Martín Aguirre
Martín Aguirre

Una duda razonable

La política uruguaya a menudo te deja rascando la cabeza. Es difícil entender esos saltos bruscos entre lo más rastrero, como las peleas en la interpelación a Muñoz, las condenas a Bordaberry, o el fogoneo a una guerrita de clases aldeana a raíz del tema seguridad, y lo más sublime, como la solidaridad unánime ante la situación de Jorge Batlle. Incluso de parte del ex presidente Mujica, con quien ha tenido choques furibundos.

La política uruguaya a menudo te deja rascando la cabeza. Es difícil entender esos saltos bruscos entre lo más rastrero, como las peleas en la interpelación a Muñoz, las condenas a Bordaberry, o el fogoneo a una guerrita de clases aldeana a raíz del tema seguridad, y lo más sublime, como la solidaridad unánime ante la situación de Jorge Batlle. Incluso de parte del ex presidente Mujica, con quien ha tenido choques furibundos.

Pero en una semana plagada de estos picos y valles dialécticos, una noticia distinta alcanzó los titulares; la citación judicial a tres personas vinculadas a la empresa Aire Fresco para declarar sobre una denuncia por sus negocios de intermediación en el comercio con Venezuela entre 2011 y 2015.

La denuncia, presentada por el abogado Gustavo Salle, acusa a esta empresa de ser una especie de brazo comercial del MPP, que se habría beneficiado de los contactos en Venezuela de Mujica, para obtener ventajas económicas injustas intermediando en el comercio entre ambos países.

Salle es una figura extraña en el ecosistema político nacional. Penalista de respeto en los juzgados en causas “normales”, suele alternar posturas razonables y republicanas, con diatribas paranoides sobre conspiraciones globales encabezadas hoy por el sionismo, mañana por la masonería, y pasado por la directiva de Rampla Juniors. Además de una nostalgia a flor de piel por los buenos tiempos cuando el Muro de Berlín no dejaba dudas acerca de qué lado estaban los buenos y los malos.

Pero más allá de la personalidad del denunciante, hay aspectos de este tema que generan “dudas razonables” (para usar la terminología de las películas americanas) acerca de los nexos políticos en las relaciones con Venezuela.

Según se ha informado, los acuerdos se daban primero con negociaciones entre los países, que luego “bajaban” a nivel de empresas privadas. Con la salvedad de que como la economía venezolana se encuentra mayormente estatizada, para poder concretar negocios, y sobre todo para poder cobrar, se requiere buena dosis de “muñeca” política.

En ese marco es que aparece esta compañía que, apelando a su vínculo con jerarcas del régimen venezolano, se ofrecía a las empresas uruguayas para facilitar las ventas a ese país a cambio de una comisión. Según algunas versiones, esto le habría permitido tener ganancias de cerca de US$ 5 millones en el período mencionado.

Todo esto genera dudas.

Para empezar, resulta que los dos titulares de Aire Fresco, Carlos Decia y Omar Alaniz, son figuras muy cercanas al sector político del expresidente Mujica. Alaniz, según se dijo, supo ser integrante del Comité Central del MLN y Decia es administrador del Fondo Raúl Sendic, un plan de micropréstamos impulsado por el MPP. Además, en el entorno de la compañía suele figurar el diputado del MPP Daniel Placeres, alguien muy cercano a Mujica, que hasta vive en una chacra lindera.

La pregunta que cualquier hijo de vecino puede hacerse es ¿no tiene ninguna relación ese vinculo político de estas personas, con el éxito comercial de su emprendimiento de intermediación? La relación política con Mujica de esta gente, ¿no tiene nada que ver con su facilidad para concretar negocios con un país donde nada se concreta sin el beneplácito del gobierno? ¿No tenían estas personas una ventaja injusta respecto a cualquier otro uruguayo que quisiera ingresar a ese negocio debido a su influencia política? O incluso más allá, ¿no tiene nada que ver el apoyo incondicional de Mujica al régimen de Maduro en los foros internacionales, con esta situación de privilegio de sus compañeros empresarios?

También es llamativa la reacción de los principales dirigentes del MPP ante la demanda. El hoy vicepresidente Agazzi recordó con acierto que estas denuncias están hace tiempo sobre la mesa, y nunca se concretan. Pero agregó que Aire Fresco no tiene “ninguna vinculación” con el MPP, cosa que ante la información de público conocimiento resulta difícil de creer. Y Mujica ha dicho que es “una forma de ganarse la vida como cualquier otra”, algo parecido a lo que decía cuando se le cuestionaba el rol del personaje conocido como el Pato Celeste, quien también tuvo un enriquecimiento ostentoso gracias a una tarea también de intermediación con Venezuela, que él mismo reconoció pudo empezar gracias a una carta del propio Mujica. Cosa que en cualquier país del primer mundo sería indicio firme de tráfico de influencias.

Agazzi, Mujica, dos políticos experientes y con usual patente de “despiertos” ¿hubieran aceptado esas explicaciones si quienes estuvieran en un negocio similar fuera gente cercana a un dirigente de otro partido? ¿Es tan descabellado que surjan sospechas? La Justicia tiene ahora la palabra.

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