Martín Aguirre
Martín Aguirre

El fuego y la información

La región amazónica está viviendo una temporada de incendios muy por encima de lo habitual. Un hecho lamentable, trágico, y que tiene el potencial de afectar de manera significativa la mayor reserva de selva tropical que queda en el planeta. Esto es un hecho. Punto.

Pero a partir del mismo se pueden hacer muchas lecturas y diagnósticos que van desde lo temerario hasta lo ridículo.

Bolivia y Brasil, los dos países más afectados por estos incendios, tienen gobiernos que ostentosamente han puesto los temas ambientales lejos de sus prioridades. Bolsonaro y Evo Morales, (y Mujica) con todas sus aparatosas diferencias ideológicas, profesan una similar visión del desarrollo económico, para la cual la agenda ambiental es cosa de nenes bien del primer mundo, que quieren mantener a la gente de estas regiones en una condición de pobreza semisalvaje. Un lugar donde venir a llenar su Instagram de colorido atraso, para después volver a su vida confortable y próspera, con la conciencia “limpita”, diría Larralde. ¿Sabe lo peor? Algo de razón tienen. Pero esa es para otro día.

La cuestión es que tanto Evo, como Jair han dictado normas, o dado discursos, que bien pueden haber estimulado a la gente de esa región, a meter más ganas que de costumbre, en la tradicionales quemadas, que buscan abrir selva y bosque a la explotación rural. ¿Hay evidencia concreta de que estos incendios hayan sido motivados por estos líderes? No. Pero Bolsonaro ha dicho muchas veces que hay que dejarse de embromar con tanta ecología, y Evo aprobó el 9 de julio un decreto para autorizar el “chaqueo”, quema de selva “controlada”, en Santa Cruz y Beni, las dos regiones hoy más afectadas por el fuego.

Hasta acá es lo que podemos saber, y especular, con niveles mínimos de realismo y seriedad. Pero en la era de las redes, del activismo de teclado, y de poblaciones urbanas cuyo principal vínculo con la naturaleza son las películas de Disney y los “all inclusive” tropicales, el realismo y la seriedad no son valores demasiado significativos.

Por ejemplo, durante los últimos días, las redes sociales han explotado de mensajes henchidos de emoción, donde al mismo tiempo estrellas de Hollywood, y habitantes del Cordón, expresan su furia, ante lo que sin lugar a ninguna duda ven como un atropello fascista (o comunista, depende la óptica), para arrasar el planeta.

No deja de conmover como esta visión espiritual de la vida une en comunión a Leo DiCaprio, que tras tuitear alguna foto de un animal sufriente, se sube a su yate incinerador de fuel oil para pasear con su última novia modelo, y al Jorge de Villa Española, que te tira la bandeja de plástico de la milanga en la calle, porque “para algo están los vagos esos de Adeom”.

Otra cosa une a Leo y al Jorge. Para ambos, todo esto pasa con la complicidad de “los medios”, que están tapando esta tragedia genocida en su obsecuente complicidad con los poderosos del mundo. Una especie de complot global, de esos que gusta denunciar el doctor Salle semana por medio. Uno se los imagina, a los dueños del The New York Times y El Deber de Santa Cruz, cruzando frenéticas llamadas, y coordinando cómo taparle la boca a sus periodistas, cosa que la gente no se entere de esta tragedia. Vaya uno a saber con qué perverso interés de fondo.

Como Leo y el Jorge descreen de los diarios y cadenas de TV, y pasan su tiempo en las redes sociales, también comparten otro aspecto, que es el de propagar información trucha. En muchos casos ilustrando un incendio en el amazonas con imágenes de coníferas nórdicas, o mostrando el dolor de los animalitos del Mato Grosso con fotos de monos de la India. Y si usted, por deformación profesional, se los hace notar, solo confirma su complicidad con este genocidio. ¿Qué importa si son fotos truchas? ¡Lo que importa es concientizar a la gente!

La peor forma de manipulación de este tipo de eventos, es sin dudas la política. En Uruguay se armó una manifestación popular para canalizar tanta indignación social, que terminó en una marcha a la embajada de Brasil en repudio a Bolsonaro. Una discriminación al dolor de los hermanos bolivianos, que ha sido replicada hasta por reputados medios escritos de “izquierda”. ¿Vale menos la selva boliviana que la brasileña?

Algo parecido han hecho gobiernos europeos como Francia, que aprovechan este drama como excusa para decir que no firmarán un TLC con el Mercosur por este motivo altruista. Cuando se sabe hace meses que ese gobierno no quiere firmar por presión de su subsidiado lobby agropecuario. En el paroxismo de la contradicción, el mismo lobby al que muchos que aplauden a Macron acusan de causar el fuego en América del Sur. Si a esto sumamos a burócratas internacionales y oenegés, que viven de sembrar miedo y cosechar de la culpa citadina, y a políticos que changan con causas “blancas”, tenemos una mirada más completa de lo difícil que es separar el trigo de la paja, y saber de veras lo que está pasando en nuestro entorno.

Pero algunos siguen creyendo que la información es gratis.

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