un asesor del ministro Bonomi (ministro con peores resultados, peores índices de aprobación, y peor manejo comunicacional) se dio el lujo de salir a condenar la cobertura mediática. Mostrando tan poca autocrítica como sentido del ridículo.

Y para hablar de autocrítica, hay que referirse a la cobertura de prensa. Un asesinato de este tipo, en esa fecha, en ese lugar, era evidente que iba a generar impacto en la opinión pública. Y los medios intentaron satisfacer esa demanda de la manera que pudieron y de acuerdo al estilo de su público. La prensa argentina con la exuberancia con que suele tratar desde el fútbol hasta las noticias políticas. La uruguaya, a su modo y con más recato, no se quedó atrás.

Particularmente El País cometió el único desliz de poner en su web que uno de los sospechosos había confesado, algo que generó comentarios en momentos donde la misma gente que un día reclama que las noticias salen antes en medios argentinos, después es hipercrítica de cualquier pifia de los locales. Y donde se pone siempre a los medios bajo la lupa, sin reconocer el papel vital que estos juegan. ¿Cuántas veces la presión de los medios ha hecho que las autoridades den importancia a temas que si no esconderían felices bajo la alfombra? Asumiendo el problema (por el que se pidió disculpas), vale preguntarse cuál puede haber sido el daño de tal desliz. Cuando nunca se aportó ni nombre ni datos del supuesto implicado. Y cuando las autoridades lo prendieron fuego durante días, al parecer sin ninguna prueba seria de su culpabilidad.

Por último, la sociedad uruguaya en su conjunto debería replantearse algunas cosas que están pasando en su seno. Si nos ponemos a repasar, empiezan a ser muchos los casos de violencia homicida irracional en los últimos tiempos. Algo que es reflejo de un clima de violencia general que parece estarse haciendo endémico del país. Basta ir a un partido de fútbol. Basta ir un sábado de tarde a la playa Pocitos. Basta subirse a un taxi o a un ómnibus en hora pico. Siempre será más fácil culpar a los argentinos, culpar a la prensa, culpar al consumismo.

Lo más difícil es reconocer que hay un problema, y determinar qué hacer para enfrentarlo.

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