Martín Aguirre
Martín Aguirre

Pastillas electorales

Un sacudón. Eso fue el resultado de la primera vuelta electoral. Y el temblor golpeó con igual virulencia a todo el esquema político. Desde los propios partidos, pasando por los opinólogos, las empresas encuestadoras, y hasta la forma de análisis electoral. Pasadas ya dos semanas del tsunami, se puede aportar algunos elementos novedosos de lo que dejaron las urnas.

Es probable que el más sacudido haya sido el Partido Nacional. Los análisis de largo plazo siempre previeron que sería una pugna muy difícil de enfrentar a un partido con todo el aparato del poder a su favor, con un candidato probado, con una economía aún saludable. Pero el crecimiento que daban las encuestas, sumado al entusiasmo de un candidato joven y renovador, generaron un optimismo tan alto, que la caída sin dudas fue más dolorosa.

Pero más allá de eso, hay datos que surgieron de las urnas que deberían llevar a los nacionalistas a una reflexión interna profunda. Tal vez el más llamativo haya sido el mal

Un sacudón. Eso fue el resultado de la primera vuelta electoral. Y el temblor golpeó con igual virulencia a todo el esquema político. Desde los propios partidos, pasando por los opinólogos, las empresas encuestadoras, y hasta la forma de análisis electoral. Pasadas ya dos semanas del tsunami, se puede aportar algunos elementos novedosos de lo que dejaron las urnas.

Es probable que el más sacudido haya sido el Partido Nacional. Los análisis de largo plazo siempre previeron que sería una pugna muy difícil de enfrentar a un partido con todo el aparato del poder a su favor, con un candidato probado, con una economía aún saludable. Pero el crecimiento que daban las encuestas, sumado al entusiasmo de un candidato joven y renovador, generaron un optimismo tan alto, que la caída sin dudas fue más dolorosa.

Pero más allá de eso, hay datos que surgieron de las urnas que deberían llevar a los nacionalistas a una reflexión interna profunda. Tal vez el más llamativo haya sido el mal resultado obtenido en departamentos que son bastiones históricos del nacionalismo, y donde tienen caudillos muy fuertes. Ejemplos claros de esto son Soriano, Colonia, San José, y hasta Cerro Largo. En este último caso, los números son expresivos. Por ejemplo, en la elección interna de junio en la que votó solo un 37% de los habilitados, el PN logró en total allí unos 20 mil votos contra apenas 5 mil del Frente Amplio. Sin embargo en la elección nacional, con una votación muchísimo mayor, los blancos solo sumaron 4 mil votos más. Y el Frente les ganó logrando 28 mil sufragios. Algo en estos números no cierra. ¿Apoyaron todos los larrañaguistas a Lacalle Pou? ¿Se subestimó el impacto de las viejas divisiones internas? ¿No logran atraer más gente que los muy comprometidos? Si en la próxima municipal los blancos vuelven a imponerse cómodos, estará claro que hay un fenómeno de pérdida de identidad a nivel nacional que resulta altamente riesgoso para su futuro.

En el oficialismo también las urnas pegaron fuerte. Claro que con otro tono de alegría. Pero a poco que pasó el festejo, Vázquez debe haber caído en cuenta que el panorama no es tan auspicioso como le gustaría. La masiva votación del MPP, y la fuerte caída del astorismo, lo deja con una bancada de senadores más hostil que complaciente. Y que en caso de llegar al gobierno, lo obligará a tener un nivel de negociación interno como no lo tuvo en absoluto en su primera gestión. Es más, se puede imaginar que para Vázquez hasta cierto punto, y con este panorama, le hubiera convenido no tener mayoría propia. Eso le daría al menos una excusa de hierro para moderar ciertos planteos de los sectores más intransigentes de su coalición, ya que si no no lograría apoyos de fuera. Ahora deberá vivir un permanente conflicto con sus socios internos que, teniendo en cuenta algunos episodios anteriores, no le van a hacer la vida nada fácil.

Otro que padeció un shock en las urnas fue el Partido Colorado. La magra e inesperada votación parece tirar por tierra el paciente trabajo de reconstrucción interna llevado adelante por Pedro Bordaberry, cuyo liderazgo está hoy más cuestionado que nunca. El problema es que no se ve a mano una renovación que permita a los colorados tener esperanzas de una mejora a corto plazo. Pero hay algo más grave.

Para un partido construido en torno al ejercicio del poder, y al que el Frente Amplio ha quitado muchas de sus banderas históricas y sus nichos donde cosechar seguidores, no se ve por dónde puede lograr un resurgimiento. Algunos reclaman un regreso a un “batllismo” socialdemócrata histórico. Pero sin un líder carismático que lo represente, no está claro por qué los votantes optarían por los colorados, cuando tienen a un Frente Amplio que apuesta mucho por ese camino, y tiene todo el aparato del Estado detrás para apoyarlo.

Por último, está el tema de las encuestas. El revolcón histórico sufrido por todas las empresas, incluso en el boca de urna, debería llevar a la sociedad en general, pero a los medios de comunicación en particular, a replantearse el uso de esta herramienta. En las últimas elecciones es absurdo el protagonismo que se les ha dado a las encuestas y a sus autores, a quienes se venera casi como figuras sobrehumanas, capaces de anticipar el futuro. En base a esto toda la cobertura de las campañas gira en torno a cuestiones que no son más que estrategias electorales, en vez de centrarse en propuestas, planteos ideológicos, concepciones de principios. O sea, política. Tal vez tras este fiasco, la sociedad empiece a dejar de lado los efectismos y luchas para llegar al poder, para centrarse en qué piensan hacer los candidatos si logran llegar al poder. Al menos así, el sacudón, habría sido para mejorar.

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