Martín Aguirre
Martín Aguirre

Nada de periodismo

El Ircca dijo la semana pasada que el proyecto estatal de venta de marihuana va viento en popa, y que le “sacaron” al narcotráfico 22 millones de dólares.

El Ircca es el instituto creado justamente para implementar ese proyecto de regulación de marihuana. ¿A usted le parece que el grupo de burócratas cuyo trabajo depende de que esto funcione, son los más creíbles a la hora de evaluarlo? Y sin embargo, toda la semana, en algunos medios y en las redes esta noticia circuló de forma generosa. No fue la única.

La Intendencia de Montevideo informó que durante 2018 hubo un 27% menos de lesionados graves en siniestros de tránsito. Según la comuna, la implementación de “fuertes políticas” de seguridad vial posibilitaron que se diera un “importante descenso” en la siniestralidad. Luego se aclara que ese 27% es comparado con 2013, vaya uno a saber por qué. Tampoco se dice cuales eran las previsiones de muertes que debería tener Montevideo comparado con las proyecciones del proyecto “decenio de acción” de la ONU. Ni cual es la forma de evaluación que permite asociar ese descenso a las “fuertes políticas” de seguridad vial del actual intendente/precandidato.

De nuevo, ¿es la Intendencia la institución más adecuada para evaluar su propio desempeño en esta área? ¿Es creíble su autobombo? El hecho es que el insumo, así tirado sobre la mesa y dado por bueno por mucha gente, ha sido base de conversación por días.

Veamos un caso un poco distinto. El tema de la educación ha sido eje de polémica en el país por muchos años. Las estructuras que dominan el mundo educativo, sindicatos, organismos públicos, dirigentes políticos muchas veces surgidos de esos mismos sindicatos, insisten en que todo va bárbaro, y apenas hay problemas porque los sueldos no son los que deberían.

A instancias de la denuncia de figuras respetadas del rubro, los medios de comunicación pusieron la lupa sobre la educación. Y lo que se vio era espantoso. Entonces, las estructuras educativas aceptaron crear un organismo evaluador independiente, el Ineed, y pusieron a cargo a un profesional argentino.

Este profesional renunció hace unos meses, luego de publicar un informe lapidario que dice que 7 de cada 10 escolares de primaria de contextos desfavorecidos no pueden deducir el significado de palabras o expresiones a partir del contexto. Como si eso fuera poco, el profesional argentino renunció, denunciando que se lo había sometido a presiones inaceptables, y que sus resultados habían sido “edulcorados” políticamente. De inmediato fue defenestrado por esas mismas estructuras educativas que lo habían contratado.

¿Encuentra el amable lector un patrón común en todo esto? Porque a poco que se miran estos hechos, está muy claro una cosa.

En la última década se ha dado una tormenta perfecta. Primero, la burocracia pública ha entendido el valor de la comunicación, y ha contratado a un ejército de asesores, muchos experiodistas, para brindar mensajes que lleguen de manera más efectiva. Por otro, los medios de prensa han vivido (están viviendo) una crisis compleja por los cambios tecnológicos, que les ha quitado gran parte de su músculo inquisitivo. Y por último, las redes sociales han permitido generar comunicación directa al ciudadano (y al fanático) obviando al molesto intermediario periodístico.

Las consecuencias son las que usted ve. Una oficina pública manda a su batallón de comunicadores a armar un informe que los deje bien parados, se manipulan o eligen determinadas cifras para ello (los americanos tiene una palabra preciosa para esto que se llama “cherry picking”). Se hace una conferencia de prensa, los debilitados medios que la cubren tienden a replicar lo que diga el burócrata, y si se ponen pesados, se los ningunea o se los defenestra usando las redes acusándolos de ser “agentes de la derecha”. Y a la larga esa información queda como verdad absoluta.

Hay un ejemplo pequeño, pero ilustrativo. Hace unos años, la Unasev divulgó que habían bajado los accidentes mortales en Semana Santa, y todo el mundo se felicitó. Un periodista de El País tuvo dudas, averiguó, y vio que se había reducido el período de contabilización, cuando muchos accidentados mueren en los días posteriores. La Unasev, dirigida por el actual director de Tránsito de Montevideo, debió reconocer su error. ¿Qué habría pasado sin ese molesto periodista?

El hecho es que por estos días el tema del periodismo ha estado sobre la mesa. Sobre todo a partir del caso de la peluquería de Pocitos, y de las opciones que algunos medios tomaron para mostrarle a la gente una realidad que ocurría en su país. Hasta el gremio de los periodistas salió a apoyar lecturas que decían que sus propios afiliados son sanguijuelas molestas que deberían usar su trabajo para fomentar ciertas agendas, en vez de darle a la gente lo que quiere ver. No son casualidades.

El periodismo, cuando se hace con honestidad, profesionalismo y desde medios fuertes, es el principal contrapeso del poder. Hoy, como habrá visto, es más necesario que nunca. Pero a algunos, les molesta. Como siempre.

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