Martín Aguirre
Martín Aguirre

Parecidos peligrosos

Del llanto a risa hay un paso corto. Y la agenda noticiosa de esta semana en Uruguay dio ejemplos concretos de esta máxima.

Del llanto a risa hay un paso corto. Y la agenda noticiosa de esta semana en Uruguay dio ejemplos concretos de esta máxima.

El llanto vino desde Paysandú, adonde un perturbado mental, alimentado por la insidia del odio religioso, terminó cobardemente con la vida de un compatriota por el simple hecho de ser judío. Un hecho indignante, que hace encender todo tipo de alarmas, y que nos obliga a mirar a la cara algunos de los rasgos más oscuros de la sociedad uruguaya. Como al pasar queda el hecho de que el asesino, pese a que toda la ciudad sabía de su desequilibrio (para ser generosos), el día anterior a cometer su crimen pasó la tarde cuidando niños en una escuela.

La risa llegó de más cerca. La aportó un video subido al facebook oficial del Quincho de Varela (sí, tiene cuenta en facebook) donde se ve a integrantes del grupo Maná entonando su clásico “Vivir sin aire”, mientras de fondo la ex primera dama Lucía Topolansky amaga a tirar algún paso, la diputada Susana Pereyra exhibe su fanatismo por los mexicanos, mientras su esposo el ministro Bonomi no consigue despegar sus ojos del celular. En defensa del vapuleado ministro vale decir que el autor, sometido a un entorno parecido, también buscaría alguna forma de evasión mental .

Otro dato llamativo es que una foto divulgada previamente, cuando el sol aún estaba alto y fuerte, muestra a los Maná con Mujica en la chacra junto al cadáver de una etiqueta negra y otra en camino de claudicar. Teniendo en cuenta que el video posterior parece ser bien entrada la noche, se ve que el ágape fue intenso y demandante.

Más allá de estos hechos, el otro tema semanal fue el reclamo del presidente Vázquez contra el trato que recibe de la prensa, su respaldo absoluto al vice Sendic, quien según el órgano principal del FA es víctima de una campaña mediática feroz, y el anuncio de que como la información sobre el gobierno es “ladeada hacia los aspectos conflictivos”, el gobierno hará uso de la cadena nacional una vez por mes para promocionar los éxitos de su gestión.

El encono de Vázquez con la prensa no es nuevo. Pero lo que queda claro, tanto por su declaración, como por la apelación a las cadenas, es que no entiende la lógica que mueve a la comunicación hoy en el mundo. Y que, al parecer, no tiene en su entorno a nadie capaz de asesorarlo en esa delicada materia. A las palabras de Vázquez, y del Plenario del FA, se sumaron la senadora Mónica Xavier, molesta con la página editorial de algún diario, y la ministra Muñoz, que con su sutileza habitual sostuvo que “cuestionar a figuras votadas, es cuestionar la democracia”.

Pero Vázquez, Muñoz y Xavier no están solos en el club de los políticos que se quejan de que la prensa les hace una cobertura “ladeada” en contra. Esta misma semana la campaña estadounidense quedó empañada por la denuncia de una periodista de Foxnews, Michelle Fields, contra el jefe de campaña del aspirante republicano Donald Trump, a quien acusa de haberla agredido tras una pregunta que consideró inconveniente contra su jefe. El hecho es solo un eslabón más de la pésima relación de Trump y su entorno con la prensa, a la que acusa de estar “flechada” en su contra.

Llamativamente, a diferencia de lo que pasa en Uruguay, en Estados Unidos son los republicanos quienes suelen denunciar una suerte de complot de medios como el New York Times, CNN o NBC, quienes junto al establishment de Hollywood conformarían una especie de oligopolio “liberal” o progresista (según nuestra terminología), empeñado en dar mala imagen al partido de Abraham Lincoln.

El mismo Trump ha tenido una campaña repleta de choques con la prensa. Se negó a participar de un debate porque la moderadora, la periodista Megyn Kelly, una vez le hizo una pregunta que no le gustó. Ha prohibido el ingreso de periodistas de Politico y el New York Times a algunos eventos, e incluso expulsó al presentador de Univisión, Jorge Ramos, de una conferencia de prensa. En un acto reciente Trump dijo que no hay que creer a la prensa, esos “estúpidos y flechados mentirosos, que se empeñan en mostrar las cosas malas”, dijo Trump. Y agregó que “además tienen un vocabulario muy pobre”. Por poco no los acusó de periodismo chatarra.

A tal punto llegó la cosa, que la organización Reporteros Sin Fronteras advirtió que Trump ha llevado su choque con la prensa a un nivel peligroso para la libertad de expresión, agregando que “en una democracia real, no son los políticos los que dictan qué es y que no es el buen periodismo”.

Alguien poco informado podrá sorprenderse de la semejanza entre el discurso de Trump y el de la cúpula del FA sobre la prensa. Incluso alguien podrá decir que ambas posturas son para tomar para la risa. Pero, como se decía en el arranque, de la risa al llanto, hay un paso muy corto.

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