Martín Aguirre
Martín Aguirre

Dañino y no funciona

¿Cómo funcionan las democracias exitosas?

Alguien muy insidioso podría decir que alcanza con ver lo que hace Argentina, y correr a hacer exactamente lo contrario. Alguien más ambicioso diría que se necesita un esquema donde haya partidos fuertes que se alternen en el poder, con épocas con mayor énfasis en lo individual, y otras en lo colectivo, cada uno construyendo sobre previo, en base al respeto del rol de cada uno. Y, también, una prensa que trabaje libremente y ponga en agenda los temas álgidos y a veces impo- pulares, que quien vive de conseguir votos puede preferir obviar.

Si compartimos estas definiciones, las principales noticias ocurridas esta semana son como para sacarle el sueño a cualquiera.

Para empezar, por el tema de nuestro vecinos. Si en algo fue inteligente el Frente Amplio de Vázquez, Astori, Mujica, fue en mantener una distancia saludable y una visión crítica del proceso kirchnerista argentino. Tal vez esto fuera motivado por el masivo rechazo que generaba entre los uruguayos la dupla “K”, tras Botnia.

Sin embargo, esta semana mostró a una dirigencia frentista absolutamente embelesada con el regreso del kirchnerismo. Se dirá, del otro lado se festejó a Macri en algún momento. Es verdad, y fue un error. Aunque fue menos masivo, y justificado en parte por el alivio de haberse sacado de encima a unos señores que aplicaron las políticas más antiuruguayas desde los tiempos del canciller Zeballos. Aquel que decía que cuando ponías un pie en la Playa Ramírez, estabas en aguas argentinas.

Entrando en la parte de la alternancia, el respeto mutuo, y el compartir que en una democracia nadie tiene la receta perfecta para el progreso, esta semana dejó un gusto todavía más amargo. La pregunta que nos hacíamos aquí hace siete días, sobre cuál sería la postura del Frente Amplio tras su desalojo del poder, se ha venido respondiendo de la peor manera posible.

Por un lado se ha visto una profundización del encono y el despecho de buena parte de la dirigencia (todavía) oficialista. “Nunca se sabe con esta gente”, dijo nada menos que el presidente del FA, Javier Miranda, con su acostumbrada exhibición de luces tenues, a la vez que llamó a “resistir”. Algo parecido dijo Óscar Andrade, que amenazó con una “resistencia social muy fuerte”, si el nuevo gobierno intenta reformas de fondo. Pero... ¿no fue para eso que la gente votó un cambio de gobierno?

Por otro, han arreciado los ataques e insultos contra la nueva administración, con un tono que deja poco margen para el diálo-go. Desde lo anecdótico, co- mo pueden ser las salidas de artistas que hicieron campaña por el FA atacando a Lacalle Pou, has- ta una catarata de denuncias contra cualquier cosa de Cabildo Abierto. Muchachos... casi toda esa gente votaba al FA hasta hace 15 minutos.

Sobre los artistas, para alguien con 20 años de escuchar rap fanáticamente, resulta un enigma que para algunos cultores locales del género, se pueda ser careta y buchón y seguir escuchando a Biggie o a Kendrik. O capaz que ni sa-ben quiénes son y eso explica todo.

Y el último ítem necesario para una democracia exitosa, tampoco ha dado buenas señales de vida esta semana. La forma histérica, mezquina, y miope con que dirigentes muy destacados del oficialismo han salido a atacar a la prensa, y en especial a El País, revela un déficit alarmante en cuanto a entender el rol de los medios. Un déficit casi más peligroso que el que dejan en el presupuesto nacional.

Este diario publicó un informe que contaba que varios de los médicos cubanos que vinieron a operar cataratas en Uruguay decidieron desertar (vaya uno a saber por qué), y cuando quisieron revalidar sus títulos, todos perdieron el examen. La noticia, de indudable interés informativo, era esa y nada más.

Pues demostrando escasa comprensión lectora o mucha mala fe, se hizo todo tipo de lecturas conspiranoicas al respecto. Mónica Xavier nos acusó de hacer “operaciones de prensa”, el referente en salud de Daniel Martínez en la campaña, Fernández Galeano, dijo que fue una “tapa infame”, que teníamos una estrategia de “acoso y derribo”, y hasta nos ilustró sobre lo que realmente deberíamos investigar. El número dos de la OPP, Pedro Apezteguía compartió la nota de El País acompañada de la palabra “corruptos”. Algo ante lo cual como exprofesor de Marco Legal de la Comunicación, pero sobre todo como exvecino, le recomendaría revisar la definición de “difamación” en el código penal.

Ahora parecería, según estas visiones, que la UdelaR (URSSdelar le decían en mis tiempos) es un agente del imperialismo. Y ante el argumento de que los cubanos hicieron mucho bien... ¿desde cuándo el fin justifica los medios en una democracia que se respete?

Toda esta iracundia, este sembrar polarización y miedo, son golpes al sistema democrático. Pero además son una pésima estrategia. Salvando las distancias entre ambos países, es parecido a lo que hizo el laborista Jeremy Corbyn en Gran Bretaña. Le fue bárbaro.

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