Martín Aguirre
Martín Aguirre

Nos equivocamos

Hay una máxima que se suele usar en los diarios: con toda la información que se publica día a día, es imposible que de vez en cuando no se cometa un error. Sobre todo en una profesión como el periodismo que, para ser relevante, juega siempre al filo y usando datos que muchos preferirían no ver publicados. La única garantía que se puede dar es la buena fe, y la capacidad de asumir esos errores. Y es lo que esta nota pretende.

Hay una máxima que se suele usar en los diarios: con toda la información que se publica día a día, es imposible que de vez en cuando no se cometa un error. Sobre todo en una profesión como el periodismo que, para ser relevante, juega siempre al filo y usando datos que muchos preferirían no ver publicados. La única garantía que se puede dar es la buena fe, y la capacidad de asumir esos errores. Y es lo que esta nota pretende.

En la edición del domingo pasado se tituló “Se jubilan más uruguayos por invalidez que por edad”. Y el título estaba mal.

Lo que se buscaba era ilustrar sobre el salto en la cantidad de jubilaciones por invalidez que muestran los números del BPS en los últimos años, al punto que en 2010 se había pagado unos US$ 200 millones y en 2015 el monto subió a US$ 362 millones, cerca del doble. El error vino porque en la nota se confundió al señalar que “en los últimos 5 años, la entidad pagó 14.447 jubilaciones por invalidez mientras que en ese mismo período se abonaron 11.745 jubilaciones por vejez”.

La confusión fue tomar lo que era el número general de jubilaciones pagas por invalidez en el período, por las jubilaciones otorgadas. Un error grave, inexcusable, que se corrigió en la edición web de ese mismo día, y en el papel del día siguiente. Aunque, como debe ser, se guardó la explicación y las disculpas del caso, a la llegada de esta nueva edición dominical, que es la que tiene mayor circulación.

De nuevo, fue un error grave, comprensible pero inexcusable, y es de orden pedir las disculpas del caso a los lectores. Lectores que saben que en los 98 años de vida de este diario esas fallas son extremadamente raras, y por algo confían en El País por sobre ningún otro medio para informarse.

Ahora bien, después vino todo lo otro. Las reacciones furibundas, indignadas, casi histéricas, de varios jerarcas y dirigentes políticos, siempre prestos a ver conspiraciones, ataques personales y complots políticos detrás de cada información que no tire flores sobre su actuación pública.

Entre ellas, para variar, la más ostentosa fue la del ministro Murro, que después de llamar a propietarios, jerarcas y periodistas del diario (tal cual es su costumbre), se despachó en conferencia de prensa con un rosal de agravios y acusaciones.

En el caso del autor de este texto, la experiencia de estar del otro lado del teléfono con el hoy ministro, es de las más ingratas que le han tocado en suerte. En el trato personal es, de todas las figuras de todos los partidos que lo han bendecido con sus llamadas, el menos agradable. Siendo generoso.

Pero, además, hay un componente obsesivo en la reacción del ministro con cada cosa que se publica en El País. Si el tema es el conflicto en el gas, que no se le dio igual difusión a su cartera que a los empresarios. Si es sobre el déficit creciente en el BPS, es porque se busca afectar al organismo, si es alguna declaración suya que no salió como le gustaría, es que hay un periodista que le tiene tirria personal.

Para desmentir todo eso basta citar un ejemplo. Desde hace meses se publica información en este diario sobre el problema de los “cincuentones” con el régimen jubilatorio de AFAP. Es un tema serio, consumido con avidez por nuestros lectores, y por eso ha tenido cobertura destacada. Esto pese a que la línea editorial del diario siempre fue a favor del nuevo régimen, el cual tiene como todo, cosas muy buenas, y otras mejorables. De más está decir que a ninguna AFAP se le ocurrió nunca llamar a un dueño del diario o a un encargado comercial a quejarse por nada de lo publicado. Ni a denunciar que se trata de una campaña del diario en su contra.

Como ese se pueden citar decenas de ejemplos de información publicada por El País a diario que puede jugar en contra de las posturas defendidas desde su página de opinión, o afectar negativamente al partido con el cual está vinculado ideológicamente desde su fundación. Es que si algo hemos aprendido en este casi siglo de vida de El País es que a la hora de informar, hay que ser amplios y profesionales. Pero, sobre todo, que nadie está libre de cometer un error, y que en un diario cada edición es una revancha de lo que se pudo hacer mejor en la anterior.

Tal vez si algunos políticos tuvieran aunque sea una pizca de esa amplitud, el debate público sería bastante más constructivo.

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