Martín Aguirre
Martín Aguirre

Tuya, Milton...

El concepto es como para erizarle la espalda a un economista. Pero la verdad es que la economía de un país no debería ser tan distinta a la de un almacén.

Primero, usted no puede gastar más de lo que gana. O al menos, si hace eso por mucho tiempo, tiene que saber que tarde o temprano, la bomba le va a estallar. Y si durante 13 años usted vende más caramelos que nunca, y sigue gastando 4% más, no de lo que gana, sino de todo lo que tiene en el almacén, no espere aplausos. Ni que mucha gente quiera convertirlo en Presidente, por más que algunos "amigos" le festejen su grandeza el día que decide bajarse de su fantasiosa aspiración. Segundo, hay solo dos maneras de ganar más plata en su tienda. O le aumenta el margen que le hace a cada paquete de galletitas, o compra más paquetes para vender cada mes.

Lo primero, en este almacén llamado Uruguay, parece muy difícil. Salvo algunos operadores que viven fantaseando con que en el país existen enormes bolsones de riqueza escondidos de la DGI, la realidad es que son muy pocos quienes están ganando plata en el Uruguay de hoy. Y las pocas empresas que están con números positivos, lo hacen con unos márgenes mínimos y frágiles. Por no hablar de las personas. Hemos llegado al punto en que se quiere hacer sentir a cualquiera que gane más de 50 mil pesos como un privilegiado, cuando una familia tipo gasta 5 mil de luz. ¡De luz!

Todo esto busca llegar a lo segundo. A la parte que Uruguay, tanto almacén como país, necesita con urgencia. Que es tener más que vender, y con ello aumentar la torta de ingresos general.

Pasa que para poder tener eso, se necesita inversión. Y en un país donde la escala de costos e ingresos hace que pensar en tener ahorros internos para invertir sea una irrealidad, se depende de plata ajena. Y para ello es clave que usted le pueda dar garantías al que apuesta de que, por un lado va a poder tener márgenes de ganancia que justifiquen la inversión. Y por otro, de que su plata va a estar lo más segura posible.

En eso estábamos cuando nada menos que el presidente del "think tank" que asesora a la principal central sindical del país patea la pelota a la casa del vecino.

En una entrevista con el semanario Búsqueda, Milton Castellanos, usualmente conocido como uno de los dirigentes gremiales más razonables, dijo que "El sueño de todo empresario es que de las puertas para adentro de su empresa manda él solo. Que la empresa es una extensión de su casa. Pero la empresa es un bien social, no es solo un bien privado del patrón. Aunque se le da al patrón la propiedad de los bienes, no es solo eso. Tiene un fin social".

El planteo, así, descarnado, es lo que suelen decir en voz baja muchos gremialistas y políticos de formación marxista. Pero tiene varios problemas.

Primero, que choca directamente con la Constitución. Ese librito que no es otra cosa que las reglas de juego por las que acordamos guiarnos todos los uruguayos, no hace ninguna referencia a que exista algo llamado "bien social". Y según su artículo 32 "Nadie podrá ser privado de su derecho de propiedad sino en los casos de necesidad o utilidad públicas establecidos por una ley y recibiendo siempre una justa y previa compensación".

Ya sabemos que hay mucha gente que no le gusta algunas cosas de la Constitución. Pero si Castellanos o sus colegas quieren cambiarle algo, ella misma explicita los caminos que tienen que recorrer. Pretender cambiar las reglas de juego a su aire no solo es ilegítimo. Habla mal de su noción de moral y buena fe.

El segundo problema es que todos los experimentos históricos que buscaron poner el derecho de propiedad por debajo de otros derechos "sociales" han sido un desastre, y solo han generado miseria y violencia. Hablar de Venezuela ya resulta hasta aburrido, pero puede elegir el caso que más le guste. Hay cientos. Y ni uno que haya salido bien.

Pero, por último, hay un tema de inteligencia. Estamos en un momento del país donde necesitamos como nunca aumentar la "torta", las inversiones se han reducido al mínimo porque los márgenes de ganancia son un desastre, y porque nadie quiere arriesgar su platita en un país donde hay gente influyente que dicen que al otro día de invertirla, esa plata ya no es suya. Es un "bien social".

Por eso, quienes tienen algún capital lo ponen en instrumentos financieros, o se van a otro país. Por eso, la única inversión en serio que sobrevuela el país (UPM) exige garantías de que la "doctrina castellanos" no se acerque a su planta. Y, por eso, el gobierno, (¡de izquierda!), está dispuesto a darle lo que pide. Si el amable lector obtuviera mañana un dinero, ¿qué haría? ¿Lo pondría a producir en Uruguay? O lo más probable sería que se mandara a mudar y desde la escalera del vuelo a Paraguay le gritara al señor del Cuesta Duarte: "Tuya, Milton". "¡Manejate!".

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