Martín Aguirre
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Última semana de campaña. Los candidatos hacen su esfuerzo final, los militantes elevan su ansiedad, los televidentes gastan los botones del control remoto salteando las tandas, los periodistas cuentan los minutos que faltan para volver a la “normalidad”. Más allá de lo que revelen las urnas el próximo domingo, esta campaña dejó algunas verdades difíciles de cuestionar. Incluso por los más fanáticos.

- La política sigue siendo una pasión nacional. Se ha hablado hasta el hartazgo que esta ha sido una campaña fría, que no movía a la gente, que no despertaba fervores. Sin embargo, basta recorrer los medios, las redes sociales, caminar por la calle, para comprobar la presencia implacable del debate político por todos lados. Se podrá decir que no es tan fuerte como otros años, pero todo el que haya estado en otro país en tiempos de elección puede dar fe que en pocos lugares se vive la política como aquí.

- Las campañas importan. ¿Quién hubiera dicho hace seis meses que Vázquez

Última semana de campaña. Los candidatos hacen su esfuerzo final, los militantes elevan su ansiedad, los televidentes gastan los botones del control remoto salteando las tandas, los periodistas cuentan los minutos que faltan para volver a la “normalidad”. Más allá de lo que revelen las urnas el próximo domingo, esta campaña dejó algunas verdades difíciles de cuestionar. Incluso por los más fanáticos.

- La política sigue siendo una pasión nacional. Se ha hablado hasta el hartazgo que esta ha sido una campaña fría, que no movía a la gente, que no despertaba fervores. Sin embargo, basta recorrer los medios, las redes sociales, caminar por la calle, para comprobar la presencia implacable del debate político por todos lados. Se podrá decir que no es tan fuerte como otros años, pero todo el que haya estado en otro país en tiempos de elección puede dar fe que en pocos lugares se vive la política como aquí.

- Las campañas importan. ¿Quién hubiera dicho hace seis meses que Vázquez podía perder las elecciones? ¿Quién hubiera imaginado que un diputado de 41 años podía amenazar el triunfo de un partido que deja un país con 7% de desempleo? Los fenómenos sociales y los ciclos políticos siguen siendo impredecibles y cambiantes, que dependen en mucho de quién logra tocar las teclas justas en el momento justo.

- Las encuestas son las reinas de la campaña. Será una herencia del estilo futbolístico nacional, pero los uruguayos son resultadistas al extremo. Todas las discusiones ideológicas, los planteos programáticos, quedan en segunda fila cuando alguno de los oráculos abre su caja mágica y da su periódico veredicto electoral. A veces da la sensación que es más importante “ganar”, que para qué se quiere ganar.

- Los márgenes de acción en política son cada vez más chicos. Los expertos hablan de “convergencia programática”. La gente en la calle sostiene que los políticos dicen todos lo mismo. Más allá de matices, es clara la similitud de planteos entre los candidatos con más chance de llegar al gobierno. Esto, si bien hace que los políticos se terminen enfrascando en debates absurdos con tal de diferenciarse, no deja de ser una muestra de realismo. ¿Tiene un país como Uruguay recetas demasiado distintas para intentar prosperar en un mundo como el de hoy?

- Mujica es la figura que más moviliza a los uruguayos. Mueve la aguja de la opinión pública como nada. Esto podría ser una ventaja para el oficialismo, pero también una pesadilla. ¿Hasta qué punto ha logrado despegarse Vázquez de la sombra de Mujica durante la campaña? ¿Hasta dónde su dificultad para consolidar su mayoría no se debe al peso de una personalidad que genera tanto amor como furia en partes equivalentes de la sociedad uruguaya?

- Las campañas desgastan hasta el límite. Si a una semana de las elecciones los ciudadanos y los periodistas se sienten como si hubieran corrido una maratón, ¿cómo estarán los candidatos, teniendo en cuenta que según todos los pronósticos tendremos todavía un mes más por delante hasta la segunda vuelta? Parece que quien tenga más poder de resistencia tendrá una ventaja inestimable a la hora de colgarse la banda presidencial.

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