Martín Aguirre
Martín Aguirre

El rol de los líderes sindicales

Alguien que siga este espacio podría verse tentado a decir: “este tipo tiene algo contra los sindicatos”. Y no podría estar más alejado de la realidad. Los sindicatos tienen un rol clave que cumplir en la sociedad, y su papel en el avance de los derechos laborales es incuestionable. Los que sí parecen estar enormemente alejados de la realidad, son algunos líderes gremiales uruguayos de hoy. Y si no vea estos ejemplos.

“Proponemos reducir la jornada de trabajo para vivir mejor, para estar más tiempo con nuestra familia, para ir a buscar a nuestras hijas o hijos a la escuela”. Esta es la consigna que dio inicio a una campaña de los metalúrgicos para reducir la jornada laboral. El líder del gremio, Marcelo Abdala, completó la idea diciendo que “si las nuevas tecnologías permiten reducir el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir bienes, todos tenemos que beneficiarnos y no pocos empresarios”.

Esta campaña amerita dos comentarios. Por un lado, la falta de información que parece haber sobre lo que ha pasado en el primer mundo al respecto. Francia, que fue el país emblema de la reducción de la jornada laboral en el 2000, viene revisando el proceso ya que no cumplió el fin de que se generaran más puestos de trabajo, y ha significado un aumento de costos enorme para las empresas. De hecho, la llamada norma “El Khomri”, de 2016 dio el golpe de gracia a la misma.

Hay otro dato que el gremio no menciona. En los últimos años en Uruguay ese rubro perdió 4 mil puestos de trabajo, han cerrado fabricas emblemáticas como Fumaya, y todo en gran medida debido a que la producción nacional no es competitiva por los costos laborales y energéticos. ¿Qué piensa que va a pasar si obliga a pagar horas extras a todo aquel que trabaje más de 6 horas al día? Más allá de esto, hay una pregunta básica, en un país con falta de crecimiento y problemas de plata ¿a quien se le ocurre que la solución puede ser trabajar menos?

Un segundo ejemplo es el del dirigente gremial de Ancap, que esta semana en Búsqueda dijo que el cometido de la empresa no debe ser ganar dinero ni basarse en un enfoque capitalista. Gerardo Rodríguez critica el perfil “economicista” de la actual presidenta Marta Jara, y afirma que “estamos convencidos que no se perdieron US$ 600 millones”.

Hay varias preguntas que surgen de leer la entrevista con Rodríguez. Como por ejemplo, dónde están esos millones de dólares que debió poner el Estado para salvar Ancap de la quiebra si no se perdieron, o cómo es que haciéndonos pagar el combustible más caro del continente, la empresa es una herramienta positiva para el desarrollo nacional.

Pero hay una pregunta superadora de todo eso: ¿cuál es la alternativa que propone el gremio de Ancap para evitar los males terribles del sistema capitalista? Si la tiene, seguramente todo el planeta está desesperado por conocerla. No sea egoísta... Ahora, si no la tiene, ¿no sería mejor que se dedicara a su rol natural de defender los derechos de los trabajadores de Ancap y dejara las sesudas cuestiones ideológicas para otros? Resulta cansadora esta dialéctica hueca de vivir criticando al capitalismo, cuando las alternativas propuestas siempre terminan en fracaso y miseria. Y cuando en los países que se aplica con seriedad, el sistema ha logrado elevar el nivel de vida de la gente como nunca antes en la historia.

Y esto nos da pie para ingresar en la última, la frase de quien representa la quintaesencia del desvío de lo que debe ser la tarea de un líder sindical. Se trata del exdirigente del Pit-Cnt y hoy senador del Partido Comunista, Juan Castillo. “En algún momento va a haber que tomar una mirada para dar el combate a la riqueza. El 1% de la población, unas 25 mil personas, concentra el 25% de la riqueza. Y esto está lejos de ser lo justo”.

Primero, la información estadística de Castillo parece estar tan atrasada como su concepción ideológica. La última vez que el 1% de la población uruguaya eran 25 mil personas fue en 1960, 30 años antes de que comprobáramos que la doctrina que todavía defiende Castillo era un fracaso total. Segundo, ¿qué sería lo justo? ¿Que fuera el 2%? ¿El 30%? Y... ¿quién lo definiría? ¿Un comité de genios presidido por Castillo? Tercero, en los últimos 50 años de la humanidad, el nivel de vida de los más pobres del planeta se ha mejorado más que en los últimos 500, y sin embargo la concentración de riqueza ha crecido enormemente. ¿Tiene lógica centrarse en los ricos cuando está comprobado que esa riqueza no significa que otros deban ser más pobres?

Esto da para mucho. Pero la cuestión central aquí es si el rol de un líder sindical es cuestionar el sistema político y económico vigente en el país. ¿Para eso lo eligen los afiliados? ¿Para eso la Constitución y la ley le dan protección especial? ¿O es esa la tarea de los representantes políticos que votamos en las elecciones generales? Es como para preguntárselo, ¿no?

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