Martín Aguirre
Martín Aguirre

El que manda es otro

No fue una entrevista más. La charla publicada ayer entre El País y el presidente José Mujica tiene un trasfondo particular. De arranque, fue la primera nota entre el presidente más entrevistado de la historia, con el principal medio escrito nacional.

No fue una entrevista más. La charla publicada ayer entre El País y el presidente José Mujica tiene un trasfondo particular. De arranque, fue la primera nota entre el presidente más entrevistado de la historia, con el principal medio escrito nacional.

¿La razón? Ciertos desencuentros a la ho-ra de pactar un intercambio a principios de su gestión, que hicieron que el diario considerara poco digno volver a la carga. Sobre todo ante la inflación de entrevistas que Mujica concedía, desde el New York Times, hasta una revista “villera” argentina.
Pero llegado el fin de su ciclo presidencial, y ante lo complaciente de la mayoría de sus interpelantes habituales, parecía importante dejar de lado viejos enconos, sentarse con el presidente, y preguntarle cosas centrales, que al parecer a otros no les parecían tanto.

La entrevista mostró a un Mujica en campaña, amable, centrado. Con ese tono entrador, razonable y cultivado, que tan bien sabe aplicar cuando necesita apelar a los sectores medios de la sociedad. Lástima que con demasiada frecuencia, lo alterna con arranques de ira, desplantes, y posturas ideológicas apolilladas, que tanto festeja la claque de los huérfanos del Muro de Berlín, pero que tanto da-ño hace a la convivencia en un país históricamente igualitario y equilibrado como Uruguay.

De todas formas, quedaron cosas en el tintero, o que fueron respondidas con las contradicciones típicas que han definido a Mujica como político. Por ejemplo, definirse como “libertario” pese a haber expandido el poder del estado de manera exponencial. Por ejemplo, decir que está “de vuelta de lo que pensaba hace 50 años”, pero reivindicar las diferencias de clase como eje de sus desvelos. Por ejemplo, hacer ostentación de su austeridad y criticar el consumismo, pero no explicar por qué cuando tuvo que manejar la billetera de todos, dejó al país con 3,5% de déficit tras 5 años de crecimiento. ¿Es tan distinto eso a lo que hace el ama de casa que abusa de la tarjeta de crédito, y que él tanto critica?

Pero hubo otro tramo a destacar. Al hablar de la prensa, y especialmente de El País, Mujica dice que esperó un mayor apoyo del diario al primer gobierno de Vázquez, y que se equivocó. Y que los medios en el fondo son todos empresas que dependen de sus avisadores, por lo cual todos tienen una condicionante inevitable a la hora de hacer sus coberturas.

En esto, Mujica se equivoca de palo a palo.

Primero, porque los medios, sobre todo los escritos, tienen una línea histórica que marca, y que muchas veces los obliga a ir en contra de sus intereses comerciales inmediatos. ¡Si habrá pasado más de una vez! Pero por otro, porque si bien los avisadores son importantes, ni el medio más servil a sus intereses logrará un peso en publicidad si no tiene lectores que lo consuman. Esos son los que mandan. A ellos se debe todo medio que pretenda sobrevivir.

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