Martín Aguirre
Martín Aguirre

La política y los divertidos

Que no se discuten grandes temas. Que el nivel de debate es chato. Que no se habla de economía. Que todo es marketing y agravios. Las voces que suelen comentar los sucesos políticos parecen coincidir en que estamos en medio de una campaña aburrida y sosa. Sin embargo no pasa día sin que esta pugna electoral, que recién arranca, no nos depare un sacudón o ponga sobre la mesa un tema importante.

Esta semana fueron las encuestas. Por primera vez en muchos años las preferencias por el Frente Amplio rompieron hacia abajo la barrera psicológica del 40%. La noticia ha sido un sismo en la campaña, ya que ha dejado claro que estamos ante una carrera con final impredecible, cosa inimaginable hace apenas un año.

Pero no sólo es la incertidumbre del final lo que han destapado estas encuestas. Al dejar en evidencia errores en la marcha del candidato oficialista, los sondeos han desatado una discusión interna en el Frente Amplio que tiene aristas bien interesantes. Por ejemplo la

Que no se discuten grandes temas. Que el nivel de debate es chato. Que no se habla de economía. Que todo es marketing y agravios. Las voces que suelen comentar los sucesos políticos parecen coincidir en que estamos en medio de una campaña aburrida y sosa. Sin embargo no pasa día sin que esta pugna electoral, que recién arranca, no nos depare un sacudón o ponga sobre la mesa un tema importante.

Esta semana fueron las encuestas. Por primera vez en muchos años las preferencias por el Frente Amplio rompieron hacia abajo la barrera psicológica del 40%. La noticia ha sido un sismo en la campaña, ya que ha dejado claro que estamos ante una carrera con final impredecible, cosa inimaginable hace apenas un año.

Pero no sólo es la incertidumbre del final lo que han destapado estas encuestas. Al dejar en evidencia errores en la marcha del candidato oficialista, los sondeos han desatado una discusión interna en el Frente Amplio que tiene aristas bien interesantes. Por ejemplo la cuestión de si Vázquez se ha volcado demasiado hacia el centro, y ha perdido algo del encanto y la mística más tradicional en un partido "de izquierda". De hecho, en varios medios oficialistas se sugiere que es imperioso que el presidente Mujica salga con más fuerza a mostrar su perfil popular en la campaña. Sin embargo, desde el entorno vazquista se argumenta con cierta razón que si esa fuera la raíz del problema, se debería ver un crecimiento exponencial de partidos como Unidad Popular. O incluso del MPP y el Partido Comunista, algo que está lejos de estar pasando.

Tampoco es verdad que no haya temas importantes sobre la mesa de discusión; en esta semana hubo varios hechos que plantearon dudas sobre procesos políticos importantes. Por ejemplo un nuevo caso de muerte en la puerta de un hospital público, que vuelve a tirar sombras sobre la reforma de la salud impulsada por el propio Tabaré Vázquez. Por ejemplo otro trágico caso de homicidio de una adolescente en Canelones, y la exótica reacción de las autoridades del Ministerio del Interior. Por ejemplo la denuncia de presiones por parte de Lacalle Pou hacia los canales privados de TV para obviar una pregunta realizada por una periodista del canal público. Se podrá discutir sobre el impacto, pertinencia o realismo de estas denuncias y hechos en la campaña. Pero no que se trate de temas importantes que están sobre la mesa de discusión.

Lo que parece haber entre ciertos círculos es una nostalgia por debates ideológicos que se daban en otros tiempos. Por la pérdida de perfil entre partidos políticos que lucen más preocupados por adaptarse al gusto del electorado para ganar elecciones, que por defender visiones más bien dogmáticas sobre la vida y la política. Ahora bien, ¿es eso malo de por sí?
Por ejemplo en materia económica, ya nadie discute la necesidad de controlar la inflación, de reducir el déficit fiscal, de fomentar la inversión privada. Más bien que se debate sobre las mejores medidas para lograrlo.

En materia "social" nadie discute que hay que ayudar a los menos favorecidos, ni que son necesarios planes de asistencia. Hay matices en cuanto a su efectividad, y forma de gestión. Así pasa en casi todas las áreas, con algunas excepciones como ser el tema educativo y las relaciones con el movimiento sindical, tal vez los dos temas donde haya más distancia entre las ofertas electorales de hoy.

En un país chico como Uruguay, ¿es lógico que haya recetas radicalmente distintas para los desafíos políticos actuales? ¿Es preferible tener una campaña "divertida" con dirigentes que discutan cosas que ya nadie discute en el mundo, como pasa en algunos países del vecindario? Usted, ¿qué preferiría?

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