Martín Aguirre
Martín Aguirre

Una mirada engañosa a las elecciones

La izquierda regional rinde examen”. El título, por cierto seductor, corresponde a un “cable” de una agencia noticiosa europea, donde se analizan las elecciones en Uruguay y Brasil, intercalando procesos electorales recientes como el boliviano, y otros a mediano plazo como el argentino o el peruano. La tesis sería que la ola de gobiernos “de izquierda”, que arrancó en América del Sur a partir de la llegada de Lula al poder hace ya más de 10 años, pone por estas fechas los resultados de su gestión a prueba en las urnas.

Esta visión “internacionalista” ha calado hondo en la política regional. Es llamativo escuchar por ejemplo a dirigentes políticos uruguayos sugerir que en la elección de hoy en Brasil se juega tanto o más la suerte del país que en las urnas locales. Sobre todo cuando la sociedad uruguaya suele exhibir un grado superlativo de desinterés ante los vaivenes de la política del vecino. Salvo cuando ocurren episodios como los de las recientes protestas previas al Mundial

La izquierda regional rinde examen”. El título, por cierto seductor, corresponde a un “cable” de una agencia noticiosa europea, donde se analizan las elecciones en Uruguay y Brasil, intercalando procesos electorales recientes como el boliviano, y otros a mediano plazo como el argentino o el peruano. La tesis sería que la ola de gobiernos “de izquierda”, que arrancó en América del Sur a partir de la llegada de Lula al poder hace ya más de 10 años, pone por estas fechas los resultados de su gestión a prueba en las urnas.

Esta visión “internacionalista” ha calado hondo en la política regional. Es llamativo escuchar por ejemplo a dirigentes políticos uruguayos sugerir que en la elección de hoy en Brasil se juega tanto o más la suerte del país que en las urnas locales. Sobre todo cuando la sociedad uruguaya suele exhibir un grado superlativo de desinterés ante los vaivenes de la política del vecino. Salvo cuando ocurren episodios como los de las recientes protestas previas al Mundial, donde como por arte de magia empezaron a brotar “brasilerólogos” hasta debajo de las piedras.

Incluso es curioso ver el grado de alineamiento que algunos políticos uruguayos empiezan a tener con fuerzas políticas de la región. Las palabras de Mujica manifestando públicamente su apoyo a Dilma en Brasil son expresivas en ese sentido. Con mayor sentido diplomático, se ha notado desde la oposición un ostensible deseo de ver una derrota del PT. Hay algo incómodo en esta forma de ver la política regional.

Primero, porque poco tienen que ver tanto a nivel ideológico como a nivel del sector social que representan, el PT de Brasil, el MAS de Evo Morales, con el Frente Amplio uruguayo o el kirchnerismo argentino. Por no hablar del peronismo en general. Se trata de partidos que responden a realidades históricas y sociales muy distintas, y que han gobernado con lógicas bien diferentes. Meter todo en la misma bolsa, podrá servir para traducir la realidad regional a los ojos de un lector francés o español, pero poco y nada aportan para un análisis sincero de nuestra coyuntura.

Segundo, porque en estos diez años esas fuerzas “de izquierda”, supuestamente afines, han tenido virulentas diferencias a la hora de gobernar e interactuar. Desde los soldados bolivianos invadiendo las refinerías de Petrobras, hasta el bloqueo de fronteras argentino a Uruguay, pasando por los choques entre Bolivia y Chile por el acceso al Pacífico, está claro que esa afinidad ideológica queda en el cajón cuando se defienden intereses nacionales.

Pero hay más. Ese alineamiento grosero tiene poco realismo en la política sudamericana. Y obliga a cosas insólitas, como a calificar “de derecha” a un partido como el de nada menos que Fernando Henrique Cardoso (paladín de la izquierda de los 70) o el de Alan García (que supo negarse a pagar la deuda externa y nacionalizó la banca), mientras que en el otro cuadro entraría gente como Ollanta Humala o Evo Morales, cuyas concepciones en lo social están en las antípodas de la trillada “agenda de derechos” que estarían impulsando los progresistas regionales.

Todo lo dicho no implica que las elecciones en Brasil o Argentina no sean trascendentes para Uruguay y para toda la región. Una región que tras una década de crecimiento fomentado por el impulso chino, parece estar entrando en una fase nueva y compleja. Que requiere, según todos los entendidos, algunos cambios de enfoque en su relación hacia adentro y, sobre todo, hacia afuera. Y para ello es casi más importante el perfil personal que le impriman sus nuevos gobernantes, sus afinidades humanas, que supuestas coincidencias ideológicas que a poco que se rasca, se ve que son tan frágiles como irreales.

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