Martín Aguirre
Martín Aguirre

Una mochila pesada

La política es compleja. Depende muchas veces de aspectos impredecibles, que pueden poner de cabeza la más fina estrategia. Otras, son los factores humanos los que dificultan lograr objetivos.

Todo esto y mucho más, parece estar padeciendo el Frente Amplio que, desde que perdió la elección, tiene más dificultades para pararse en la cancha que los equipos de Tabárez. Y la reacción de sus dirigentes ante esta adversidad compite en simpatía con el “Maestro”.

Por un lado, está el tema de la pandemia. Desde el día uno la estrategia del Frente, tal vez marcada por el vinagre de la elección recién perdida, fue de confrontación dura con el gobierno. Todo lo que se hacía estaba mal, y había que encerrar a la gente. Una estrategia poco seductora para la gente común, pero con un agravante: ubicaba al Frente Amplio en la fea situación de que para tener razón, al país le tenía que ir mal. Pero al país le fue notablemente bien durante un año. Y cuando las cosas se empezaron a poner feas, lejos de haber tomado nota de lo previo, redoblaron la apuesta.

Gritos, amenazas, denuncias. Pero el gobierno aguantó, la gente lo apoyó (las encuestas son claras), y ahora que la vacunación estaría haciendo efecto, la coalición opositora parece quedar, de nuevo, en offside.

El episodio más expresivo que muestra lo malo de la estrategia del FA es la interpelación a los ministros Salinas y Arbeleche. Hacerla en el pico de la pandemia era feo e impopular. Pero ahora probablemente tenga lugar cuando los números están mejorando de manera notoria. Y solo servirá como plataforma para dejar en evidencia ante una sociedad que apoya en más de un 60% el enfoque de “libertad responsable”, quién estuvo de cada lado del mostrador. Sin mencionar que enfrentar a Salinas, alguien que inesperadamente ocupa un lugar idealizado en el imaginario colectivo de muchos uruguayos (la madre de este autor incluida), contra... ¡Olesker! ¿Qué piensa el amable lector que puede pasar?

Si poner a Olesker como mascarón de proa de la estrategia contra el gobierno no fuera ya una mala decisión, un episodio de los días pasados deja en evidencia el problema interno que tiene el FA en materia de liderazgos. Hablamos de cuando, en medio de la polémica por la regasificadora, los 200 millones enterrados, los frutos secos y los masajes, ocurre que Raúl Sendic vuelve a la cancha mediática. A ver, es cruel sostener que una persona deba estar sometida al ostracismo político de por vida. Pero que alguien a quien tantos uruguayos culpan de la debacle de Ancap salga a defender lo de la regasificadora, en este momento...

Igual, pasó algo peor. Porque a las pocas horas salió Astori a “matarlo”, dejando en claro que su antipatía mutua está por encima de cualquier cálculo estratégico.

¿Qué necesidad tenía Astori de salir de su venerable silencio en este momento a decir que la regasificadora fue una macana? Es más... ¿Para qué sale Astori? Si fuera para apoyar a algún líder o nuevo sector más socialdemócrata en un FA cada día más volcado hacia el ala de los “Andrades”, “Pachasánchez”, “Civilas”, todavía. Pero nada de eso, ya que pese a su histórica relevancia, no ha dejado nada armado como para continuar su legado. ¿Quiere ser candidato a los 81 años?

Por último, está el tema de la Ley de Urgencia. A ver... como con la estrategia “antipandemia”, los números son claros en que los sindicatos, y en especial la cúpula del Pit, tienen mala imagen pública, salvo en los nichos de comité que ya son voto cautivo del FA. Está claro, y también lo muestran todas las encuestas, que a la gente no le importa un pito la “LUC”. Y parece bastante obvio, salvo para algunos periodistas, que ese tono triunfalista a lo JR Carrasco que usan los que juntan firmas no convence mucho a nadie. Hace un mes les faltaban casi 200 mil, y con toda la parafernalia del paro general (otra idea sin duda seductora para el voto de centro), los dirigentes del Pit dijeron haber conseguido 25 mil. Está bravo.

Bueno, el FA no solo se pega a esa estrategia sindical de aspecto ruinoso, sino que saca del armario a un defenestrado Rafael Michelini para que en un ataque de locura revolucionaria en la TV grite “¡les vamos a tirar abajo la LUC!”. Muy cerebral y planificado todo. Falta que Javier Miranda presente un libro sobre los refugiados sirios, o que Daniel Martínez vuelva a contar de sus recorridas en ollas populares. (Noticia de último momento: Valeria Gil nos cuenta hoy que Martínez efectivamente volvió a las andadas. Creadores de stickers de WhatsApp, de fiesta).

Uno se imagina que este panorama debe estar provocando úlceras en los entornos de Carolina Cosse y Yamandú Orsi, que hacen malabarismos para despegarse de esta mochila pesada, y buscan empujar estrategias personales de cara al 2024 lo más diferentes posible de lo que está haciendo su partido. Y debe generar sonrisas y palmeos de espalda en el piso 11 de la Torre Ejecutiva.

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