Martín Aguirre
Martín Aguirre

La revuelta de la Sub 20

O el país ya no me entiende a mí, o yo ya no entiendo a este país!" Esta frase del expresidente Lacalle en 2009, dice mucho para analizar uno de los grandes misterios de la política: los sorpresivos cambios de humor de los pueblos que puede hacer que un líder pase casi del día a la noche de ser una potencia electoral a poco menos que un "piantavotos". Algo de esto es lo que vimos en la elección del pasado domingo, y lo que ha venido sucediendo desde entonces solo potencia esa tesis.

O el país ya no me entiende a mí, o yo ya no entiendo a este país!" Esta frase del expresidente Lacalle en 2009, dice mucho para analizar uno de los grandes misterios de la política: los sorpresivos cambios de humor de los pueblos que puede hacer que un líder pase casi del día a la noche de ser una potencia electoral a poco menos que un "piantavotos". Algo de esto es lo que vimos en la elección del pasado domingo, y lo que ha venido sucediendo desde entonces solo potencia esa tesis.

Este proceso, que lo han padecido figuras desde Winston Churchill a Felipe González, parece estar empezando a perseguir a Tabaré Vázquez. Si bien se impuso cómodo en la interna de su coalición, hubo algo en su pugna con Constanza Moreira que parece haber hecho un click en la relación entre un dirigente que se fue del gobierno con récords históricos de popularidad y la sociedad uruguaya. De golpe, esa figura intocable, reverencial y de quien emanaba una autoridad implacable, parece haberse vuelto frágil como el cristal.

Tal vez hayan sido los duros ataques que le lanzó Moreira durante la campaña, que perforaron su imagen pública de una forma que nunca podrían haber logrado los blancos o colorados. Tal vez venga de antes, de su confesión sobre el llamado a Bush o su apoyo a la derogación de la ley del aborto, que rompieron su vínculo con el sector "de opinión" de la izquierda. Difícil asegurarlo. Pero la realidad es que hoy nada parece ser lo mismo. Basta ver cómo en las charlas de boliche, en las redes sociales, en el diálogo con el taxista, propuestas como la de las "tablets" para jubilados, o sus palabras sobre la "Sub 20", son tomadas para la chacota de manera que roza la crueldad. Incluso por los mismos que hace poco tiempo hubieran condenado a quien en una reunión familiar hubiera osado sugerir algo negativo sobre el primer presidente frentista de la historia.

Ese cambio de humor es lo que parece explicar el dato más llamativo de la reciente elección, el ascenso de dos figuras bien renovadoras en los dos partidos más votados: Luis Lacalle Pou y Raúl Sendic.

En el caso de Lacalle Pou destaca la edad, 40 años, que incluso en países menos gerontocráticos que el nuestro, es una cifra llamativa para un aspirante a la Presidencia. Pero además hay un tema de discurso, que choca frontalmente con lo que está acostumbrado el elector local. Al punto que parece haber seducido a esos sectores urbanos, juveniles, y con aspiraciones intelectuales, que hasta ahora eran campo excluyente del oficialismo. Que su principal victoria electoral haya sido justo en Montevideo, dice mucho al respecto.

En el caso de Sendic, destaca el tono. Porque vamos a decir la verdad, ¿quién conoce demasiado lo que piensa Sendic en materia política? ¿Cuál es su esquema ideológico? Más allá de haber sido presidente de Ancap, en una gestión que últimamente ha recibido críticas, es poco lo que a nivel popular se sabe del dirigente que se impuso holgadamente en la interna de su partido. Si algo ha detonado esa catarata de votos, parece ser que es una de las pocas caras nuevas surgidas en el Frente en años. Y por otro lado que, si bien tiene un apellido que otorga un escudo por izquierda, exhibe un tono dialogante, con posturas muy distantes del reformismo rupturista de algunos sectores de su partido.

Es interesante contrastar ese tono con la reacción de dirigentes "moderados" como Astori y Michelini ante las elecciones, apelando al arsenal de agravios más rancios contra Lacalle Pou, como "derechista" y "oligarca". Y que desde medios afines al oficialismo tradicional se ningunee la victoria de Sendic atribuyéndola a la baja cantidad de votantes.

Hay otro dato jugoso para valorar en contexto el ascenso de estas dos figuras y es que, según los expertos, en estas internas votó mayoritariamente un electorado de edad avanzada. Si ese sector, tradicionalmente conservador y poco afín a los cambios bruscos, apostó a dos figuras tan renovadoras, ¿qué mensaje están dando a la clase política? ¿Qué puede llegar a pasar en octubre cuando toda la sociedad, pero sobre todo muchos jóvenes con poco interés en la política cotidiana, deba concurrir a votar?

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