Martín Aguirre
Martín Aguirre

Se complicó la renovación

La intención de que estas columnas veraniegas sirvieran para analizar algunos temas de fondo, quedó por el camino.

Es que las noticias de esta semana hacen imposible mirar para otro lado. Hablamos de la decisión de Daniel Martínez de volver a competir por la intendencia de Montevideo. Una decisión que de concretarse, y todo parece apuntar en ese sentido, significa un sacudón tremendo a los equilibrios y reacomodos que venía esbozando el Frente Amplio.

Empecemos por el principio. Las elecciones del año pasado mostraron dos cosas centrales: que el Frente Amplio sigue siendo la mayor fuerza política del país, y que debe encarar una renovación de liderazgos impostergable.

En cuanto a esto último, ya notorio para cualquiera que tenga un calendario, las elecciones iban a ser determinantes para ver qué camino llevaría la misma.

Se veían dos posibilidades: una que implicaba un salto generacional a la gente que hoy tiene 40 o 50 años, con nombres como Bergara, Andrade, Ferreri, Álvaro García o Yamandú Orsi. Y que en cierta forma sería tutelada con agrado por los viejos líderes como Vázquez y Mujica, para que ese nuevo Frente mantuviera equilibrios entre fuerzas más marxistas y otras más socialdemócratas.

La otra era Daniel Martínez. Martínez es un poco mayor que estas figuras nombradas, no cuenta con la simpatía de los líderes históricos (nunca quedó muy claro por qué), su proyecto siempre pareció más personal que colectivo y a lo largo de su carrera nunca se mostró obligado a respetar los equilibrios internos del FA.

Cuando asumió en la IMM dejó afuera del gabinete al MPP, en la campaña impuso una vice de su gusto sin aceptar sugerencias de nadie, y hasta llegó a decir que el programa eran recomendaciones, pero que el candidato hacía lo que quería.

De más está decir que buena parte de la dirigencia de la coalición no lo quiso nunca a Martínez, y su suceso político parece tener que ver más con una imagen que levanta poco rechazo en la generalidad de la gente (a diferencia de otros), y a un perfil de orejano victimizado por la estructura, cuando se le bajó la candidatura previa a la IMM para poner a Ana Olivera.

La elección de octubre pareció sellar su muerte política. La pésima votación del FA, lo mal que se manejó la campaña, y la pobre performance en debates y actos, dejaban la sensación de que apenas terminara el ciclo electoral, sería delicadamente sacado de escena, y el Frente se abocaría a una renovación profunda. Ni siquiera la sorpresiva remontada de noviembre pareció ser suficiente para salvarlo, ya que su festejo alocado, y su falta de cintura al no reconocer el resultado, le sumaron rencores y enojos.

Pero el tipo no se da por vencido. Y en eso lo ayuda cierta angurria de los sectores más a la izquierda de la coalición, que se aprovecharon los huecos para ocupar más espacios de los que merecerían por los votos, imponiendo entre otras cosas a la figura de Cosse en Montevideo.

No queda clara la jugada del MPP de impulsar a alguien como Alvaro Villar, de gran perfil, pero nulo conocimiento público. ¿Forma elegante de abrirle paso a Cosse? ¿Síntoma de desnorteo de un cúpula que supera los 80?

De alguna forma, el proceso que en general vive el Frente Amplio, se reproduce a pequeña escala en el Partido Socialista. Donde los sectores más marxistas han tomado cuenta de los órganos de dirección, forzando la salida o el ostracismo de sus rivales internos. Al punto que la movida acelerada de su secretario general, el diputado Civila, para apoyar la candidatura de Cosse, generó gran división.

Y fueron estos socialistas dolidos y avasallados los que le fueron a tocar la puerta a Martínez.

Ahora bien, el regreso del exintendente habilita todo tipo de especulaciones.

La primera, cómo va a hacer el Frente Amplio para gestionar una campaña interna, donde las dos figuras centrales no se pueden ni ver. Si en la interna pasada ya el vínculo no era bueno, después de todo lo que le hizo Martínez a Cosse después... Basta ver cómo se le inflaba la yugular a la exministra cuando le preguntaron por el exintendente hace días.

La segunda es si Martínez podrá derrotar a esta Cosse envalentonada y con fuerte apoyo en las bases. Si no lo hace, será un final bastante triste de su carrera política.

Pero si gana de nuevo la Intendencia, generará otro tipo de problema. Porque si dejamos de lado a Vázquez y a Mujica, no está claro quien sería hoy el principal referente del FA, sobre todo de cara a un vínculo formal con el nuevo gobierno “multicolor”. ¿Quien podría ignorar la relevancia de un Martínez sentado en el segundo cargo electivo más importante del país?

Tal vez todo esto tenga mucho de especulación, de “house of cards” criollo para enfermos de la política. Pero, al menos para este periodista, lo que suceda en la interna del FA en las próximas semanas, será clave para imaginarnos el panorama político nacional de los próximos 10 o 15 años.

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