Martín Aguirre
Martín Aguirre

Cinco hitos del año que comienza

El crimen de Lola, el robo comando al peaje, la vuelta de Calloia, y hasta el anuncio de Dilma Rousseff de un ajuste fiscal. Cualquiera de estas noticias merecería un encuadre en otro momento del año. Sobre todo lo del peaje, algo nunca visto en el país, y en tiempos donde el ministro Bonomi insiste con que los medios magnifican los delitos, vaya uno a saber con qué aviesa intención. Es claro, si hay algo malévolo en este Uruguay puro, solidario y fraterno, son los medios de prensa.

Pero cuando aún resuenan los choques de copas de inicio de año, tal vez lo más apropiado sea marcar 5 hitos que nos depara este flamante 2015.

El más notorio lo tendremos en menos de dos meses, y será la llegada de Tabaré Vázquez al exclusivo club de quienes ocuparon la Presidencia del país en dos ocasiones. Es además el tercer período consecutivo del Frente Amplio en el poder, algo que no se ve hace más de medio siglo. Vázquez asume marcado por dos desafíos complejos: por un lado una

El crimen de Lola, el robo comando al peaje, la vuelta de Calloia, y hasta el anuncio de Dilma Rousseff de un ajuste fiscal. Cualquiera de estas noticias merecería un encuadre en otro momento del año. Sobre todo lo del peaje, algo nunca visto en el país, y en tiempos donde el ministro Bonomi insiste con que los medios magnifican los delitos, vaya uno a saber con qué aviesa intención. Es claro, si hay algo malévolo en este Uruguay puro, solidario y fraterno, son los medios de prensa.

Pero cuando aún resuenan los choques de copas de inicio de año, tal vez lo más apropiado sea marcar 5 hitos que nos depara este flamante 2015.

El más notorio lo tendremos en menos de dos meses, y será la llegada de Tabaré Vázquez al exclusivo club de quienes ocuparon la Presidencia del país en dos ocasiones. Es además el tercer período consecutivo del Frente Amplio en el poder, algo que no se ve hace más de medio siglo. Vázquez asume marcado por dos desafíos complejos: por un lado una interna difícil, con un sector electoralmente muy potente como el MPP, dispuesto a no ser mero testigo de otro pujo socialdemócrata. Y por otro, una coyuntura externa que cada nuevo indicador muestra que estará lejos de la alegría y los “espacios” presupuestales de la última década. Las primeras señales de Vázquez dan la idea de que no se dejará marcar por los pesos sectoriales, lo cual augura tiempos agitados en el campo político.

A poco que pasen los fastos del 1 de marzo, el nuevo mojón serán las elecciones municipales. Las mismas serán clave para definir si el oficialismo confirma su avance electoral en el interior y si con la múltiple candidatura logra aferrarse a su bastión capitalino. Pero para la oposición serán todavía más importantes. El resultado en varios departamentos puede significar, al menos para los blancos, la confirmación o el entierro de algunos liderazgos que han amagado a tener proyección nacional. Para los colorados será la prueba de si en medio de una crisis que amenaza ser terminal, logran ocupar algun espacio en el espectro político que aliente la esperanza de una recuperación.

Pero un tercer hito central de este año, muy vinculado con el anterior, será el comprobar cómo se procesa el liderazgo entre los nacionalistas. La elección interna pareció mostrar un posicionamiento claro de Lacalle Pou como jefe del partido y la oposición. Pero el decepcionante resultado de octubre y noviembre, sumado a la riesgosa apuesta personal a un candidato como Garcé en la capital, puede tener impacto serio en su proyecto de conducción.

Si Garcé pierde feo con el Frente, muchos recordarán a Gandini y su frustrada candidatura. Algo que si se llegara a combinar con una buena votación de los candidatos de Alianza en el interior del país, puede significar un cuestionamiento serio al liderazgo del último candidato presidencial. Que, además, ha anunciado que no ocupará cargos en los organismos partidarios. Ya lo dice la física: cuando hay un espacio vacío, éste siempre tiende a llenarse.

Un cuarto hito ineludible para el país en 2015 será sin duda las elecciones de octubre en Argentina. Unas elecciones que pueden significar el fin del proceso kirchnerista que tanto ha marcado las relaciones entre ambos países en la última década. Y no para bien, precisamente. Dentro de lo impredecible que suele ser la política del otro lado del río, un cambio drástico de gobierno podría implicar el descongelamiento de las relaciones y del comercio entre ambos países. Además de un cambio de 180 grados en el Mercosur que podría habilitar una apertura que a esta altura luce como de vida o muerte.

Pero el 2015 será también un año de obras. Desde el Antel Arena al puerto de aguas profundas. Desde Aratirí al estadio de Peñarol, todo está previsto para ser concretado en este año que comienza. Aunque algunas obras tengan más pinta de realidad que otras. Pero hay una que sí puede ser determinante para el país, y que si bien viene algo atrasada, todo hace pensar que puede comenzar a funcionar este año: la regasificadora de Sayago.

Si hay un cuello de botella que ha complicado el crecimiento del país en el último medio siglo es el tema de la energía. Con un costo de más de mil millones de dólares, esta planta promete por fin dar independencia y autonomía de vuelo al país en esa materia. Pero el proyecto enfrenta dos desafíos: por un lado encontrar mercados confiables donde colocar los excedentes y que la hagan económicamente viable. Los antecedentes regionales en la materia no regalan optimismo. Por otro, el derrumbe de los precios del petróleo, que pone en cuestión toda la estrategia de cambio de la matriz energética de estos años. El tiempo dirá si fue una estrategia provechosa e inteligente, u otra millonaria buena idea sepultada por la geopolítica del “oro negro”.

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