Martín Aguirre
Martín Aguirre

Una carrera mortal

Sí, lo sabemos. El título de esta columna parece el de una vieja película de Steven Seagal, o de Chuck Norris. Pero con las últimas cifras de coronavirus en el país, no hay una definición más acertada. Por un lado, los datos de muertes y contagios que rompen récords día tras día.

Y por otro, la vacunación que avanza de manera frenética. Incluso este periodista recibió el pasado jueves su primera dosis de Coronavac, por lo que si percibe una tendencia en estas líneas hacia el maoísmo, es el chip denunciado por Salle que empezó a trabajar.

Sobre esto, un comentario de rigor. Si bien El País no es el sabor de la semana para el ministro Salinas, hay que elogiar de pie la marcha de la vacunación. Al menos en el Antel Arena la cosa funciona de una manera tan amable y profesional, que si no fuera por el video omnipresente de Fito Páez (que le hizo amargos los 15 minutos pos- dosis a este autor), uno juraría estar en Helsinki o Seúl.

Pero la Semana Santa tuvo un clima menos amigable a nivel político. Empezó con un escándalo por la difusión de un video en el que un asesor de comunicación del Sindicato Médico, daba “tips” a sus afiliados, sobre cómo generar impacto, para forzar al gobierno a tomar medidas más severas.

Dos detalles sobre esto. Está claro que el asesor nunca quiso hacerse pasar por médico (como decía en el video), y acusarlo de eso es injusto. Más dudoso es si resulta ético que un asesor ponga sus conocimientos al servicio de una campaña que busca generar miedo, y forzar a un gobierno democrático a ceder ante las presiones de una corporación gremial. La última jugada en este sentido del SMU fue denunciar a su vez una campaña “contra los médicos”. Curioso. Gente que desde el día 1 optó por una estrategia de confrontación con un gobierno legítimo, le erró en sus planteos, ahora busca generar pánico en la sociedad mediante asesores de imagen, y... ¿son las víctimas? ¿Por qué un médico que quiere mostrar que trabaja en condiciones espantosas precisaría asesoramiento?

Si el gobierno hubiera cerrado el país en marzo del año pasado como pedía el SMU, ¿se hubieran hecho cargo los capitostes del SMU de las miles de personas que se quedaban sin trabajo? ¿Habrían pagado algún costo por su exigencia, con caceroleo incluido, que el tiempo demostró no era necesaria?

El gran contraste lo mostró un par de días después la entrevista en Telemundo 12 con Rafael Radi.

Cuando pase todo este infierno, la sociedad uruguaya va a tener que buscar alguna forma de reconocimiento para Radi, y el GACH en general. Porque en apenas 25 minutos, el experto dio una cátedra de comunicación, humana, certera, honesta. Pintó una realidad cruenta, sin alarmismo, sin tomar a la audiencia por débil mental. Habló del diálogo que mantienen con el gobierno, las recomendaciones que se han tomado, las que no, que entiende que cada uno tiene un rol diferente, y asume consecuencias distintas por lo que decide. Si después de escuchar a Radi, hay quien no cumple lo que hay que hacer, es que como sociedad nos merecemos lo que nos pase. Tan simple como eso.

Incluso hubo un punto que abordó Radi, que pasó algo desapercibido, pero es clave. En Chile, se han tomado medidas muy severas de control social, pero la movilidad se ha reducido menos que en Uruguay. Esto porque la gente no las acepta, y es imposible controlar militarmente que en vez de 4, se junten 8 personas en una casa. Si la sociedad no internaliza la gravedad del momento, ningún gobierno puede hacerlo por ellos.

Eso no quita que la situación actual en Uruguay no amerite cerrar algunas perillas más. De hecho, este autor fue testigo el viernes en la plaza de la esquina, donde todo el mundo usaba tapaboca, de la llegada de tres gorditos veinteañeros, sudando cancherismo y con ese bigotito a lo inspector Clouseau tan en boga, que se pusieron a compartir porro y mate. ¡Para matarlos!

La cuestión es que pasadas ya casi dos semanas de las últimas medidas del gobierno, medidas que pusieron al país en el tope del llamado “stringency index” global, que mide la severidad de la respuesta de cada país en materia de movilidad social (más que Chile, más que Francia, más que Gran Bretaña, más que Italia), los números no parecen estar bajando.

Si bien se habla de que la movilidad habría bajado un 15% desde los últimos anuncios del presidente Lacalle Pou, la tasa de ingreso de nuevos pacientes a CTI, a 30 o más por día, no es sostenible por ningún sistema. Y es posible que sea necesario hacer más al respecto.

La frase emblemática que dijo Rafael Radi, sin necesidad de asesores de comunicación, haría morir de envidia a cualquier publicista. “¡Hay que blindar abril!”. Se precisa al menos un mes para que el ritmo de vacunación empiece a impactar en el de contagios. Y así poder ganar esta carrera mortal, que tiene a todos los uruguayos cansados, estresados, irritables. Pero después de un año de sufrimiento, un mes más no parece tanto pedir.

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