Martín Aguirre
Martín Aguirre

La geopolítica y el curro

Las visiones conspirativas están de fiesta por estos días. Potenciadas por las posibilidades de internet y la era de la posverdad, hoy reviven teorías disparatadas como la de que la Tierra es plana, los iluminati, o los “antivacunas”.

Pero hay una que nunca dejó de tener fans en nuestra región, y es la que explica todos nuestros dramas por la codicia inagotable de EE.UU. ante nuestros recursos naturales.

Esta visión ha vuelto a mostrar tanto su vigor como su ridiculez con el episodio de Venezuela. Ante el fracaso del “Socialismo Siglo XXI”, y la crisis humanitaria que ha generado, las voces que siempre lo defendieron han encontrado el chivo expiatorio perfecto: la culpa de todo la tiene EE.UU., y la ambición por hundir sus garras tintas en sangre latinoamericana en el petróleo venezolano. Don Hughes Galeano sonríe desde el más allá.

Incluso el mismísimo canciller Nin Novoa se hizo eco de estas teorías, al afirmar en el Parlamento “¿Cuál es el interés americano? El petróleo, como en Irak.”

Los hechos, como se ha vuelto demasiado habitual últimamente, parecen darle la espalda a Nin, y a toda la pléyade de pretendidos sagaces que detrás de cada problema ven la oscura mano de algún interés “yanki”. Y le dicen a eso, con tono, sabio “geopolítica”.

Empecemos por el petróleo. A partir del boom del shale oil, en los últimos años EE.UU. ha pasado de ser un importador insaciable de petróleo, a convertirse en el principal productor mundial, superando a Arabia Saudita y a Rusia. Muchos en Washington bromean con que su país debería pedir para ingresar a la OPEP.

El otro mito, que Estados Unidos entró en Irak para quedarse con su petróleo.

Quien se tome un poquito el trabajo de leer podrá comprobar cuál era la verdadera idea (funesta, eso lo podemos compartir) detrás de esa invasión. La esbozaron a los cuatro vientos los ideólogos neoconservadores que en esa época estaban en boga, Donald Rumsfeld, pero sobre todo Richard Perle, un personaje no tan conocido por el gran público, pero figura clave en aquella decisión. Hace poco tuve la chance de conocer a un sobrino, y su vida personal es casi tan extraña como la pública. En una entrevista con PBS, Perle decía “si vamos a prevalecer sobre los terroristas, debemos llevar la guerra a sus países. Si peleamos en EE.UU., miles de americanos morirán”.

Es más, la realidad es que hoy, la mayor parte del petróleo iraquí está en manos de empresas chinas, más proclives a aceptar los riesgos de invertir en un país en guerra latente. Las americanas se han concentrado en el boom doméstico, y en Irak apenas tienen inversiones en la zona kurda.

Gal Luft, analista del Centro para Análisis de la Seguridad Global decía algo clave en una entrevista con la cadena McClatchy: “es un mito que la seguridad energética de EE.UU. depende de Medio Oriente. La seguridad energética tiene que ver con el costo, cualquiera que extraiga el petróleo colabora en bajar su precio y eso es bueno para EE.UU.”.

Lo que el canciller Nin y otras personalidades con su esquema mental no parecen entender, es que el mundo del siglo XXI ha cambiado radicalmente del que describía (mal) las Venas Abiertas de América Latina. Hoy los recursos naturales están lejos de ser la clave que define el éxito o el fracaso de un país. Por ejemplo, EE.UU. se viene llevando la principal riqueza venezolana desde hace años sin tirar un tiro.

Ricardo Hausmann, uno de los economistas más brillantes del mundo y que hoy es uno de los profesores clave en Harvard. Evelyn Miralles, ingeniera informática, pionera en materia de realidad virtual en la NASA. Leo Rafael Reif, ingeniero eléctrico y hoy director del Departamento de Ingeniería Eléctrica y Ciencias de la Computación en el MIT.

Cualquier de esos cerebros, expulsados por la inestabilidad y falta de apoyo en nuestra región, vale mucho más para un país hoy, que 20 pozos de petróleo.

¿Por qué EE.UU. se interesa en Venezuela? Claro que no es que Trump haya desarrollado de apuro un apego por la democracia. Pero le preocupa la ola migratoria si Venezuela implota del todo. Y tampoco le hace gracia que los chinos y los rusos tengan un empleado imprevisible como Maduro, en su patio trasero.

Hay varias explicaciones a por qué hay gente que sigue repitiendo esas tonterías. Pereza mental, falta de información, pero sobre todo la necesidad de encontrar un enemigo externo que justifique el derrumbe sistemático de las ideas propias. Y el fracaso de Venezuela es en verdad el fracaso del sistema de ideas que gobernó nuestra región por una década larga a partir de 1999, y que se dilapidó una era de bonanza económica como solo se ve una vez cada 100 años, en un festival de demagogia, corrupción, y resentimiento. Venezuela fue el caso más extremo, pero a poco que se mira por el barrio, los efectos se repiten, adaptados a la cultura e idiosincrasia de cada país.

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