Martín Aguirre
Martín Aguirre

Un país Etchepare

Grande fue la conmoción que generó el escándalo en torno a la Colonia Etchepare.

Grande fue la conmoción que generó el escándalo en torno a la Colonia Etchepare.

Escándalo justificado ante lo terrible de las noticias de allí surgidas, aunque las mismas tuvieran poco de sorprendentes para cualquiera que siga medianamente de cerca la agenda noticiosa nacional. Ahora, viendo a los noteros de TV día tras día posando frente al cartel que reza “Colonia de Alienados”, y leyendo los titulares de los diarios de los días siguientes, es mucha la tentación de preguntarse de qué lado de la cerca estarían los alienados, y de cuál los “normales”.

Por ejemplo, ante la reacción de algunas autoridades de Salud Pública frente a los hechos. Uno de ellos montó en cólera por un titular de El País, atacó en las redes sociales al periodista encargado de seguir el tema, y llamó a los canales de TV para desmentir la noticia aportada por él mismo de que le sería imposible cumplir con el fallo que lo obligaba a retirar a los enfermos del lugar. Curiosamente, ni el jerarca, ni los noteros de TV, tuvieron inquietud por preguntarse si los titulares de un diario debían justificar tanta indignación cuando dos días antes un paciente a su cuidado había sido comido por un perro.

No debieron transcurrir muchos días para que otro episodio volviera a plantear la cuestión del inicio.

Resulta que la Unasev, creada para enfrentar la epidemia de accidentes de tránsito que desangra al país, anunció con tono de éxito que el registro de muertos en rutas y calles durante Semana Santa era el menor en tres años. Aplausos generales, y complacientes minutos en los informativos. Sin embargo una nota en El País ponía en cuestión la alegría. Resulta que el festejo era en base a cifras preliminares, que suelen ser luego aumentadas cuando muchos heridos tienen la pésima costumbre de morirse algunos días después. Cosa que ya había ocurrido el año anterior, y que había dejado un anuncio similar en un gran fiasco.

No contentos con esto, resulta que los datos de ese informe preliminar no tomaban en cuenta los accidentes ocurridos el viernes previo a esa semana, como todo el mundo sabe, fecha de máxima circulación, y donde habían ocurrido nada menos que 5 accidentes fatales. La Unasev debió luego salir a rectificar, aunque eso tuvo escasa repercusión mediática. Eso sí, ahora todos tenemos botiquín de primeros auxilios en los autos.

No pasaron tres días que las noticias volvieron a poner en duda la sanidad mental general, cuando el indignante asesinato de un taxista, en lo que se informa habría sido un intento de rapiña, gatilló un automático paro que dejó a medio país a pie por sorpresa. De más está decir que las caras de las miles de personas que hacían cola en las paradas esperando un improbable ómnibus no mostraban mucha solidaridad con el obrero asesinado.

Algo que no parecía desvelar a los dirigentes gremiales del taxi, que por enésima vez reivindicaron su postura ante este tipo de hecho. Nadie se preguntó si esa medida ha servido para reducir la cifra de ataques a taxistas, para aumentar la preocupación de la Policía, o para algo que no sea perjudicar a miles de personas honestas. Ni qué hablar de si pone en duda la utilidad de esas mamparas criminales que son obligatorias en Montevideo, pero no se usan en ninguna ciudad con cifras de delitos más altas.

Pero más allá de estas “grageas” de alienación, otros hechos menos dramáticos muestran lo cuestionable de la segregación en la Etchepare. Por ejemplo que un lugar emblemático de la vida nocturna montevideana, ubicado en uno de los pocos sitios donde puede haber fiesta sin afectar a vecinos, sea sacrificado por un gobierno departamental del Partido Comunista para abrir un mega McDonald’s.

O que ante la crisis de suministro de agua en el principal polo turístico del país, la entidad pública que la administra anuncie como gran hito una rebaja del 5% en las tarifas, que el mismísimo presidente los haga rectificar y dar 100% de beneficio, y que eso moleste al director del ente (de su mismo partido) que sale a acusarlo de hacer politiquería. O que en un país envejecido, pero que se jacta de sus avances tecnológicos, la Corte Electoral salga a intimar con que se va a exigir a miles de jubilados y pensionistas la constancia en papel de que votaron hace cinco meses o no podrán recibir sus magros haberes. “El que no presenta, no cobra”, dijo severo un ministro de la Corte. Una Corte que, vale recordar, no puede controlar que se cumpla ni con la veda publicitaria electoral.

No se sabe si los pacientes de la Etchepare reciben los diarios. Es probable que no, ya que algún jerarca dijo por estos días temer que las noticias sobre su posible traslado (no la de que la gente prefiere defender a los perros que los atacan) los podían “estresar”. Pero si los llegaran a leer, no sería raro que se preguntaran: ¿“Por qué nosotros estamos acá y todos ellos están afuera?”.

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